El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump - REUTERS

Trump lleva su proteccionismo a la industria farmacéutica

Quiere gravar a las firmas extranjeras y que las medicinas nacionales sean baratas

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

La política proteccionista de Trump no va a dejar un solo rincón libre de su ofensiva. Tampoco el sector farmacéutico, cuya actuación en el mercado, en el que ya ha se ha gastado este año como lobby más de diez millones de dólares, no ha hecho sino disparar los precios de los medicamentos en Estados Unidos. Para hacer frente a una de las grandes preocupaciones de los norteamericanos, según las encuestas, el presidente-gestor ha desarrollado una nueva versión de su nacionalismo radical, en este caso el «American Patients First» (Primero los Pacientes Americanos). Un mensaje populista que combinó ayer con el principal de sus argumentos políticos desde que llegó a la presidencia: culpar a su antecesor. Para Trump, uno de los responsables de la subida de medicamentos ha sido el Obamacare. En términos de renta pér capita, el gasto supone hoy 1.020 dólares, frente a los 880 de 2011, primer año de aplicación del nuevo sistema de cobertura.

El plan de choque que presentó Trump, que precisará de aprobación del Congreso sólo de forma parcial, supone obligar a las compañías extranjeras a que paguen más por la investigación y el desarrollo que lidera Estados Unidos. Una medida que combinaría con otras de carácter doméstico, dirigidas a incentivar una mayor competencia en el mercado, a fin de financiar un abaratamiento de las medicinas.

El magnate, que desde su llegada al Despacho Oval ha intentado abordar con su mentalidad un sector complejo como el farmacéutico, parte de la realidad de que Estados Unidos paga mucho más por los medicamentos que los demás países. Una convicción victimista, aunque a veces cargada de razón, que ha transmitido el controvertido presidente a todos y cada uno de los ámbitos políticos y económicos desde el comienzo de su mandato.

En el caso del sector de las medicinas, la tesis es que las farmacéuticas extranjeras se aprovechan de la labor de investigación que llevan a cabo las compañías norteamericanas. El mercado libre y las fuertes normas de propiedad intelectual hacen de Estados Unidos, que produce el 57% de los medicamentos del mundo, el gran inversor en innovación. Como media, un grupo destina 2.600 millones en diez años a cada medicamento, cantidad que tiene un seguro retorno. En cambio, en los demás países, el sistema de control de precios reduce la inversión al mínimo.

Para conseguir que las farmacéuticas extranjeras paguen más, Trump está presionando mediante los acuerdos comerciales. El caso más actual es el de Canadá, país que está renegociando el TCLAN (Tratado de Libre Comercio para América del Norte) con Estados Unidos (y con México). La Administración norteamericana intenta que las farmacéuticas de su vecino del norte pasen por el aro mediante modificaciones en la reglamentación de las patentes de propiedad intelectual y desregulaciones en la política de precios. Algo que choca directamente con el sistema de control interno de cada país.

En su permanente cuestionamiento de las normas de las grandes organizaciones internacionales, Trump también va a forzar la máquina en el seno de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que EE.UU. aporta algo más del 25% del total de un presupuesto enriquecido por doscientos países. Un argumento de peso para hacer entrar en razón a los demás países, que en muchos casos han logrado, incluso, superar la obligatoriedad de comprar medicamentos estadounidenses mediante la creación de los llamados biosimilares.

Como concretó ayer, además de su pugna con las farmacéuticas extranjeras, Trump se dispone a reformar la reglamentación para las drogas genéricas, facilitando la aprobación de nuevas y acortando el tiempo en que pueden mantener su predominancia en el mercado. Otra de las medidas del plan de la Administración consiste en reestructurar el sistema de reembolso de los descuentos que abaratan las pólizas de seguros. Trump pretende que les llegue directamente a los pacientes. Algo que llevará a cabo en el Medicare, el sistema de protección de salud pública que cubre en Estados Unidos a más de 44 millones de mayores.