EFE

El G-20 sigue fiel al libre comercio

El Grupo de los Veinte logró esta formulación durante negociaciones que se han prolongado toda la noche del viernes al sábado y consiguen que la cumbre no termine con un fracaso

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EE.UU. no abrirá una guerra comercial, como muchos predecían, y se ha limitado a introducir en el documento final de la cumbre del G20 una frase que reconoce «el papel de instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial. El Grupo de los Veinte logró esta formulación durante negociaciones que se han prolongado toda la noche del viernes al sábado y consiguen que la cumbre no termine con un fracaso, al menos en este fundamental apartado.

El libre comercio, vaca sagrada del mundo capitalista, ha definido la economía global desde la II Guerra Mundial en adelante y pasa ahora por un cuestionamiento que parte de la administración estadounidense encabezada por Donald Trump y que se alimenta de la salida de Reino Unido de la UE.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha planteado la posibilidad de abandonar varios acuerdos comerciales, en particular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá (NAFTA, por sus siglas en inglés). Incluso la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha propuesto nuevas barreras a las importaciones mientras que en Europa las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá han tropezado con dificultades. También se han estancado las negociaciones de liberalización del comercio mundial conocidas como la Ronda Doha de la OMC y la cumbre del G20 tenía como uno de sus objetivos lograr una declaración conjunta que frene ese proceso y demuestre que la economía global puede seguir contando con el activo del comercio internacional.

Adam Smith, el economista escocés del siglo XVIII que muchos ven como el fundador de esa ciencia, ya estaba a favor del libre comercio. Fue David Ricardo, en el siglo XIX, quien expuso el concepto de la ventaja comparativa que Trump impone ahora desde Washington. Pero, teorías aparte, la práctica parece demostrar que las restricciones comerciales que los gobiernos imponen como barreras, en particular aranceles o impuestos-, tienen impacto sobre las importaciones y sobre el PIB. Las empresas y los trabajadores que están protegidos pueden vender más de sus productos en el mercado doméstico a corto plazo, pero los consumidores pierden, al tener que pagar un precio más alto. Y por consumidores hemos de entender también las empresas, a las que les resulta más caro producir y terminan vendiendo menos, la pescadilla que se muerde la cola. El economista francés Frederic Bastiat, del siglo XIX, lo expuso así: «No tiene más sentido ser proteccionista porque otros países tienen aranceles; es como bloquear nuestros puertos porque otros países tienen costas rocosas».

Pero Trump piensa que los beneficios del proteccionismo superan a sus costes, al menos en materia de creación de empleo. En Hamburgo ha hecho declaraciones en las que se quejaba de que «durante décadas nos han estado arrancando nuestros puestos de trabajo en EE.UU.» y determina que el libre comercio ha tenido perdedores (EE.UU.) y ganadores (Alemania y China), por lo que se temía que en esta cumbre del G20 se negase rotundamente a posicionarse a favor. De momento, ha logrado el reconocimiento de esos «instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial que no se concretan en el documento y cuya aplicación a la práctica terminará de definir si el libre comercio sigue pareciéndose al que conocíamos hasta ahora o no.

El comunicado final del G20, ya pactado en ese punto, será sometido a la aprobación de los mandatarios en horas de la tarde. «Mantendremos los mercados abiertos destacando la importancia de marcos de comercio e inversión ventajosos para todos; continuaremos combatiendo el proteccionismo, incluidas todas las prácticas comerciales injustas y reconoceremos el papel en este ámbito de los instrumentos legítimos de defensa», reza el texto del acuerdo en materia de comercio.

Los Veinte se comprometen por tanto a esforzarse «por garantizar posibilidades equilibradas a través de la promoción de un ambiente favorable para el comercio y la inversión. Asimismo reafirmamos la importancia de la transparencia de relaciones comerciales previsibles y beneficiosas para ambas partes», continúa. Un texto que dice lo contrario del postulado «America first» de Trump, pero que deja abierta la puerta a políticas proteccionistas puntuales.

Una concepción muy amplia de esos «instrumentos legítimos» incluiría los aranceles que Trump amenazó con imponer a las importaciones de acero y que Europa considera que violarían las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En la antesala de la reunión, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, había advertido claramente a Estados Unidos que los europeos también responderían con medidas y se especulaba con que gravarían las importaciones agrarias estadounidenses, arrancando así la temida guerra comercial. Pero no parece ser el caso, puesto que el documento recoge también el compromiso por ceñirse a las reglas de los organismos internacionales como la OMC, la Conferencia de las Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Además se llama a los entes internacionales como la OCDE, la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a continuar su labor «para entender mejor los impactos del comercio e informar a los líderes del G20 en 20182, un reconocimiento a los foros internacionales y a la multilateralidad que nadie garantizaba con Trump en Hamburgo».