El primer ministro francés, Manuel Valls (i), y el ministro francés de economía, Emmanuel Macron, abandonan el Palacio del Elíseo tras una reunión del consejo de ministros en París (Francia), hoy, miércoles 10 de diciembre de 2014
El primer ministro francés, Manuel Valls (i), y el ministro francés de economía, Emmanuel Macron, abandonan el Palacio del Elíseo tras una reunión del consejo de ministros en París (Francia), hoy, miércoles 10 de diciembre de 2014 - EFE

Macron invita a Valls a unirse a sus filas

Emmanuel Macron, candidato favorito de la segunda vuelta presidencial, está dispuesto a integrar a Manuel Valls en su propia mayoría presidencial, si el ex primer ministro acepta previamente abandonar el Partido Socialista (PS)

PARÍSActualizado:

Emmanuel Macron, candidato favorito de la segunda vuelta presidencial, está dispuesto a integrar a Manuel Valls en su propia mayoría presidencial, si el ex primer ministro acepta previamente abandonar el Partido Socialista (PS).

Entre 2014 y 2016, la pareja Macron-Valls trabajó en el mismo gobierno de François Hollande. El primero, como ministro de economía e industria. El segundo como primer ministro y jefe de gobierno.

En el mismo gobierno, Valls y Macron compartían una línea social reformista, nunca aceptada por los militantes socialistas ni una parte importante del grupo socialista en la Asamblea Nacional.

Antes de ser ministro y jefe de gobierno, Valls había propuesto cambiar de nombre al PS francés, temiendo que el socialismo francés pudiese morir víctima de sus «arcaísmos».

Nombrado primer ministro por Hollande, Valls se tragó sus antiguas críticas, esperando terminar liderando la campaña del PS a la elección presidencial. Odiado por buena parte de las izquierdas francesas, Valls asumió como propio el socialismo de Hollande, abandonando sus antiguas veleidades reformistas.

Ex banquero de negocios, Macron nunca utilizó la palabra socialismo, nunca se afilió al PS, nunca aceptó el proyecto de Hollande. Cuando comprendió que la izquierdas y el socialismo francés no aceptaban sus proyectos social reformistas, Macron presentó su dimisión, el verano de 2016, lanzando su propio partido, «¡En marcha!», iniciando entonces su campaña presidencial.

Mientras fueron miembros del mismo gobierno, la pareja Valls - Macron se dirigían al mismo electorado de centro - izquierda. Tras la dimisión de Macron, Valls esperaba ser el candidato socialista a la elección presidencial. Eliminado en las primarias del PS, Valls comenzó a hablar de la eventual «colaboración» de «los reformistas de todos los bandos», sugiriendo que una parte del PS podría «colaborar» con Macron, si el ex ministro fuese elegido presidente.

Macron ha respondido con meridiana precisión: «Valls será bienvenido a mi mayoría presidencial, si abandona previamente el PS».

Si alguien podía dudarlo, Macron confirma su ambición estratégica: convertir «¡En Marcha!», su partido, sin implantación nacional, en el primer partido de Francia. Centristas, conservadores, socialistas, ecologistas… serán bienvenidos en la futura mayoría presidencial. Pero, deberán abandonar antes sus antiguos partidos, para integrarse en el proyecto personal de Macron.

En escorzo, Macron lanza un órdago temible: hundir o reducir al mínimo a las dos familias que han dominado el paisaje político francés durante las últimas décadas.

Al centro y la derecha nadie se hace ilusiones. Los Republicanos (LR, derecha) espera ganar las próximas elecciones legislativas del 11 y el 18 de junio próximo, para imponer al próximo presidente o presidenta de Francia una cohabitación forzosa con el partido conservador.

«Reforma» del socialismo francés

A la izquierda, Valls había albergado la ilusión de un PS dispuesto a «colaborar» con Macron, si este fuese elegido presidente. Ilusión muy vana. El PS continúa dividiéndose en varias líneas políticas enfrentadas. Y Macron clava una estaca mortal: Valls será bienvenido a su eventual mayoría parlamentaria. A una sola condición: que su ex primer ministro rompa definitivamente con un PS caído de hinojos en la crisis más grave de su historia desde su refundación en el congreso de Epinay de 1971.

Condenado a romper con el PS, o embarcarse en la problemática batalla de la «reforma» del socialismo francés, Valls debe elegir entre el cólera o la peste. Dentro del PS, el ex jefe de gobierno tiene muchos enemigos. Entre los simpatizantes y militantes socialistas, Valls es percibido como un personaje conservador o muy conservador.

Hace años, Valls pensaba que la palabra «socialismo» no correspondía a la nueva realidad política, francesa y europea. Y sugirió que el PS cambiase de nombre. Sus vacilaciones han sido su ruina. Macron nunca aceptó la palabra «socialismo» y puso en marcha su propia operación social reformista, de centro izquierda, muy liberal en lo económico, reformista en lo social. Esa operación está en marcha. Valls perdió en su día el «tren» y la oportunidad de haber sido él quien presentase tal proyecto.