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Por qué los refugiados prefieren ser acogidos por Alemania o los países nórdicos

Solo los escandinavos ofrecen condiciones de integración similares a las alemanas en toda Europa, con retribuciones que oscilan entre los 316 y los 1.100 euros al mes sin contar manutención

Una trabajadora social viste a un niño refugiado en un centro de recogida de ropa de Munich
Una trabajadora social viste a un niño refugiado en un centro de recogida de ropa de Munich - AFP
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en: Internacional

Cada vez que un refugiado se hace un selfie con Angela Merkel y lo cuelga en las redes sociales está enviando a Oriente Próximo o al norte de África la confirmación de que ha conseguido entrar en «el Dorado» de los refugiados. El millón y medio de personas que ha ingresado al país en el último año no ha elegido Alemania por su clima ni por gastronomía, sino por sus prestaciones sociales y por una serie de garantías que la Constitución establece para el derecho de asilo muy por encima del resto de los países europeos.

Apenas ponen un pie en el país, la ley alemana atribuye al Estado la responsabilidad de alimentar, proporcionar servicios médicos y alojamiento a cualquier peticionario de asilo. El sistema está pensado para que sean alojados en albergues que cubren con todos sus gastos, pero no había plazas para todos y el Estado ha debido alquilar habitaciones, viviendas, incluso hoteles enteros para cumplir con la ley. El Lageso de Berlín ha estado pagando 50 euros por noche por persona para cubrir su hospedaje en hostales y hoteles comerciales, lo que ha desencadenado una modificación de los precios turísticos e incluso de los precios inmobiliarios. Posteriormente, dado que muchos de ellos preferían quedarse el dinero y dormir en la calle, se ha pasado a un sistema de cheques canjeables por habitación de hotel que el Estado paga directamente a través de transferencia a los hoteles.

«Mi primo está en Serbia», relata Amil en su torpe alemán, «y yo le digo: ven a Alemania, ven a Alemania, cueste lo que cueste»

Además de estas prestaciones, cada refugiado recibe 143 euros al mes como dinero de bolsillo que aumentan hasta un máximo de 216 euros al cabo de tres meses, además de 92 euros extra por cada niño. Cuando se cumplen los 15 meses de residencia o desde el momento en que se obtiene el estatus de asilado, el refugiado pasa a formar parte del sistema social alemán, el denominado Harz IV, que incluye la subvención del alojamiento, la calefacción y el sistema médico y que aumenta la renta básica de bolsillo hasta los 400 euros al mes.

Estos gastos, sumados a los costes extraordinarios de personal para los trámites burocráticos, los programas activos de búsqueda de empleo y los costes de la seguridad de los albergues, debido a que proliferan los ataques violentos, superaron hasta el pasado diciembre la cantidad de 10.000 millones de euros, casi medio rescate a Grecia. Para reducir esa cantidad, el gobierno alemán ha aprobado ya dos reformas de la Ley de Inmigración y Asilo y la gran coalición está negociando una tercera.

Dentro de este presupuesto no entran los gastos de escolarización, que recaen sobre cada colegio y desembocan en el Ministerio de Educación. Los colegios han abierto «Willkommenklasse», clases de bienvenida en la que niños refugiados de diversas edades dan justos sus primeros pasos en el alemán antes de ser distribuidos por cursos en clases regulares. Y para lograr una integración en el sistema laboral lo más rápida posible, el Estado ha implementado numerosos programas de formación dual y recalificación laboral para los adultos. El hecho de que buena parte del territorio alemán disfrute de pleno empleo técnico es también un aliciente para que los refugiados elijan este país, aunque estos primeros meses de experiencia están demostrando que la inserción no resulta tan sencilla.

«Vendí todo para pagar el viaje»

«Vendí mi casa, vendí mi coche, vendí todo para pagar el viaje. Tenía que llegar a Alemania porque aquí voy a encontrar rápido un trabajo y voy a poder mantener a mi familia», explica Amil, un sirio de 35 años que llegó en noviembre con su mujer y sus dos hijas pero que aún no ha empezado a trabajar. En Siria era ingeniero químico y se empleaba en la industria del petróleo. En Berlín, por el momento, aprende alemán. Uafa, de 16 años que demostró gran capacidad de aprendizaje desde su llegada, ha sido ya integrada en clase de uno de los más prestigiosos colegios de Berlín, aunque no tendrá que presentar exámenes hasta el próximo curso. La pequeña de la familia, Sarai, abandonará la Willkommenklasse en septiembre.

Solamente los países nórdicos ofrecen condiciones de integración similares a las alemanas en toda Europa, con retribuciones que oscilan entre los 316 y los 1.100 euros al mes sin contar manutención. Por eso los refugiados seguirán fluyendo en dirección norte a pesar de los obstáculos. «Mi primo está en Serbia», relata Amil en su todavía torpe alemán, «y yo le digo: ven a Alemania, ven a Alemania, cueste lo que cueste. Él también lo ha dejado todo atrás. Hemos invertido todo en el viaje y Alemania es el país que mejor puede recibirnos».

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