El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un discurso esta semana en Moscú
El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un discurso esta semana en Moscú - EFE

Putin fulmina a todos los que se atreven a hacerle frente

Pese a su alto índice de popularidad, el líder del Kremlin encarcela o eilimina a sus posibles rivales para la presidencia

CORRESPONSAL EN MOSCÚActualizado:

Pese a que el sondeo más reciente le otorga un 71,4 por ciento de intención de voto de cara a las presidenciales del 18 de marzo, el presidente Vladímir Putin, por si acaso, blande con firmeza la vara represiva contra sus adversarios. El exgobernador liberal de la región rusa de Kírov, Nikita Belij, acaba de ser condenado a ocho años de prisión en «régimen severo» en un proceso por soborno que sus abogados consideran «amañado» y «sin una sola prueba». «Putin, además de un ladrón, es un cobarde. Primero nos roba las elecciones, sustituyéndolas por un espectáculo barato, y ahora, de forma cobarde, envía a la cárcel a quienes no están de acuerdo con él», afirma el líder opositor ruso, Alexéi Navalni, en la red social Telegram.

Navalni, que no ha podido presentar su candidatura a los comicios de marzo por tener antecedentes penales, y se le detuvo el 28 de enero mientras participaba en la manifestación que él mismo convocó para pedir el boicot electoral, está en libertad con cargos. Cree que le volverán a caer, como mínimo, otras tres semanas de prisión menor (el año pasado tuvo ya tres sentencias) por acudir y llamar a sus seguidores a un acto no autorizado. «Pero me condenarán de tal manera que consigan hacerme desaparecer en la víspera de los comicios y durante su celebración».

«Pero me condenarán de tal manera que consigan hacerme desaparecer en la víspera de los comicios y durante su celebración», afirma Navalni

El pasado lunes, el líder opositor fue interrogado, ya que pende sobre él la posibilidad de ser imputado también por agresión a un agente en el momento de su detención. Las imágenes del arresto, distribuidas por medios de comunicación y redes sociales, no muestran nada parecido, lo que hace temer en nuevas acusaciones infundadas. Según los datos que maneja, «hay 37 personas con penas –de prisión menor– por ir a la concentración del día 28», incluidos varios activistas de su organización, la Fundación de Lucha contra la Corrupción (FBK).

El analista ruso, Antón Orej, deplora en su blog la sentencia dictada contra Belij, señalando que «era un gobernador leal al Kremlin, pero trató de construir en Kírov una isla de liberalismo moderado y eso no se lo han permitido, no se lo permitirán a nadie». Según sus palabras, «lo sucedido con Belij no es algo casual que emane de una decisión judicial, en Rusia no existe la Justicia independiente, es una nueva advertencia ejemplarizante». El hecho, a su juicio, es que nadie puede ocupar un cargo en el Estado, tenga la importancia que tenga, «sin compartir plenamente el punto de vista del actual poder en todos los terrenos, político, ético, estético...».

Cargos inventados

Orej lamenta que «cuando hizo falta poner en fila a los empresarios al servicio del poder, se inventaron el caso Jodorkovski, cuando hubo que ratificar el cristianismo ortodoxo como religión de Estado recurrieron al caso Pussy Riot, cuando la gente se permitió salir a la calle y empezar a manifestarse echaron mano del caso Bolótnaya, cuando hubo que poner freno al intento de acabar, aunque fuera tímidamente, con tanta burocracia, metieron a Uliukáyev en la cárcel (...) y el siguiente será Kiril Serébrennnikov», director de teatro crítico con Putin, acusado de cohecho y en arresto domiciliario actualmente.

A Mijaíl Jodorkovski, que fue patrón de Yukos, entonces la mayor petrolera rusa, le arrestaron el 25 de octubre de 2003 y fue condenado en dos procesos por distintos delitos económicos a 14 años de cárcel. Él siempre se declaró inocente. Sus colaboradores estiman que la verdadera causa de su persecución fue financiar partidos de oposición, criticar la corrupción reinante en el Kremlin y mantener una amplia cooperación con petroleras estadounidenses. Tras pasar diez años entre rejas, Putin le indultó en diciembre de 2013, en la víspera de la Olimpiada de Invierno de Sochi. El magnate vive fuera de Rusia por miedo a ser procesado de nuevo.

Jodorkovski, en agosto de 2008
Jodorkovski, en agosto de 2008 - REUTERS

En aquella época salieron también de la cárcel amnistiadas las integrantes del grupo punk Pussy Riot, María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova, a tres semanas de cumplir la pena de dos años de prisión que les fue impuesta por escenificar una plegaria musical en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, implorando a la Virgen María «librar a Rusia de Putin».

El 6 de mayo de 2012, justo un día antes de que Putin tomara posesión para el mandato que finaliza ahora, tuvo lugar una concentración contra su política en la Plaza Bolótnaya, cerca del Kremlin. Las movilizaciones habían comenzado ya en diciembre de 2011. Los enfrentamientos que hubo con la Policía sirvieron de pretexto, no obstante, para detener a 400 manifestantes.

Ocho años en «régimen severo», igual que Belij, es lo que tendrá que pasar en la cárcel el exministro de Economía ruso, Alexéi Uliukáyev, por soborno, según la sentencia dada a conocer en diciembre. Se declara inocente y «víctima» de una maquinación del presidente de la petrolera Rosneft, Ígor Sechin, hombre muy próximo al jefe del Estado. A Uliukáyev también se le catalogó como uno de los «liberales» dentro del Gobierno. Puso impedimentos a la compra de la empresa Bashneft por parte de Rosneft y encima se permitió hacer pronósticos sombríos sobre la economía rusa.

El espía arrepentido

También no son pocos quienes se dejaron la vida en su labor de oposición, personas como el espía del KGB arrepentido y huido, Alexánder Litvinenko, asesinado en Londres con polonio, la periodista Anna Politkóvskaya, por poner al descubierto las atrocidades cometidas en Chechenia por las fuerzas de seguridad, o el exministro, gobernador y diputado, Borís Nemtsov, enemigo irreconciliable de Putin. Ambos acribillados a tiros en Moscú. A Nemtsov lo mataron junto al Kremlin.

itvinenko ingresado en el hospital poco antes de fallecer
itvinenko ingresado en el hospital poco antes de fallecer - REUTERS

La lista de exiliados es también enorme. El ex campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov es uno de los ejemplos más llamativos por la virulenta campaña de acoso que el poder lanzó contra él. También el que fue consejero presidencial, Andrei Illariónov, el politólogo Andréi Piontkovski y los economistas, Serguéi Guríev, que fue consejero del Gobierno y director de la Escuela de Economía de Moscú, y Serguéi Aleksáshenko, ex subdirector del Banco Central de Rusia. El último en tener que poner pies en polvorosa ha sido el periodista, activista y presidente de la Fundación Borís Nemtsov, Vladímir Kara-Murzá.