Ian Brady y ,su pareja, Myra Hindley
Ian Brady y ,su pareja, Myra Hindley - AFP

Muere Ian Brady, el asesino de niños en serie que horrorizó al Reino Unido en los años sesenta

Entre 1963 y 1965, Bradley, con la ayuda de su pareja, secuestró, violó, torturó y mató en Manchester a cinco niños de entre 10 y 17 años

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El asesino en serie Ian Brady ha muerto a los 79 años. Él y su pareja, Myra Hindley, fueron conocidos como los asesinos del páramo. Entre 1963 y 1965, Bradley, con la ayuda de Hindley, secuestró, violó, torturó y mató en Manchester a cinco niños de entre 10 y 17 años. En 1966, ambos fueron condenados a cadena perpetua por tres de esas muertes, y dos décadas después confesaron otras dos. El caso conmocionó a la sociedad británica. Ella falleció en 2002 en prisión. Él lo ha hecho este lunes en un hospital psiquiátrico de alta seguridad.

«Confirmamos que el paciente de 79 años en cuidados de larga duración en el hospital de alta seguridad de Ashworth [donde llevaba ingresado desde 1985] ha muerto después de haber enfermado», ha informado a la agencia France Presse un portavoz del servicio de salud de Merseyside, cerca de Liverpool. Los abogados de Brady afirmaron en febrero que el asesino permaneció acostado en una cama y recibía cuidados paliativos por un enfisema.

Según las minutas del juicio celebrado en los años sesenta, los crímenes fueron producto de la perversa imaginación de Brady. Hindley nunca negó su responsabilidad en el destino de los pequeños. Fue ella quien engañó a los menores para que se subieran a una furgoneta y quien les condujo hasta su novio y observó cómo las víctimas eran torturadas, violadas y asesinadas. Desde entonces, la pareja fue conocida como los asesinos del páramo, por la zona rural cercana a Manchester —la pradera de Saddleworth— donde fueron hallados cuatro de los cinco cadáveres.

En 1966 la pareja fue condenada por el asesinato de Lesley Ann Downey, de 10 años; Edward Evans, de 17, y John Kilbride, de 12. En 1987, los asesinos confesaron otros dos crímenes: el de Pauline Reade, de 16 años, y el de Keith Bennett, de 12. El cadáver de Bennett aún no ha sido hallado.

Sabedor de que jamás recuperaría la libertad, Brady inició una huelga de hambre en septiembre de 1999, pero los médicos le impidieron morir. «A ver si salgo de este hospital de una vez en un ataúd», declaró el propio convicto a la BBC a finales de febrero del año 2000. Días después, la justicia británica determinó que la decisión médica de alimentarle a la fuerza por medio de una sonda gástrica era legañ. En 2013, pidió ser trasladado del hospital a una prisión en la que no fuera alimentado por la fuerza. Su petición fue rechazada.