Macron visita a Trump en Washington - REUTERS

Ofensiva europea para que Trump no rompa el pacto nuclear con Irán

Macron y Merkel intentan salvar el pacto en un doble desembarco en Washington esta semana

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Pompa y circunstancia. Donald Trump ha preparado una acogida al presidente francés, Emmanuel Macron, y a su señora, Brigitte, con todos los honores. En la primera visita de Estado desde que el outsider desembarcara en la Casa Blanca, Trump intenta corresponder desde ayer al recibimiento con el que fue obsequiado en París, junto con la Primera Dama, Melania, en julio del año pasado. Entonces, el debutante en las labores presidenciales se mostró impresionado por un desfile del día nacional de Francia que pretende trasladar desde los Campos Elíseos al Mall washingtoniano. El veterano magnate y el presidente galo más joven de la historia, con 40 años, conectaron desde el principio. Pero la indiscutible química entre ambos puede resultar insuficiente para llegar a acuerdos en asuntos que decidirán la política internacional de los próximos años. De forma destacada, Macron, hasta el miércoles, y la canciller alemana, Angela Merkel, el viernes, protagonizan la ofensiva europea en Washington para que Trump no convierta el acuerdo nuclear con Irán en papel mojado.

No es el único desafío que el presidente estadounidense ha lanzado a sus aliados occidentales, pero el pacto que suscribió toda la comunidad internacional en 2015 para que Irán abandonara su carrera hacia la bomba nuclear está considerado hoy la piedra angular de la geopolítica europea y mundial en Oriente Próximo. A cambio del compromiso de dejar de producir uranio para fines nucleares, el régimen de Teherán pudo recuperar gran parte de sus recursos financieros, estrangulados por una larga etapa de aplicación de sanciones a cargo de Naciones Unidas. Tres años después, la amenaza de Trump de romperlo es firme. Con el encabezamiento de encontrarse ante «el peor acuerdo de la historia que ha suscrito Estados Unidos», en un dardo sin contemplaciones a su antecesor, Barack Obama, el presidente estadounidense espera al 12 de mayo para romper la baraja. Ese día se habrá cumplido el plazo que dio a sus aliados para renegociar con Irán y cubrir las «tremendas lagunas» del pacto, en palabras textuales. Trump sabía que era pedir un imposible: «¿Es un acuerdo perfecto? No. Pero la cuestión es: ¿tiene usted una opción mejor?. Yo no la veo», anticipaba Macron a modo de reflexión a su amigo norteamericano al tomar el avión que le transportó ayer de París a la capital política del mundo, donde anoche asistió a la primera cena ofrecida por Trump. Mount Vernon, la que fuera residencia del primer presidente de Estados Unidos, George Washington, fue el primer escenario de un esperado encuentro.

Informe actualizado

El acuerdo nuclear con Irán, que vence entre los años 2025 y 2030, requiere de una renovación permanente en Washington. De acuerdo con la ley estadounidense, el presidente está llamado a reafirmar expresamente la exención de las sanciones a Teherán cada 120 días. La última vez que Trump lo suscribió fue en septiembre pasado. Después, detuvo el reloj. El 13 de octubre rechazó hacerlo, invitando al Congreso a actuar contra Irán. Pese a que los organismos de Naciones Unidas han certificado hasta en ocho ocasiones que Irán está cumpliendo el acuerdo, el presidente estadounidense se ha desmarcado completamente.

Pero la estrategia europea de volver a comprometer a Trump no se detiene. Tras un trabajo coordinado por Berlín, París y Londres durante meses, está previsto que en los próximos días una representación de los tres países culmine un informe actualizado sobre inspecciones, misiles y la amenaza real iraní, que pretenden hacer llegar al ocupante del Despacho Oval.

Pero el reto europeo de convencer a Trump de lo contrario no es fácil. En el fondo de su decisión se encuentra su convicción de que una ruptura con Irán allanaría el camino hacia la paz palestino-israelí con la que sueña. Su estrategia, diseñada con su yerno, Jared Kushner, consiste en hacer concesiones al primer ministro Benjamin Netanyahu, para que se comprometa con un proceso de paz definitivo. Primero vino el reconocimiento de Jerusalén como capital. Aislar a Irán es la segunda gran demanda israelí.

Plan B

Ante la posibilidad de que Trump siga adelante con la ruptura, Macron, Merkel y Theresa May han previsto un plan B, pese a que el presidente francés niegue en público que exista esa posibilidad. Consistiría en mantener el acuerdo sin la presencia de EE.UU.. Aunque todos los expertos consultados coinciden en que la ausencia de Washington complicaría en extremo la continuidad del pacto nuclear, sin descartar el riesgo de que Irán imite a Estados Unidos y anuncie también su salida.

No es Irán el único asunto en el que el tiempo se acelera hacia decisiones de calado entre Trump y sus aliados europeos. El 30 de abril, el controvertido presidente debe decidir definitivamente si aplica a la Unión Europea los aranceles a la importación de su acero (25%) y su aluminio (10%), que ha aplicado ya a China. La respuesta firme y unida de Europa ante esa tesitura confirma que se entraría directamente en una guerra comercial. Aunque Trump, que en materia de negociación no da puntada sin hilo, busca como contrapartida para dejar las cosas como están que Bruselas abra la puerta a las marcas de vehículos norteamericanos. Según denuncia, tienen un difícil acceso en el mercado europeo para poder ser competitivos. Macron recomienda a su homólogo que «no abra una guerra contra sus aliados. Si tú abres una guerra con todos, te quedas sin aliados».

Aunque son las guerras de Siria y contra el yihadismo, en las que la metáfora pierde su sentido, las que inquietan sobremanera al presidente francés. Los continuos golpes en Francia han convertido a la seguridad y la lucha contra el terrorismo en prioridad número uno del presidente galo. Con un enemigo común al que derrotar, que es Daesh. En vísperas de la conferencia internacional que acogerá París sobre el asunto, mañana y pasado, la lucha contra los yihadistas acaparará buena parte de las conversaciones entre los presidentes y sus equipos. La confluencia con el conflicto sirio llevará a Macron a intentar convencer a Trump de que sería un error llevarse de Siria a los 2.000 soldados estadounidenses que están a punto de derrotar a los yihadistas. Para el presidente francés, tan importante es la victoria militar sobre el terreno como la reconstrucción y la vigilancia posteriores, en la que Macron confesará a Trump que necesita de la ayuda de Estados Unidos para impedir que Daesh tenga cualquier opción de recuperarse y volver a amenazar a Francia y a Europa con sus terroristas.

El presidente francés tampoco se olvida de su permanente cortejo a Trump para que rectifique su decisión de abandonar el Acuerdo del Clima de París. Otro desafío de alto nivel, después de que el gobernante estadounidense abriera la puerta a mantener a su país dentro del pacto sólo si mejoran las condiciones para Estados Unidos. Una posibilidad remota, después de que los líderes mundiales hayan mantenido repetidas veces que el acuerdo «está cerrado y es innegociable».