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Internacional

Trump pide a los países musulmanes más implicación en la lucha contra el terrorismo

El presidente de EE.UU. pide en Riad a los países musulmanes que expulsen a los «extremistas» y acusa a Irán de desestabilizar la región: «Todo lo que ocurre en Siria es culpa suya»

Donald Trump, presidente de Estados Unidos
Donald Trump, presidente de Estados Unidos - AFP

Para Donald Trump «comienza la era de la paz» en Próximo Oriente tras su visita de 48 horas a Arabia Saudí, en su primer viaje oficial como presidente de EE.UU., que hoy le lleva a Israel y Palestina. Tras firmar el sábado la mayor venta de armas de la historia de su país (110.000 millones de dólares en material bélico para Riad), se dirigió a representantes de unas 50 naciones musulmanas, entre ellos 37 jefes de Estado y de Gobierno, para ofrecer «una alianza» para combatir al terrorismo y pedirles que purguen sus países de «soldados del demonio».

En tono tranquilo, solicitó más implicación en la guerra contra el «islamismo extremista» y dijo que su prioridad es «la seguridad de todos nuestros ciudadanos. No estamos aquí para enseñar ni para decirles a otras personas cómo vivir, qué hacer o cómo practicar su fe». El discurso duró poco más de media hora y el grupo yihadista Daesh, como amenaza global, e Irán, como «financiador del terrorismo», fueron los protagonistas.

El Rey Salmán bin Abdulaziz dio la palabra a su invitado con una breve intervención centrada en el vecino iraní, al que calificó como «punta de lanza del terrorismo mundial». Detalló que Teherán «apoya a los grupos y los movimientos terroristas como Hizbolá, los hutíes (rebeldes chiíes de Yemen), Daesh, Al Qaida y otros».

Irán es la potencia chií de la región, frente a Arabia Saudí, que representa a los suníes, la secta mayoritaria del islam. Ambos países se enfrentan de forma indirecta en conflictos como los de Siria, Irak o Yemen. Al Qaida, los talibanes o Daesh son grupos radicales suníes y en batallas como la de Mosul los estadounidenses combaten junto a milicias iraquíes chiíes, algunas financiadas y entrenadas por Irán.

En Riad no hubo un «Salam aleikum» (en árabe, la paz esté con vosotros) como el de Barack Obama en El Cairo en 2009. Trump empezó con un pragmático «thank you» (gracias, en inglés) por la «cálida acogida» recibida y la extraordinaria inversión del reino saudí en material de defensa estadounidense.

El presidente, que llegaba precedido por declaraciones como «el islam nos odia» o su polémico cierre de las puertas de EE.UU. a ciudadanos de varios países musulmanes, quiso pasar página y se centró en la guerra contra el terror. Lamentó la «tragedia épica» que sufre la región, ya que «el 95% de las víctimas del terrorismo son ciudadanos de naciones de Próximo Oriente» y por ello exhortó a los líderes de la sala a «expulsar» a los terroristas de sus países y no permitir que se refugien en «santuarios».

Trump apuntó a Daesh, Al Qaida, Hizbolá y Hamás como ejemplos de grupos terroristas y, siguiendo con el discurso oficial saudí, responsabilizó a Irán de desestabilizar la región con acciones como su apoyo a «los indescriptibles crímenes» del presidente sirio, Bashar al Assad.

El mandatario estadounidense, que la semana pasada renovó el levantamiento de las sanciones vinculadas al programa atómico iraní, llamó a «trabajar para aislar» a la república islámica y «a sus fondos que financian el terrorismo». «Todo lo que ocurre en Irán es culpa suya», acusó.

De momento, el acuerdo nuclear se mantiene y esta llamada al aislamiento se produjo veinticuatro horas después de la reelección de Hasán Rohani como presidente de Irán, un moderado que defiende la apertura a Occidente y aspira a ciertas reformas internas para que los iraníes gocen de mayores libertades.

Malestar en Israel

Analistas saudíes como Jaber Al Siwat ven «un mensaje claro» en el discurso de Trump, ya que «puso el dedo en la herida de nuestra región, que es el terrorismo e Irán es bien conocido por ser el mayor patrocinador mundial del terror».

Riad será sede de un centro para combatir la financiación del terrorismo en el que participarán los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), uno de los efectos prácticos que dejó el viaje de Trump, además del supercontrato de venta de armas a Arabia Saudí.

Esta medida ha provocado malestar en otro aliado regional como Israel y su ministro de Energía, Yuval Steinitz, declaró que se trata de «un país hostil y tenemos que estar seguros de que mantenemos el nivel de la calidad militar israelí».

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