Trump y Macri, con sus esposas, durante la visita del presidente argentino a la Casa Blanca en marzo
Trump y Macri, con sus esposas, durante la visita del presidente argentino a la Casa Blanca en marzo - AFP
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Por qué Trump abraza a Argentina mientras rechaza a México

Macri reconduce una relación frustrada por la era Kirchner y hace de su país el aliado natural de EE.UU. en Suramérica


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Donald Trump ha tenido palabras muy poco agradables hacia México y ha tratado con frialdad al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto; sin embargo, el presidente estadounidense ha cubierto de amabilidades al máximo mandatario argentino, Mauricio Macri. «Mi buen amigo, de muchos, muchos años», dijo ante la prensa, durante la creciente visita de Macri a la Casa Blanca.

Al margen de que su relación viene de atrás, enmarcada en la actividad empresarial previamente desarrollada por el dirigente argentino, Trump debe de apreciar sobre todo que la balanza comercial entre Estados Unidos y Argentina beneficia al primero de los dos países, y por tanto no hay nada que revisar. En cambio, se propone renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ampara el intercambio comercial con México, porque los mexicanos venden más a EE.UU. que a la inversa.

Argentina importó en 2016 bienes y servicios de EE.UU. por valor de 7.025 millones de dólares, mientras que sus exportaciones a ese país fueron de 4.923 millones, cifras que arrojan un superávit estadounidense de 2.101 millones de dólares (en 2015 el monto fue el doble). La balanza es negativa para Argentina desde 2005.

Socio frente a Brasil

Pero no es solo una cuestión económica (ni migratoria, en lo referente al Muro), también es estratégica. El desarrollo de México está tan relacionado con EE.UU. que Washington no tiene que hacer gran esfuerzo para asegurarse de que su vecino del sur se mueve dentro de unos parámetros deseables. Sin embargo, a Argentina, en el otro extremo del continente, debe ganarla para que se alinee de acuerdo con sus intereses. Y es interés estratégico permanente de Washington que Argentina actúe como su socio de referencia en el marco de Suramérica.

Por supuesto que Colombia ha gozado en los últimos años de una relación preferencial, beneficiosa en ambas direcciones, pero eso ha sido más en un contexto centroamericano. En Suramérica como tal, Brasil aspira a ser el hegemón subcontinental, como único país que supuestamente puede intentar rivalizar con Estados Unidos, y Argentina es, por su parte, también el único país que puede contrarrestar a Brasil (y eso puede hacerse sin dejar de potenciar la colaboración mutua entre los dos países vecinos en Mercosur).

EE.UU. debe hacer todo lo que pueda para fortalecer a Argentina, el país que podría servir de contrapeso (de Brasil)»
George Friedman , La próxima década

Si bien la diplomacia de Henry Kissinger llevó a EE.UU. a mantener una «relación especial» con Brasil, dado que la dictadura militar era concebida como la mejor barrera frente a la extensión del comunismo, el fin de la Guerra Fría ha dejado de lado los parámetros ideológicos. Kissinger propició la búsqueda de un gran socio en cada región para fortalecer un cordón sanitario planetario frente a la URSS. Hoy, EE.UU. debe evitar que en cada región surja un hegemón que le reste influencia, y una manera de conseguirlo es elegir socios que contrapesen esas potencias regionales.

De acuerdo con el experto geopolítico George Friedman, EE.UU. debiera «pensar el mundo en términos de distintas regiones, y hacerlo creando equilibrios de poder junto con socios de coalición». La meta estratégica estadounidense es «prevenir que emerja cualquier otra potencia que pueda retarle en cualquier rincón del mundo». En La próxima década (2011), Friedman indica que en los próximos años «al tiempo que mantiene amistosas relaciones con Brasil, Estados Unidos debería también hacer todo lo que pueda para fortalecer Argentina, el país que podría servir de contrapeso».

Fondos para el fracking argentino

Durante los trece años de la era Kirchner, las relaciones entre EE.UU. y Argentina pasaron por momentos de dificultad. Terminado ese período, las relaciones se han recompuesto muy rápidamente. Poco después de que Macri asumiera la presidencia en diciembre de 2015, Barack Obama le visitó en Buenos Aires, y hace dos semanas Macri acudió a la Casa Blanca.

Macri es un referente en la región para la Casa Blanca»
Rafael Mathus , corresponsal de La Nación en Washington

Para Rafael Mathus, corresponsal en Washington del diario argentino La Nación, «la relación se ha fortalecido. Trump y Macri se conocen desde hace treinta años, un vínculo personal que Trump no tiene con otro mandatario extranjero». «Macri es un referente en la región para la Casa Blanca», afirma Mathus.

Durante su visita, Macri quiso insistir en que a partir de ahora, a diferencia de lo que ocurrió bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, Argentina afrontará los vencimientos de sus emisiones de deuda pública. «Hemos cambiado, los compromisos que asumamos los vamos a cumplir», declaró. El mensaje iba dirigido a los inversores, no solo a los de títulos soberanos, sino muy especialmente a los del sector petrolero.

Precisamente, Macri aprovechó el viaje a EE.UU. para pasar por Houston, donde buscó inversiones destinadas al fracking. Para desarrollar a fondo el empleo de esa técnica, que en Argentina genera una producción de petróleo no convencional que es la tercera mundial en volumen, solo por detrás de EE.UU. y Canadá, el país necesita la tecnología y el capital estadounidenses, como advirtió Macri. Eso es el principal beneficio que Argentina obtendría de cumplir con su papel de aliado natural de EE.UU. en Suramérica.