Estudiantes protestan contra el Gobierno de Ortega a las afueras de la Universidad Centroaméricana en Managua
Estudiantes protestan contra el Gobierno de Ortega a las afueras de la Universidad Centroaméricana en Managua - Efe

Nicaragua abre el diálogo por la paz entre presiones para que dimita Daniel Ortega

Las conversaciones por la paz comienzan este miércoles gracias al papel mediador de la Iglesia

Corresponsal en MéxicoActualizado:

El Gobierno de Nicaragua y representantes de la sociedad civil se reúnen este miércoles para dar comienzo a la mesa de diálogo por la paz, unas conversaciones que tendrán lugar gracias al papel de mediador que ha desempeñado la Conferencia Episcopal para tratar de buscar una solución al conflicto que dura casi un mes en el país centroamericano. Más de medio centenar de personas han fallecido en violentos enfrentamientos entre antidisturbios y manifestantes durante las diversas marchas para exigir la dimisión del presidente Daniel Ortega, protestas que comenzaron a finales de abril como rechazo a la reforma del Sistema de Seguridad Social que proponía el Gobierno y que ya ha sido derogada.

La Conferencia Episcopal confirmó este lunes que la mesa finalmente tendrá lugar este miércoles a las 10.00, hora local, después de que Ortega permitiera la entrada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), una de las exigencias que le pedían los obispos para examinar la represión ejercida por el Gobierno para silenciar las protestas.

Sin embargo, Ortega no ha cumplido con todos los requisitos que le pedía la Iglesia, como poner fin a la represión contra los manifestantes. Por ello, el presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Leopoldo Brenes, matizó que el diálogo se celebrará a pesar de que «las circunstancias para dicho diálogo no son las más idóneas».

De nuevo el terror en las calles

Las importantes palabras de Brenes llegan después de que el pasado fin de semana el terror volviera a recorrer las calles de Nicaragua. Una vez más, se registraron saqueos a comercios y choques entre fuerzas del orden público y manifestantes en la ciudad de Masaya (oeste), que se saldaron con un fallecido. Cientos de personas lanzaban piedras y bombas de fabricación casera con improvisados morteros, que eran respondidos con gas lacrimógeno por parte de los antidisturbios con el objetivo de dispersar a los manifestantes.

De un lado se sentarán miembros del Gobierno nicaragüense. Del otro, estarán representantes de colectivos de estudiantes, Coalición Universitaria, y organizaciones empresariales como el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la patronal del país centroamericano.

Irónicamente, empresarios y estudiantes son dos colectivos en los que más se ha apoyado el régimen de Daniel Ortega, quien gobierna ininterrumpidamente el país desde 2007. Sin embargo, la reforma del sistema de Seguridad Social, que sugería un recorte de las pensiones en un 5%, además de aumentar las contribuciones de empleadores y trabajadores, resquebrajaron la confianza de ambos colectivos en el sandinista, un respeto que acabó totalmente dilapidado debido a la dura represión que ha aplicado el Gobierno contra los manifestantes.

La cifra de fallecidos ronda entre los 54 y 65 muertos, de acuerdo con diferentes organizaciones humanitarias. Asimismo, se contabilizan más de 500 heridos, de los que se estima que casi la mitad son por impacto de bala, unas cifras que junto con las imágenes de cargas policiales han provocado diversas críticas de países latinoamericanos de la región e incluso de la Organización de los Estados Americanos.

Del otro lado del Atlántico, la Unión Europea anunció este martes que veía con buenos ojos el inicio de las conversaciones en Nicaragua y, además, instó al Gobierno a respetar la libertad de expresión y el derecho de los manifestantes a protestar, siempre que se haga de manera pacífica. Sobre todo, la UE aplaudió la llegada de la CIDH para poder verificar la actual situación de los derechos humanos en Nicaragua.

El mandatario sandinista, debilitado

Mientras tanto, dentro del país son varias las voces que piden la dimisión del presidente, después de prácticamente un mes de protestas violentas. Ante esta situación, Ortega llega debilitado a una mesa de negociación en la que habrá una fuerte presión para lograr que dimita. De hecho, son varias las organizaciones civiles que albergan la expectativa de que el presidente deje el poder antes de que termine su mandato para 2021.

Una vez que ha perdido sus dos apoyos principales, estudiantes y empresarios, parece que las posibles salidas del sandinista son dos. Por un lado, enrocarse en el poder y luchar por su puesto hasta las últimas consecuencias, al estilo de Anastasio Somoza, el dictador nicaragüense que los sandinistas consiguieron echar en 1979. O, por otro lado, buscar una salida del poder negociada en el que queden establecidas ciertas garantías de que ni Ortega ni Rosario Murillo, su mujer, podrán presentarse a unas posibles próximas elecciones.