Los manifestantes se enfrentan a la policía durante una manifestación contra la corrupción, la represión y el desempleo en la ciudad norteña de Al Hoceima, el 30 de mayo de 2017
Los manifestantes se enfrentan a la policía durante una manifestación contra la corrupción, la represión y el desempleo en la ciudad norteña de Al Hoceima, el 30 de mayo de 2017 - AFP

¿Qué pasa en Alhucemas?

Las protestas en el norte de Marruecos comenzaron el pasado octubre tras la muerte de un vendedor de pescado, que fue aplastado por la trituradora del camión de la basura cuando intentaba salvar el pescado requisado por las autoridades

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El 28 de octubre la policía marroquí detuvo a la salida de la ciudad de Alhucemas un vehículo que había salido del puerto con 500 kilos de pez espada, una especie protegida en el Mediterráneo y cuya pesca está prohibida para esas fechas. Las autoridades se incautaron la mercancía para su posterior destrucción, vertiéndola en un camión de basura. Como acto de protesta, el vendedor se arrojó al interior del contenedor cuando la trituradora estaba en marcha. Su muerte por aplastamiento fue grabada con un teléfono móvil y corrió como la pólvora por las redes sociales. El rey Mohamed VI desde Zanzíbar -donde pasaba un tiempo de asueto tras una gira por la región- ordenó una investigación minuciosa. Horas después de la tragedia las plazas y las principales arterias de Marruecos gritaban a su nuevo mártir. Entre ellos, sobresalía un líder, Naser Zefzafi, que fue detenido el pasado lunes.

Una ola de manifestaciones populares, las más intensas desde la «Primavera árabe» de 2011 que provocaron que el Rey transfiriera algunos de sus poderes a un parlamento electo, se expandieron en noviembre y diciembre en Alhucemas, como en otras ciudades del norte y en Rabat y Casablanca para exigir justicia. Los manifestantes enarbolaban banderas amazigh o bereber, correspondientes a una efímera república, la del Rif, creada en los años veinte durante las revueltas contra España. «Criminales, asesinos, terroristas», coreaban los manifestantes. «Escuchen, no se humilla a la gente del Rif», seguían hace unos meses.

«Nasser nos ha dejado un legado que ahora depende de nosotros», ha advertido al portal «Arabia Watch» el segundo espada del Movimiento Popular del Rif, después de la detención del líder de las protestas en el norte de Marruecos que comenzaron hace siete meses. Tras el arresto y traslado a Casablanca de Zafzazi, desde este movimiento se anima a la población a salir a la calle para exigir la liberación de los activistas rifeños.

El líder de las protestas rifeñas conocidas como "Hirak al Shaabi" (Movimiento Popular), Naser Zafzafi, durante una arenga ante decenas de miles de personas al final de una marcha multitudinaria celebrada el pasado jueves en Alhucemas
El líder de las protestas rifeñas conocidas como "Hirak al Shaabi" (Movimiento Popular), Naser Zafzafi, durante una arenga ante decenas de miles de personas al final de una marcha multitudinaria celebrada el pasado jueves en Alhucemas- EFE

El 5 de enero de 2017 las fuerzas del orden intervinieron para dispersar una sentada en Alhucemas. Un mes más tarde, sendos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden dejaron una treintena de heridos. El 26 de marzo, un grupo de manifestantes atacó con piedras una residencia de la policía hacia Imzuren, localidad vecina de Alhucemas. Incendiaron el edificio. Fueron arrestadas 14 personas. Dos días más tarde, el gobernador provincial fue cesado.

En abril, el entonces flamante ministro del Interior, Abdeluafi Laftit, efectuó su primera visita oficial a Alhucemas para apostar por el mayor desarrollo de la zona, una de las más deprimidas de Marruecos, donde criticó a los que obran para «explotar los movimientos de protesta».

Pobreza y rencores históricos

Para los lugareños, Alhucemas siempre estará marcada como región pobre y rebelde, más aún desde los días de gloria de Mohamed Ben Abdelkrim Khattabi, jefe de la tribu que desafió al ejército español, y lideró la efímera República del Rif. Sus retratos y la bandera roja con un rombo blanco, una media luna y una estrella verdes, se extienden por las redes sociales como símbolos de las protestas para mejorar las condiciones de vida de esta zona del país, donde el 62% de la población no realiza ninguna actividad económica.

Nuestras reivindicaciones son económicas y sociales, no de crear un estado independiente

A principios de mayo la indignación se recrudeció hasta niveles de «seísmo social», según la prensa local. «Nuestras reivindicaciones son económicas y sociales, no de crear un estado independiente», insistía Zefzafi. Un mes antes de su detención parecía que reinaba una relativa calma en Alhucemas aunque en cualquier momento los «rencores podían degenerar», avisaba en abril a «Le Monde» el presidente de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. A lo largo de los últimos meses, la protesta, orquestada por pequeños grupos de activistas locales que seguían a Zefzafi, detenido el lunes, adquirió un cariz más social y político, exigiendo el desarrollo del Rif con un discurso identitario teñido de conservadurismo y referencias islámicas.

El 26 de mayo Zefzafi interrumpió la predicación de un imán en la mezquita de Mohamed V en Alhucemas, escapando de la policía. Al tercer día de su huida, fue detenido. «Somos todos Zefzafi», «Dignidad para el Rif», «Estado corrupto»... Las protestas volvieron a extenderse en varias ciudades del norte, en Casablanca, Rabat y Marrakech. La solidaridad del resto de Marruecos vuelve a bullir al calor de la rabia de los rifeños.