El primer ministro japonés, Shinzo Abe, pendiente de los resultados de las legislativas de este domingo, desde la sede de su partido en Tokio
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, pendiente de los resultados de las legislativas de este domingo, desde la sede de su partido en Tokio - Reuters

Shinzo Abe, halcón de la derecha nipona y el primer ministro que más aguanta en el cargo

Tras su breve mandato de 2006, ha revalidado su mandato dos veces adelantando las elecciones para aprovechar la debilidad de la oposición

Corresponsal en PekínActualizado:

En 2006, Shinzo Abe se convirtió en el primer ministro más joven de Japón con 56 años, pero solo duró doce meses en el cargo, del que dimitió por problemas de salud tras varios escándalos de corrupción. Una década después, y con la lección bien aprendida, Abe va camino de convertirse en el mandatario que más tiempo ha permanecido al frente del archipiélago nipón, donde sus dirigentes apenas aguantan un año.

Tras retomar el poder en 2012, cuando venció al gobierno socialdemócrata que sufrió el tsunami del año anterior y el desastre nuclear de Fukushima, Abe ha adelantado las elecciones dos veces para aprovecharse de la debilidad de la oposición y salir reelegido con amplia ventaja. Así lo hizo en 2014 y esa ha vuelto a ser su táctica ahora. Antes de seguir perdiendo popularidad por los casos de corrupción que amenazan su gestión, que le obligaron a remodelar casi todo su gobierno en verano, el primer ministro ha revalidado su mandato sin darle tiempo a que su principal rival, la gobernadora de Tokio Yuriko Koike, pueda plantearle batalla.

Nacido en 1954 en Nagato (prefectura de Yamaguchi), Abe se licenció en Políticas por la Universidad de Seiki en 1977 y luego siguió sus estudios en la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos. Como su padre, Shintaro Abe, fue titular de Exteriores y su abuelo, Nobusuke Kishi, primer ministro entre 1957 y 1960, acabó en el Partido Liberal Democrático (PLD) tras un breve paso por la empresa privada.

Tensas relaciones

Considerado un halcón de la derecha nipona, mantiene tensas relaciones con China y Corea del Sur por sus visitas del pasado al controvertido santuario de Yasukuni, donde se honran las almas de los caídos en acto de servicio por Japón, incluidos varios criminales de la II Guerra Mundial.