Tillerson durante su visita a Argentina, en la gira a varios países de la región
Tillerson durante su visita a Argentina, en la gira a varios países de la región - AFP
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Tillerson vuelve contra Maduro la ineficiencia petrolera de PDVSA

El secretario de Estado norteamericano sugiere que la industria del crudo de EE.UU. ya no es un obstáculo para el embargo

Actualizado:

La gira de la semana pasada del secretario de Estado Rex Tillerson por varias naciones americanas ha servido para recomponer de nuevo las filas del cerco diplomático de los países de la región sobre Venezuela. Volvemos a alineamiento que ya hubo hace seis meses, durante el verano pasado, cuando la asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA) puso al régimen venezolano contra la pared. Nicolás Maduro consiguió luego aflojar ese cerco internacional recurriendo a la táctica habitual: un pretendido diálogo con la oposición, en el que el Gobierno nunca cede nada y siempre obtiene el oxígeno necesario para avanzar en su camino.

Cuando hoy los vecinos continentales se disponen a retomar su presión sobre Venezuela, Maduro ya ha logrado realizar dos nuevas elecciones abiertamente no democráticas (de gobernadores en octubre y municipales en diciembre) y está en puertas de orquestar su reelección (las presidenciales se han convocado para el 22 de abril).

¿Habrá finalmente una reacción contundente de la comunidad internacional? En el último año se ha registrado un incremento de sanciones contra dirigentes del régimen (establecidas por EE.UU., otros países americanos y la UE), pero la única medida diplomática que podría ser efectiva es el embargo petrolero. Hace ya seis meses Washington parecía dispuesto a esa decisión, pero se quedó un paso por detrás: solo prohibió la compra de nuevas emisiones de bonos de PDVSA.

De Condoleezza Rice (Chevron)...

En época de Chávez, toda propuesta interna en la Administración estadounidense de cesar la compra de petróleo a Venezuela para así castigar la hostilidad del dirigente bolivariano se topaba con dos serios obstáculos:

—Uno era el elevado volumen de crudo venezolano que llegaba a las refinerías de Estados Unidos, difícil de reemplazar. En 1998, el año antes de que Chávez comenzara a gobernar, EE.UU. importaba desde el otro lado del Caribe 1,37 millones de barriles diarios de petróleo, lo que suponía el 13,5% de su importación petrolera y situaba a Venezuela como tercer suministrador del mercado estadounidense, después de Canadá y Arabia Saudí.

—El otro eran las presiones de la industria petrolera de EE.UU. sobre el Departamento de Estado y la Casa Blanca, especialmente de Chevron, la única compañía estadounidense que aceptó «casarse» con el chavismo. Condoleezza Rice, que fue consejera de Seguridad Nacional y luego secretaria de Estado durante la presidencia de George W. Bush, había formado parte previamente del consejo de administración de Chevron.

...a Rex Tillerson (Exxon)

Hoy la situación ha cambiado completamente:

—Las ventas de crudo venezolano a EE.UU. se han desplomado. En enero de 2018 bajaron hasta los 390.000 barriles diarios (un descenso del 71,5% respecto a 1998), de forma que Venezuela ha perdido importancia para EE.UU. al pasar al séptimo lugar como proveedor petrolero, no solo ya por detrás de Canadá y Arabia Saudí, sino también de México, Irak, Colombia y Nigeria, con un 4% de las importaciones (un descenso del 70,3% en la cuota de mercado).

—Ese reducido volumen de importación desde Venezuela ha hecho menos problemático prescindir de él: su sustitución ya no debería ser un especial problema para las refinerías estadounidenses que siguen utilizando el pesado petróleo venezolano (además, una parte es importada a EE.UU. por la propia PDVSA a través de su filial en ese país, Citgo). Muestra de no ser eso ya un obstáculo es que la propuesta la está abanderando Tillerson, con mayores nexos con la industria petrolera que los que incluso tenía Rice, pues hasta hace poco más de un año era CEO de Exxon (compañía que se enfrentó a Chávez en los tribunales).

Cambio de opinión

El propio Tillerson ha reconocido su cambio de parecer. Durante la gira que acaba de realizar relató una conversación con Trump, en la que este le dijo: «Sé que no has estado a favor en el pasado», a lo que el secretario de Estado respondió: «Bueno, creo que las cosas han cambiado». En ese cambio ha influido probablemente la baja de Thomas Shannon, el principal valedor del diálogo con Caracas, como número dos de la Secretaría de Estado.

Tillerson anunció que ha creado un grupo de trabajo con Canadá y México para estudiar cómo podría aplicarse el embargo. La inclusión de esos dos países se explica por la colaboración energética que ya mantienen las tres naciones; por el posible mayor suministro de petróleo pesado que Canadá podría aportar a las refinerías del sur de EE.UU. que están adaptadas a ese tipo de crudo y que eran dependientes del petróleo venezolano, y por la disposición de México a posibles envíos en condiciones blandas al Caribe para paliar el descenso de las aportaciones de Venezuela a su programa de Petrocaribe.

EE.UU. podría comenzar el embargo cesando la venta de productos refinados a Venezuela, cuyo volumen asciende a cerca de 90.000 barriles diarios, incluyendo naftas para mezclar con su crudo extrapesado, diésel y gasolina para vehículos, MTBE para lograr el octanaje de las gasolinas y aceite lubricante. El régimen de Maduro los puede comprar en otro lugar, pero lo normal es que hubiera un periodo de falta de suministro, pues la negociación con nuevos proveedores requiere sus procesos, y también un encarecimiento para PDVSA.

Drogas y Rusia, otros asuntos de la gira

El viaje de Tillerson a México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica ha sido el segundo periplo de un alto cargo de la Administración estadounidense por la región en lo que va de presidencia de Trump. El pasado mes de agosto el vicepresidente Mike Pence visitó también varios países.

Además de las cuestión venezolana, central en la gira de Tillerson, el secretario de Estado también ha abordado otros asuntos. En México aseguró que EE.UU. tiene elementos para sospechar que Rusia podría estar interesada en interferir en las elecciones presidenciales que tendrán lugar en julio, como antes ya había dicho la Casa Blanca.

En Colombia, reconoció los esfuerzos de ese país para reducir la extensión de cultivos de coca, a pesar de las críticas realizadas por Trump contra los países quienes «se ríen» de EE.UU. por recibir ayudas estadounidenses y en realidad no combatir suficientemente el narcotráfico.

Durante su estancia en Bogotá, Tillerson también sugirió que EE.UU. puede entregar a Colombia ayuda humanitaria para que sea destinada a los miles de venezolanos que están cruzando la frontera y están provocando una crisis de refugiados.