Internacional

Maduro vuelve a encarcelar a dos símbolos de la democracia

Leopoldo López y Antonio Ledezma son detenidos en sus casas y enviados a la cárcel militar; el Supremo aduce que tenían «planes de huida»

Un hombre a la puerta de la casa del opositor venezolano Leopoldo López
Un hombre a la puerta de la casa del opositor venezolano Leopoldo López - REUTERS

Entraron de noche. Se los llevaron por la fuerza y les devolvieron a sus antiguas celdas. En ese momento, a Leopoldo López y al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, no les dieron explicaciones ni mostraron órdenes judiciales. Los agentes, como la primera vez, ejecutaban órdenes sin rechistar. Al día siguiente (ayer martes), la Corte Suprema -que recibe órdenes de Nicolás Maduro-, dijo que el regreso a prisión fue para prevenir la fuga de ambos referentes de la oposición venezolana.

El régimen de Nicolás Maduro no soportó el cerco internacional, el batacazo en las urnas de la Asamblea Constituyente -pese a la versión oficial- ni, con dolor infinito, el ajuste de cuentas (económicas) que le impuso el Gobierno de Estados Unidos, de forma personalizada al presidente de un país que vive al filo del abismo. Ante la acción del «imperio» la respuesta bolivariana fue, como se veía venir, más crueldad. Los primeros en sufrirla fueron, en simultáneo, los dos más débiles y más fuertes. Débiles porque no tienen libertad y fuertes porque pese a ello no se han doblegado.

López y Ledezma son dos símbolos de la resistencia pacífica contra el Gobierno. El primero estaba en su casa custodiado por media docena de agentes de Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia) día y noche. En el tobillo le habían colocado un «grillete» electrónico para controlar sus movimientos. Estos se reducían a caminar como un león encerrado por el chalet o, como en un par de ocasiones, asomarse a la azotea para ver a sus seguidores y, a decir verdad, en los últimas días no parecía haber muchos.

El pretexto

La soledad de López saltaba a la vista. Sus hijos y su mujer, embarazada de su tercer hijo («una de las mejores noticias», dijo), se fueron la semana pasada a Miami. Como todos, sospechaban que se produciría la escena de la madrugada pasada. Por eso, dejaron un vídeo que ayer, cuando ya estaba en la prisión de Ramo Verde, vio la luz. «Vale la pena luchar por Venezuela, no decaigamos en nuestra lucha, no nos rindamos nunca, no nos cansemos de querer una mejor Venezuela», anima López.

La operación en casa de López fue rápida y sin escándalos. Los vídeos de los vecinos mostraron al mundo al reo, sin ofrecer resistencia, entrar en uno de los temibles coches patrulla del Sebin que hacen ronda día y noche.

No sucedió lo mismo en el piso de Antonio Ledezma. Los agentes debieron ser poco discretos o la gente del edificio reconocieron un movimiento poco habitual a medianoche. En un abrir y cerrar de ojos estalló el griterío. La voz de una mujer desesperada se rompía al advertir: «¡Se están llevando a Ledezma, se están llevando a Ledezma!». Otro vídeo, de nuevo, mostraría al mundo el asalto y al hombre, enfermo y en pijama, de regreso a la cárcel. Las redes sociales, determinantes como en la primavera árabe, estallaron.

El comunicado de la Corte Suprema, detonante del último estallido de esta crisis al acusar de desacato a la Asamblea Nacional, llegó antes del mediodía. «Se recibieron por fuentes de inteligencia oficial información que daba cuenta de un plan de fuga de dichos ciudadanos (por López y Ledezma). Por lo cual y, con la urgencia del caso, se activaron los procedimientos de resguardo correspondientes». En un intento fallido de darle rigor o vestir de justicia la injusticia, añadieron que dos tribunales de Caracas revocaron previamente las medidas de casa por cárcel, como se refieren en Venezuela al traslado de la celda a prisión domiciliaria.

Toda la actualidad en portada

comentarios