La canciller Merkel, a su llegada a la cumbre en Bruselas
La canciller Merkel, a su llegada a la cumbre en Bruselas - REUTERS

Los países del Este se enfrentan a Alemania e Italia por los refugiados

El presidente del Consejo, el polaco Donald Tusk, provocó la ira de la Comisión después de que pidiera la eliminación de las cuotas de asilados

BRUSELASActualizado:

Cuando más necesaria era una imagen de unidad, los líderes europeos se han enzarzado en una polémica política a costa de la cuestión de los refugiados, que sembró la discordia en la cumbre celebrada hoy en Bruselas. Las acusaciones y los reproches, que antes se hacían en privado o utilizando eufemismos, han saltado a plena luz del día con invectivas de la Comisión al presidente del Consejo y entre gobiernos de diferentes países.

El problema comenzó a principios de semana, cuando el presidente del Consejo, Donald Tusk, envió la tradicional carta a los presidentes y jefes de Gobierno para convocarles a la reunión del Consejo, en la que afirmaba claramente que la política de cuotas obligatorias de acogida de refugiados «no ha funcionado». Y daba a entender que debería ser abandonada. De inmediato, el comisario de Interior y encargado de gestionar las cuotas, Dimitris Avramopoulos, consideró esa carta como «escandalosa y antieuropea porque arrasa con el trabajo de los últimos años, mientras que el presidente del Consejo defendía los valores europeos».

Tusk parecía anticipar la imposibilidad de llegar a un acuerdo en el seno del Consejo ante la oposición frontal de los países del este a acoger demandantes de asilo y a favorecer la reforma de la legislación europea, que obliga solo a los países por los que esas personas entran en la UE. Ayer, Tusk describió la situación como muy compleja ya que «las divisiones están acompañadas de emociones que hacen más duro encontrar incluso un lenguaje común o argumentos racionales para el debate».

A Tusk se le puede reprochar haber tomado partido en favor de los países del grupo de Visegrado (el suyo, Polonia, junto a Hungría, República Checa y Eslovaquia) que se han negado a aceptar refugiados, y se le atribuye también la intención de «clavar un puñal en la espalda del presidente de la Comisión» Jean-Claude Juncker, como dijo la portavoz de los Verdes en el Parlamento Europeo, Ska Keller.

Frente a los países del Este, Alemania, Italia, Austria y Grecia abogan por el mantenimiento de un sistema de solidaridad en el reparto de refugiados. La canciller Merkel intentó, además, convencer a los países reticentes de que es necesario que acepten la reforma de la legislación actual sobre refugiados, el llamado «sistema de Dublin» porque es evidente que «no funciona» y menos sin solidaridad. A Merkel le ha costado mucho políticamente asumir la responsabilidad de la acogida masiva de refugiados sirios y no puede mirar con complacencia que se salgan con la suya los gobiernos que se han negado a ello. Su colega austriaco, Christian Kern, rechazó también «categóricamente» el planteamiento de Tusk. «Es incomprensible para nosotros, pues la UE consiste en aprovechar juntos las ventajas y repartir la carga. No puede ser que uno no colabore cuando no le gustan las obligaciones, la cooperación conjunta no puede funcionar así», dijo el austriaco. Su colega eslovaco, el socialista Robert Fico, contestó recordando que «el sistema de cuotas obligatorias ha dividido profundamente a la UE y deberíamos haber sido más prudentes».

Eslovaquia y demás países de Visegrado, en lugar de aceptar cuotas de refugiados, proponen contribuir con más dinero a los programas de protección de fronteras de Italia y de cooperación con los países africanos para reducir el flujo, aunque la propuesta no ha sido muy bien recibida. «Con 35 millones de euros no puedes comprar tu exclusión de una decisión europea, se trata de las reglas del juego fundamentales, que deben ser cumplidas, se trata de solidaridad con Italia y Grecia. Si algunos dicen ahora que eso no les interesa, pues eso no puede funcionar, porque la próxima vez podría haber decisiones europeas que no le interesen a los países contribuyentes netos» concluyó el canciller austriaco.