ÓSCAR T. PÉREZ

«El petróleo como arma diplomática ha muerto»

Como una araña tejiendo su tela desde una posición privilegiada, las teorías conspiratorias siempre colocan a Arabia Saudí detrás de cada conflicto que sacude la región, del yihadismo y hasta de la oscilación del precio del crudo

MadridActualizado:

Oriente Próximo, el centro de todo. En el nexo de Eurasia y África, entre el mar Mediterráneo y el océano Índico, es también el corazón de un mundo cada vez más peligroso y convulso, con la interminable y monstruosa guerra siria, pero también con la de Yemen y la de Irak. Chiíes y suníes se llevan matando casi desde que el mundo musulmán es mundo musulmán. Sin embargo, la principal potencia suní, Arabia Saudí, parece inmune a la inestabilidad de la región gracias a su condición de cuna del Islam y sobre todo a la de principal exportador de crudo del mundo. En los setenta cuadruplicó el precio del crudo para castigar a Estados Unidos, ahora produce a niveles récord con el barril a 40-50 dólares, lo que para petroestados como Venezuela, a miles de kilómetros, significa prácticamente el derrumbe de su sistema.

Como una araña tejiendo su tela desde una posición privilegiada, las teorías conspiratorias siempre colocan a Arabia Saudí como parte financiadora de cada conflicto que sacude la región, del yihadismo y del fundamentalismo wahabí. Sin embargo, es pieza importante en el ajedrez geopolítico por su tradicional papel en la cotización del «oro negro». El precio del petróleo siempre ha sido sensible a las guerras y a las crisis de las potencias mundiales y hoy el mundo vive una combinación de eventos geopolíticos sin parangón en las últimos años, como la ralentización de China, la crisis del Euro, el apogeo del yihadismo internacional, los conflictos en Yemen, Siria, Irak o incluso Ucrania.

Pero al contrario que tras la guerra de Vietnam o la del Golfo, ahora otros factores han entrado en juego: cada vez más estados producen petróleo no convencional gracias al desarrollo de tecnologías como el fracking. Sin olvidar que el régimen de Riad puede jugar su propia estrategia para apartar de la carrera a sus competidores. El barril de Brent se ha desplomado casi un 60% desde el importe alcanzado en el verano de 2014, pero la producción sigue en alza.

«Si decides reducir la producción, te pegas un disparo en el pie porque hay sobrecapacidad»

«Si decides reducir la producción, te pegas un disparo en el pie porque hay sobrecapacidad: Irán produce más, Estados Unidos produce más… No es que haya conspiración, sino que su política es la única buena, mientras que países como Venezuela derrochaban cuando el petróleo estaba a 100 dólares el barril, Arabia Saudí aprovechó para acabar con su deuda», explica el economista Daniel Lacalle, que asegura haber estado un par de ocasiones en las reuniones de la OPEP. De hecho, Riad bajó espectacularmente su deuda en los últimos quince años desde el 102% sobre el PIB de 1999 a tan solo 1,58% en 2014. «¿Cuál es el problema de esto? Que ahora una serie de estados no pueden hacer política de alianzas mediante el despilfarro. El petróleo como arma diplomática ha muerto», asevera.

A finales de octubre Bloomberg publicó que, debido al bajo coste del crudo, Arabia Saudí había empezado a retrasar los pagos a contratas privadas. ABC se hizo eco de la noticia y destacó que el pasado julio el reino wahabí había emitido deuda -por primera vez desde 2007- por más de 3.500 millones de euros, debido a su falta de liquidez después de la bajada de ingresos por el petróleo.

«No hay ganancia sin dolor»

El Financial Times (FT) señaló en un análisis titulado «No hay ganancia sin dolor» un posible problema interno en el reino del desierto. El diario especializado incide en la estrategia a corto plazo que, aunque dolorosa para las arcas y para los popes saudíes, ha tomado el país, consistente en dejar atrás a sus competidores con técnicas más caras y asegurarse así una cuota de mercado -decadente hoy- en el futuro. «Nadie en Riad se alegra de que el petróleo esté barato. Pero es una realidad. Resisten por la esperanza de que esta estrategia funcione, pero hay una gran incertidumbre», dice a FT un diplomático occidental asentado en la capital wahabí.

Lacalle desconfía de este análisis porque «Arabia Saudí no quiere precios bajos o altos, sabe que es inútil forzar los precios porque pierde cuota de mercado». De todos modos, Riad tiene claro que es el productor low cost más potente del mercado. «Arabia Saudí está dictando la política del mercado, con costes de producción entre 4 y 20 dólares», dice a ABC Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona. Según apunta, con estos movimientos que ha confirmado «públicamente», el régimen saudí pretende dejar atrás a los países que necesitan tecnologías muy avanzadas para extraer los hidrocarburos, como fracking, en aguas muy profundas o en el Ártico «que ha perdido sex appeal». «Es que si puedo venderlo más bajo, por qué tengo que seguir vendiéndolo alto para mantenerte a ti en el mercado», añade.

ABC
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Riad posee enormes reservas de dólares (900 mil millones de dólares) para gozar de un mayor margen de maniobra. «El problema lo tiene Venezuela, que gasta miles de millones de dólares de PDVSA en subvenciones a Cuba y Petrocaribe», apunta Lacalle. Para el especialista en temas políticos y económicos sobre Oriente Medio del think tank Cidob, Eckart Woertz, Arabia Saudí no tiene tanto poder diplomático ahora con el crudo tan barato. «El petróleo ha dejado de ser un arma política como lo fue en los 70, ya que este solo puede tener influencia cuando hay precios altos. En cambio, poseen una capacidad única de aumentar y cortar la producción con cada crisis, solo Arabia Saudí puede hacer eso».

«Este petróleo no volverá a niveles de 80 de dólares en mucho tiempo», dicen los expertos consultados. Aunque Arabia Saudí se haya mantenido estable pese a las guerras en Yemen y Siria, una bajada de ingresos por petróleo continuada preocupa a los jeques del régimen. Más atentados del Estado Islámico en suelo saudí suponen una amenaza difícil de asumir en Riad si quiere seguir vendiendo estabilidad al mundo a cambio de inversiones en el país.