El presidente Donald Trump, hoy, en la sala Roosevelt, en la Casa Blanca
El presidente Donald Trump, hoy, en la sala Roosevelt, en la Casa Blanca - EFE

Trump anuncia a los palestinos que trasladará su embajada a Jerusalén

Aplaza la firma seis meses como arma de presión para forzar un proceso de paz

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Se acerca la hora de la verdad para el plan internacional más ambicioso de Donald Trump. El presidente «outsider» no quiere ser menos en el empeño que todos sus predecesores buscaron: resolver el conflicto de los conflictos, el eterno enfrentamiento entre israelíes y palestinos. La posibilidad de pasar a la historia también es una golosa recompensa para quien presume de bordar «el arte del acuerdo», frente a quienes desprecian su inexperiencia y total falta de diplomacia. Su política exterior, que afea ninguneando al secretario de Estado, Rex Tillerson, sienta un discutido precedente. Pero el jugador Trump va a apostar fuerte. Su intención de reconocer públicamente a Jerusalén como capital de Israel y de trasladar su embajada a la Ciudad Santa, que confirmó hoy personalmente a los principales actores de la región, además de un giro histórico a la neutral postura de EE.UU., va a constituir el punto de partida del pretendido proceso de paz que intenta liderar.

En medio de una creciente presión internacional para impedir lo que para muchos será lo contrario, una voladura de puentes con los palestinos, Trump confirmará mañana públicamente su decisión, Pero, a la vez, se ha guardado un as en la manga. El lunes, último día del plazo legal para que pudiera hacerse efectivo de forma inmediata, eludió firmar el traslado de la embajada a Jerusalén, según confirmaron a Reuters fuentes oficiales. En la misma línea, «The New York Times» informó de que Trump firmará la autorización para que Tel Aviv siga acogiendo la embajada al menos ese medio año, un periodo que utilizará como arma negociadora ante israelíes y palestinos.

Advertencia

Los principales interlocutores de la región se encargaron de desvelar hoy la intención final de Trump. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, anunció que su homólogo estadounidense le había anunciado que convertiría a Jerusalén en sede de su legación diplomática. Aunque no le concretó plazos. Poco después, el Rey Abdulá de Jordania informó de una llamada telefónica de Trump en términos similares. El día anterior, un contrariado presidente francés, Emmanuel Macron, había encabezado los intentos de frenar la declaración con una llamada a la Casa Blanca. Turquía, Egipto y otros países árabes advirtieron de las «graves consecuencias» de la decisión.

Donald Trump se convertirá mañana en el primer presidente norteamericano que respalda a Israel en la eterna pugna palestino-hebrea por la ciudad santa del cristianismo, el islam y el judaísmo. Pese a que el Congreso de EE.UU. aprobó en 1995 la llamada Ley de Embajada en Jerusalén, que decreta el traslado de la legación diplomática a la reconsiderada capital israelí, los sucesivos presidentes, demócratas y republicanos, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, eligieron mantenerla en Tel Aviv. Una decisión que el presidente debe renovar cada seis meses.

«Última oportunidad»

Es precisamente este punto uno de los que Trump considera clave para construir su plan de paz, que él mismo ha bautizado como «la última oportunidad», en conversaciones con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y con Abás. Según distintas fuentes, que sitúan a Jared Kushner, yerno del presidente, como muñidor del proyecto, el cálculo estriba en comprometer a Israel en una generosa negociación y evitar, al mismo tiempo, la ruptura de los palestinos. El embajador israelí en Washington, Ron Dermer, reconoció que la declaración de Trump «constituiría la piedra angular de una negociación de paz». Aunque también aseveró que «daría por sentado que en las conversaciones para la división del territorio en dos estados, Jerusalén sería la capital de Israel».

Aunque el Departamento de Estado cree que este es un peligroso juego, Kushner confía en que la reacción árabe será más contenida cuando escuchen que Trump no traslada aún a Jerusalén la embajada, en una decisión salomónica que evita los hechos consumados. El yerno de Trump también espera que su trabajada diplomacia con Arabia Saudí, el eje de todos sus movimientos, impida arruinar los intentos de retomar unas conversaciones que israelíes y palestinos enterraron en 2014.

Tillerson vs Kushner

Pero la iniciativa que lidera Kushner se ha convertido en el enésimo foco de conflicto entre la Casa Blanca y el secretario de Estado, quien acusa al asesor de «actuar por libre». La buena relación de Kushner con el príncipe heredero de Arabia, Mohamed bin Salman, a quien estaría ayudando a combatir al eterno enemigo iraní y a impulsar la purga interna en su régimen que allanaría su llegada al trono, despierta el recelo de Tillerson. El Departamento de Estado, temeroso de la airada reacción árabe, ya ha alertado a sus legaciones de posibles estallidos de violencia.

Kushner trabaja en un borrador de plan de paz que verá la luz en enero y que incluirá «diferentes y detallados puntos para una negociación» entre israelíes y palestinos. Un contenido que ha ido configurando después de repetidas visitas a Oriente Próximo, en las que ha sumado a los otros dos actores de la región considerados determinantes: Egipto y Jordania.

La disputa entre israelíes y palestinos se remonta a la guerra de 1948, resultado de la cual Israel logró el reconocimiento de estado propio. Pero Jerusalén quedó dividida: el oeste, en sus manos; el este, en las de Jordania. En 1967, al final de su victoriosa Guerra de los Seis Días, Israel ocupó el este. Ocupación que no ha recibido el apoyo de ningún país, y menos se ha visto correspondido con el traslado de embajada alguna. Las propias instituciones israelíes están situadas hoy en el oeste de la ciudad.