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Más de mil miembros de las FARC siguen en guerra con Colombia

Tras la firma del Acuerdo de Paz, otro problema planea sobre el país: sus disidentes

Corresponsal en BogotáActualizado:

Mal contadas, porque ninguna cuenta para bien, Colombia libra cinco guerras al mismo tiempo. Pareciera como si el país dejara una para inmediatamente entrar en otra. Así, hoy tenemos guerra contra el narcotráfico; contra los GAO (Grupos Armados Organizados), que incluyen a los paramilitares de derecha que se desarmaron entre 2003 y 2006, y algunos volvieron a la carga; y contra las guerrillas izquierdistas del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y EPL (Ejército Popular de Liberación).

El nuevo frente de batalla son las llamadas disidencias de las FARC, facciones armadas cuyo tallo común es que sus líderes pertenecieron a la guerrilla desmovilizada en 2016, otrora la más poderosa del país y la más antigua de América Latina. En los últimos meses han ganado notoriedad no solo por su crecimiento, sino debido a que el frente liderado por alias «Guacho» asesinó a tres periodistas ecuatorianos.

¿La llegada de estas estructuras cómo reacomoda el mapa de los grupos armados en Colombia? Varias claves las da el primer gran estudio sobre este fenómeno, «Las disidencias de las FARC: un problema en auge», recientemente publicado por la Fundación Ideas para la Paz (FIP), principal centro de pensamiento sobre temas de paz y seguridad del país.

Pero antes de pasar al mapa, una pregunta obligada: ¿las disidencias son el plan alterno de la exguerrilla por si se resquebrajan los acuerdos firmados en 2016? Daniel Pardo Calderón, coautor del estudio, afirma que «la idea de que sean el plan B de las FARC ante el eventual fracaso de la implementación o una retaguardia estratégica de la organización es una hipótesis que no pudimos comprobar en año y medio de investigación. Hoy es irresponsable decir que siguen siendo las FARC».

¿Entonces cómo llamarlas? «La denominación es una discusión con gran carga política», dice Pardo. «El Gobierno los llama bandidos o residuos, argumentando que se dedican solo a actividades criminales (coca, minería ilegal, maderas preciosas, trata de personas, contrabando, etc). Pero hay factores sociales, geográficos y políticos que no se pueden omitir para entender la capacidad que tienen y la diversidad de perfiles de los que las componen». Tan político es el asunto que para poner punto aparte el propio Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, líder máximo del hoy partido Farc, el pasado jueves las calificó como «desertores del proceso» y del Acuerdo de Paz firmado.

Se calcula que los disidentes son 1.500. Los estudios dicen que equivalen al 12% de los 8.000 guerrilleros de las FARC desmovilizados, cifra cuestionable porque siguieron trayectorias distintas durante el conflicto y después. Algunos sí saltaron directamente a la criminalidad. «La mayoría optó por el camino político y desmovilización», señala Pardo, y aclara que «esos grupos son el reciclaje de muchas violencias, no solo tienen exguerrilleros de las FARC; reclutan de otros grupos criminales y de la guerrilla del ELN y del EPL».

Además, no son un grupo homogéneo, con fines compartidos y operación coordinada. Coinciden en tener líderes que fueron mandos medios de las FARC, con contactos y conocimiento de la guerra (redes de acopio, abastecimiento, sociales y comerciales) y que dejaron el proceso de reinserción por la crisis en la implementación de los Acuerdos, porque no recibieron beneficios similares a los que obtuvieron los líderes de las FARC o por decisión propia.

El mapa de las violencias

«El proceso de paz con las FARC, tras su desmovilización, dejó una serie de espacios vacíos en el territorio colombiano que el Estado ha sido incapaz de asumir con políticas sociales y servicios, a lo que se suma no tener el monopolio absoluto de la fuerza», señala el profesor universitario y analista político Víctor De Currea-Lugo. Entonces, los territorios y recursos asociados que un grupo armado deja, otros actores armados se los pelean.

Estaba cantado que sin presencia del Estado más allá de la respuesta militar, así sucedería, tal como pasó antes con otros grupos armados. «La estrategia ha estado enfocada en objetivos de alto valor militar, en atacar las cabecillas, sin transformar los territorios», subraya Andrés Cajiado, especialista en análisis de zonas de conflicto, de la FIP. Además, estos grupos se adaptan rápidamente a la estrategia militar del Estado a través de alianzas con otras estructuras criminales.

Aunque van en aumento, la presencia de las disidencias de las FARC no ha impactado la distribución territorial de los otros grupos armados. Si bien generan violencia, no tienen la capacidad de control territorial que tuvieron las FARC en su momento. Además, reclutan personas sin experiencia militar, como está sucediendo con los venezolanos que llegan a Colombia.

A propósito de Venezuela, aunque los investigadores no lograron constatar cómo opera el apoyo, lo que sí es cierto es que muchos de estos grupos, especialmente el de ‘John 40’ (exguerrillero de las FARC, dueño de las rutas del narcotráfico y del crimen al suroriente de Colombia), tienen presencia y se mueven libremente por ese país. Así, el tráfico de armas, drogas y dinero puede ser constante. En Brasil están reclutando disidentes para grupos criminales. Con los carteles mexicanos aún no es claro el vínculo, basado en intereses criminales comerciales.

En el caso del ELN, que adelanta conversaciones con el gobierno, tras los acuerdos «su expansión ha sido muy grande y no considero que las disidencias pongan en peligro la presencia de ese grupo en algunas zonas del país», dice De Currea-Lugo. Y el analista Cajiado complementa al especificar que «el ELN se ha expandido sobre la frontera con Venezuela, en los departamentos de Vichada, Meta, Arauca y Chocó. Además, ha aprovechado la salida de las FARC para reestructurarse y fortalecerse en algunas zonas del país».

Por ahora ningún experto supone que se dé una unidad entre las disidencias ni que puedan proyectar una estructura común debido a la diferencia de intereses. «Los posibles escenarios futuros parten de supuestos. Uno, más visible hoy, que se sigan fraccionando y aparezcan más de estas estructuras, con sus lógicas e intereses, disputándose territorios. El otro, la posibilidad de que lleguen a unirse con el tiempo y conformar un gran bloque», dice Daniel Pardo Calderón.

Según Víctor De Currea-Lugo, «los comandantes de varias disidencias han hecho llamados a la unidad. Eso se puede dar, pero sería más bien una unidad nominal pues las agendas no coinciden: hay grupos al servicio del narcotráfico, grupos que no se desmovilizaron y otros que se desmovilizaron y regresaron a las armas».