Guardafronteras cubanos abordan una precaria embarcación cerca de La Habana
Guardafronteras cubanos abordan una precaria embarcación cerca de La Habana - EFE

Obama acaba con la acogida de balseros y lleva más desesperanza a Cuba

Temor a que las nuevas medidas aumenten la presión social y la represión en la isla

MadridActualizado:

Ocho días antes de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama apuntaló su legado en la política hacia Cuba que su sucesor, Donald Trump, ha amenazado con revertir. El presidente saliente de Estados Unidos anunció el jueves el fin de la política migratoria conocida como «pies secos/pies mojados», que permitía quedarse legalmente en el país a los cubanos que lograban llegar a tierra, mientras que eran devueltos a la isla los balseros interceptados en el mar en precarias embarcaciones.

Al mismo tiempo, la Administración Obama elimina el programa Parole, que la dictadura cubana tacha de «robo de cerebros» por aceptar a médicos cubanos en su huida hacia un futuro más prometedor que un salario medio de unos 64 dólares al mes. Marco Rubio, senador republicano de origen cubano, ha insinuado que Trump puede restablecer el programa que permitía solicitar asilo a los médicos cubanos en brigadas internacionales.

Las últimas medidas del presidente demócrata han sido bien recibidas por el Gobierno de Raúl Castro, pero con opiniones encontradas en la isla y en el exilio. Los más pesimistas temen que se agudice la crisis social, que Cuba se convierta en una olla a presión a punto de estallar y aumente la represión.

Josefina Vidal, directora para EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, calificó el acuerdo alcanzado entre ambos países –después de más de un año de negociaciones– como «un importante paso en el avance de la relaciones bilaterales», dirigido a «garantizar una migración regular, segura y ordenada». La Habana se compromete a recibir a todos los deportados por tratar de entrar ilegalmente y a «garantizar el derecho a viajar y emigrar de los cubanos y de regresar al país», según establece la ley migratoria de enero de 2013.

«Elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones»

«Es una noticia terrible para el pueblo cubano», subraya a ABC José Azel, investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. El analista cubanoamericano ve «lógico» que Obama suprima una política adoptada con la crisis de los balseros de 1995, una vez que ambos países han restablecido sus relaciones diplomáticas. Sin embargo, cree que el acuerdo perjudica a los ciudadanos de la isla porque «elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones».

Azel pronostica además un aumento de la represión en Cuba. De hecho, la disidencia está sufriendo un repunte de los hostigamientos desde la muerte de Fidel Castro el pasado 25 de noviembre; con numerosas detenciones, por unas horas o de más de un mes, como es el caso del médico Eduardo Cardet o del artista Danilo Maldonado («el Sexto»).

«Se terminó la última esperanza para el balsero», señaló a Efe el director del portal digital cubanet.org, Hugo Landa, quien precisamente llegó a Miami con el éxodo del Mariel en 1980.

La periodista independiente Miriam Leiva está convencida de que el castrismo «fomenta» bajo cuerda las salidas ilegales para reducir la «presión social» y mantener su «inmovilismo», en un momento de recesión económica (0,9% del PIB en 2016) y «falta de oportunidades para los jóvenes». Leiva observa en La Habana «más desesperanza» entre ciudadanos que piensan que «la única alternativa para mejorar es marcharse a EE.UU.». Muchas familias venden sus pertenencias, hacen «inmensos sacrificios» para que sus hijos puedan emigrar al país vecino, «progresen y les garanticen una vejez digna». Centenares de cubanos se han quedado ahora varados en Centroamérica o México antes de cumplir su sueño de llegar a EE.UU. y después de venderlo todo.

Una olla a presión

La exdiplomática cubana teme que su país se convierta «en una olla a presión; la presión que hay es grande». Sin embargo, ve una oportunidad para que el Gobierno de Raúl Castro haga «cambios reales y permita la participación del pueblo en la vida política, económica y social del país». «Tiene que darle una salida al pueblo, sino se agudizaría la situación social y política, no solo la económica. Las opciones son apertura o represión», remata.

El opositor Manuel Cuesta Morúa sostiene por su parte que la última decisión de Obama respecto a Cuba es un «primer paso hacia la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano (1996)». «Es una medida controvertida, tomada en un momento en el que Obama deja la presidencia, pero ciertamente es una política situada en los intereses de ambos estados. Hay que asegurar que los cubanos lleguen a EE.UU. de la manera en que deben llegar: legalmente», añadió en unas declaraciones a Efe el líder de Arco Progresista. La política de «pies secos/pies mojados», en lugar de afectar al régimen cubano, a su juicio lo que hace es «aliviar» y «estimular la entrada de remesas»; aunque significa un «fracaso del modelo» porque pone en cuestión el abandono de una revolución que supuestamente «ha favorecido tanto a los cubanos».

Desde Madrid, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) consideró que la Casa Blanca «ha pasado por alto la ausencia de libertades y de Estado de Derecho en Cuba» al adoptar una medida que «afectará a la vida de cientos de miles de cubanos». Este grupo hace hincapié, en un comunicado, en que la Administración Obama tomó esta última decisión «en un contexto de recrudecimiento de la represión».