Perder el norte

En estas negociaciones había sitio para un solo ganador… y no es Donald Trump

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Por un lado, el G-7 integrado por las democracias más avanzadas del mundo en un esfuerzo multilateral para evitar precisamente guerras comerciales como la que está forzando el populismo instalado en la Casa Blanca. Con una cumbre en Canadá que arrancó con la vergonzosa insistencia por parte del presidente americano de olvidar las «travesuras» de Putin en Ucrania readmitiendo a Rusia. Y ha terminado en tono -e imagen- de pataleta, incluido un boicot al comunicado final, insultos y amenazas contra los seis aliados más fieles de Estados Unidos.

Por otro lado, la cumbre de Singapur con Kim Jong-un y todo su grotesco historial de crímenes contra la humanidad: exterminio, asesinato, esclavitud, tortura, prisión, violaciones, abortos forzados, persecuciones, desapariciones y el uso del hambre como herramienta de opresión. Y el presidente Trump, a cambio de poco más que photocall, legitimando todo eso al hablar de «tremenda confianza» y decir que la gente de Corea del Norte está fervorosamente encantada bajo los designios de uno de los dictadores más brutales del mundo.

A cambio de promesas vacías, Donald Trump ha estrechado hasta el límite su fetichismo negociador para firmar un papel que en el mejor de los casos se puede considerar como aspiracional. No se define el supuesto objetivo de desnuclearización, no hay calendarios, no hay detalles de verificación. A cambio de nada, Trump sí que ha ofrecido a Kim Jong-un algo tangible como suspender los ejercicios conjuntos que realiza el Pentágono con las fuerzas de Corea del Sur, añadiendo la expectativa de una retirada militar de Estados Unidos sin mencionar tan si quiera una reducción de la amenaza convencional que representa Corea del Norte.

En estas negociaciones había sitio para un solo ganador… y no es Donald Trump.