Donald Trump y Barack Obama, en una imagen de archivo - REUTERS

El Congreso investigará si Obama pinchó el teléfono de Trump

El director del FBI lo desmiente y exige al Departento de Justicia que rechace públicamente la acusación

WashingtonActualizado:

El presidente estadounidense, Donald Trump, dio ayer un paso más en la acusación lanzada el día anterior contra su predecesor, Barack Obama, de haberle pinchado el teléfono de su rascacielos de Nueva York en la recta final de la campaña para las elecciones del pasado 8 de noviembre. A través de una nota de la oficina de su secretario de Prensa, Sean Spicer, pidió al Congreso indagar en la supuesta intervención de sus comunicaciones. De momento, el jefe del comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Devin Nunes, se comprometió ayer a incluir el asunto en la investigación ya abierta sobre las interferencias rusas en la campaña presidencial del pasado año.

La solicitud de Trump se basa, según el comunicado de Spicer, en «informes referidos a investigaciones con potenciales motivaciones políticas inmediatamente antes de la elección», que resultarían «muy inquietantes». El presidente requiere que, «como parte de su investigación sobre la actividad rusa, los comités de Inteligencia parlamentarios ejerzan su autoridad supervisora para determinar si se abusó en 2016 de los poderes de investigación del Ejecutivo». La nota añade que ni la Casa Blanca ni el presidente harán más comentarios.

Así, Trump pone en manos de los congresistas la patata caliente que él mismo sacó del horno el sábado en Twitter, sin dar detalles ni pruebas, con una serie de mensajes en los que aseguraba que Obama había «ordenado» pinchar su teléfono de la Torre Trump, su cuartel general.

Diversos medios apuntan como único origen para una acusación de tal calibre al portal de extrema derecha Breitbart, del que es fundador el estratega jefe de Trump, Steve Bannon, así como al comentarista radiofónico Mark Levin, que sugirió el uso por la administración de Obama de tácticas de «policía de estado» para controlar al equipo del entonces candidato.

Tanto un portavoz de Obama como el que fue su asesor de seguridad, Ben Rhodes, han negado el espionaje. Rhodes explicó en Twitter que ningún presidente puede ordenar un pinchazo. «Esas restricciones se pusieron en marcha para proteger a los ciudadanos de gente como tú», replicó a Trump.

A última hora del sábado, James B. Comey, director del FBI, solicitó al Departamento de Justicia que rechazase públicamente la afirmación del presidente Trump cuando dijo que Obama ordenó pinchar su teléfono. Comey aseguró que la afirmación es falsa y que el FBI en ningún momento ha quebrantado la ley.

Antiguos y actuales funcionarios, así como expertos en la materia, restan verosimilitud a la intervención de las comunicaciones del candidato presidencial. «Los pinchazos tanto de la Inteligencia extranjera como criminal tienen procesos de aprobación estrictos y farragosos que requieren no solo múltiples niveles de revisión interna del Departamento de Justicia, sino también la revisión y aprobación judiciales», señala el especialista en Derecho de Seguridad Nacional de la Universidad de Columbia Matthew Wasman a «The Washington Post», el diario que destapó el escándalo «Watergate», con el que Trump compara el presunto espionaje telefónico de Obama.

El «deflector en jefe»

La oposición ha cargado contra el presidente, convertido en el «deflector en jefe», en palabras con que la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, alude a su estrategia de desviar la atención de las revelaciones sobre los contactos de su entorno con los rusos. Precisamente, algunos medios estadounidenses se hacen eco del enfado que Trump habría mostrado el viernes en una reunión con miembros de su equipo por la inhibición la pasada semana del fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, en las investigaciones sobre las conexiones con Rusia, después de descubrirse sus dos encuentros con el embajador de ese país durante la campaña.

Tampoco entre los republicanos se ha recibido con entusiasmo la denuncia contra Obama y cunde el escepticismo por su falta de solidez. Marco Rubio, miembro del comité de Inteligencia del Senado y rival de Trump en las primarias, indicó a la NBC que los parlamentarios necesitan saber «exactamente de qué están hablando», ya que por ahora él carece de base para la investigación y no había escuchado tal acusación por parte de nadie.