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Quién es Robert Mueller, el investigador que enfurece a Trump

El prestigioso ex director del FBI será el encargado de dirigir las pesquisas sobre las conexiones de la campaña del presidente con Rusia

El exdirector del FBI, Robert Mueller
El exdirector del FBI, Robert Mueller - AFP
JAVIER ANSORENA Corresponsal En Nueva York - Actualizado: Guardado en: Internacional

Robert Mueller está acostumbrado a los grandes retos. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 le sorprendieron solo una semana después de haber aceptado el cargo de director del FBI. Ahora, Mueller acaba de ser nombrado investigador especial de la trama de las conexiones de la campaña electoral de Donald Trump con Rusia, el asunto que ha colocado al presidente de EE.UU. en el disparadero y que ha marcado los cuatro meses que lleva en la Casa Blanca.

El encargo a Mueller, ejecutado por el actual vice fiscal general de EE.UU., Rod Rosenstein, ha enfurecido a Trump, que considera las pesquisas, filtraciones e informaciones que relacionan a su equipo con miembros del Gobierno de Vladimir Putin como “la mayor caza de brujas de un político de la historia de EE.UU”.

Mueller, de 72 años, regresa a la arena pública después de un par de años en el despacho de abogados WilmerHale, donde encontró un retiro dorado en 2014 después de décadas de servicio público. En su labor como fiscal, alto cargo del Departamento de Justicia y director del FBI consiguió convertirse en una de las figuras más prestigiosas en la persecución del delito, con el respeto unánime de republicanos y demócratas.

Nació en Nueva York en 1944 y creció en los suburbios de Filadelfia. Fue un estudiante brillante en las universidades de Virginia, Nueva York y Princeton, y marine en la guerra de Vietnam, de la que regresó con varias condecoraciones. Empezó su carrera en la fiscalía en San Francisco y tras un breve paso por un despacho de abogados, la continuó en Washington, donde dejó huella por la intensidad y la meticulosidad en su trabajo, además de su carácter áspero y su gusto por vestir trajes de chaqueta rematados con botas de cowboy. Cabalgó las promociones en el Departamento de Justicia hasta convertirse en uno de los fiscales mejor considerados; tras un breve paso como vice fiscal general, George W. Bush le nombró director del FBI en 2001. El Senado aprobó su nombramiento con 98 votos a favor y ninguno en contra.

Fue en este cuerpo de seguridad donde consiguió relevancia nacional. Investigó los ataques de Al Qaeda, modernizó el organismo y se mantuvo siempre fiel a los principios éticos que guiaron su carrera: por ejemplo, combatió la política de vigilancia de comunicaciones establecida por Bush, para lo que contó con el apoyo de James Comey, su sucesor en el FBI y al que Trump acaba de despedir, en una de sus decisiones más polémicas desde su desembarco en la Casa Blanca.

Obama no solo confió en el director del FBI que heredó de Bush, sino que prorrogó su estancia dos años más de lo habitual -para un total de doce años, el periodo más largo para un director del FBI desde J. Edgar Hoover, su primer responsable-, hasta el nombramiento de Comey en 2013. “Sentó el estándar de oro para el puesto”, dijo Obama sobre sus años al frente del FBI.

Estos días, el prestigio de Mueller se ha notado en la reacción de demócratas y republicanos, que han celebrado por igual su nombramiento. Tras los aplausos, su investigación de la trama rusa vinculada será una tarea ardua cuyos resultados centrarán la atención de EE.UU.

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