Donald Trump saluda al entrar en el avión presidencial, el Air Force One, desde la base de Andrews (Maryland)
Donald Trump saluda al entrar en el avión presidencial, el Air Force One, desde la base de Andrews (Maryland) - Reuters

Trump propaga vídeos de ultras británicos contra los musulmanes

Escándalo al retuitear el presidente a la líder del partido extremista «Britain First»

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Quienes pensaban que el compromiso matrimonial, anunciado esta semana, entre el Príncipe Enrique y una actriz californiana era la mayor novedad en las relaciones entre el Reino Unido y EE.UU., no contaban con Donald Trump y su cuenta de Twitter. El presidente de EE.UU. compartió ayer en la red social tres vídeos con contenido violento de la cuenta de una líder de un partido de extrema derecha del Reino Unido, lo que ha provocado una lluvia de críticas en ambos lados del Atlántico y la condena del Gobierno británico.

Los vídeos muestran a supuestos musulmanes -su contenido no ha sido verificado- cometiendo diferentes actos de violencia. En el primero, bajo el título «Inmigrante musulmán da una paliza a un chico holandés en muletas», aparece un adolescente que golpea a otro en un parque; el segundo muestra a un hombre de apariencia musulmana que destroza una estatua de la Virgen María; en el tercero aparece una turba, supuestamente en Egipto, que lanza a un joven desde una azotea y después le golpean.

Trump, que no comentó los vídeos, los retuiteó desde la cuenta de Jayda Fransen, líder de «Britain First» -imposible no acordarse de «America First», uno de los lemas electorales de Trump-, un partido británico reciente de extrema derecha, con un fuerte discurso racista y antiislámico.

Serie de tuits rebotados por Donald Trump en su cuenta de Twitter
Serie de tuits rebotados por Donald Trump en su cuenta de Twitter-ABC

La propagación de este tipo de contenido -sin verificar, proveniente de organizaciones radicales, con el objetivo de sembrar el odio contra la población musulmana- es sorprendente para un presidente de EE.UU., pero se enmarca dentro del discurso antiislámico y el tono racista que ha rodeado a Trump desde que se presentara como candidato a la presidencia en 2015. A finales de ese año propuso la creación de un registro de musulmanes y, tras la matanza de San Bernardino, defendió la prohibición de entrada a todo creyente del islam en el país. El año pasado, todavía durante la campaña electoral, aseguró que «el islam nos odia» y retuiteó mensajes de cuentas supremacistas y una cita de Mussolini.

Una vez en la Casa Blanca, ha peleado con los tribunales para instaurar un veto migratorio a diversos países musulmanes y causó indignación con su respuesta equívoca ante los disturbios raciales de Charlottesville (Virginia) este verano. Como presidente, sin embargo, Trump se había abstenido de propagar contenidos de este tipo en las redes sociales, donde es una de las voces más influyentes (En Twitter cuenta con 43 millones de seguidores).

Cómo accedió a los vídeos de Fransen, una agitadora con muy poco seguimiento incluso en el Reino Unido, es una incógnita. Todo apunta a que los vio en la cuenta de Twitter de Ann Coulter, una analista política conservadora de EE.UU. Si su decisión de compartirlos fue un impulso incontrolado o un cálculo político es difícil de saber. Trump vive una semana decisiva con la tramitación de la reforma fiscal, pieza central de su agenda reformista. Lo que está claro es que el movimiento provoca el mismo ciclo que sus otras salidas de tono populistas: consternación y crítica en los medios y en la clase política, refuerzo de su posición entre sus bases y vuelta a la casilla de salida hasta la próxima polémica.

Condena de May

La diferencia es que en esta ocasión su decisión salpica a un país aliado, el Reino Unido. Los políticos, organizaciones civiles y los analistas británicos almorzaban ayer con la consternación de ver al presidente de EE.UU. refrendar las posturas de «Britain First» y dar pábulo a Fransen, una activista condenada por ataques verbales a mujeres musulmanas y por su discurso de odio contra el islam. La condena llegó hasta el número diez de Downing Street: «Britain First trata de dividir nuestras comunidades con el uso de narrativas de odio que diseminan mentiras y crean tensión», aseguró un portavoz del Gobierno de Theresa May. «Lo que el presidente ha hecho está mal», añadió sobre sus mensajes en Twitter.

Otros vieron con buenos ojos la conducta de Trump: la propia Fransen, tan sorprendida como el resto por haber captado la atención del presidente de EE.UU.; representantes de la extrema derecha de EE.UU., como el exdirigente del Ku Klux Klan David Duke; o miembros de su Administración. Sarah Sanders, secretaria de Prensa, defendió la actuación de Trump: «La amenaza es real», dijo refiriéndose a los vídeos.