Manifestantes contra el Brexit, a las puertas del Parlamento británico
Manifestantes contra el Brexit, a las puertas del Parlamento británico - Reuters

Londres comienza el debate para incluir la legislación europea en el Derecho británico

May ofrece concesiones tanto a los partidarios del Brexit duro como a los de una salida blanda

Corresponsal en LondresActualizado:

Casi año y medio después del referéndum, el Brexit echó este martes a andar. Al menos legislativamente hablando. Y lo hizo con el comienzo de la tramitación, en modo de debate, de una de las leyes claves para el proceso, la gran ley de salida de la Unión Europea, antes conocida como gran ley de derogación. ¿Qué tiene de importante? Que incorporará la legislación europea, con retoques, al Derecho británico.

Y se ha tardado tanto en llevar al Parlamento ante el miedo de Theresa May a una rebelión interna de varios diputados de su propio partido, el conservador. Algo que no se puede permitir, porque únicamente con el apoyo de los unionistas de Irlanda del Norte llega a la mayoría absoluta después del batacazo electoral del pasado junio. Por tanto, si varios tories se deciden por poner piedras en el camino a la ley, se bloquearía un proceso que ya de por sí va se alargará durante semanas al ser extremadamente complejo.

Un proceso tan importante que es tratado, a diferencia de la mayoría de leyes, de forma especial. Por eso lo está manejando un comité conjunto en el que participan tanto miembros de la Cámara de los Lores como de la de los Cómunes y que debaten precisamente en esta última, en la que todos tienen derecho a aportar su opinión.

A este proyecto de ley, de 66 páginas, se han presentado 186 páginas de enmiendas, 470 en total, una cifra que no se veía en el Parlamento desde hace muchos años y algunas de ellas apoyadas por diputados tories. El porqué es claro: tanto los oponentes como los partidarios del Brexit ven aquí su oportunidad para tratar de influir en el proceso de abandonar la UE.

Por eso el Gobierno ya ha ofrecido concesiones a ambas partes. Para apaciguar a los brexiter más duros, les ha dado una fecha y hora de salida definitivas, el 29 de marzo de 2019 a las 23.00 horas, mientras que a los partidarios de un Brexit más blando o a los aún reticentes a él ha otorgado finalmente, con el anuncio del ministro para el Brexit David Davis esta misma semana, la decisión de que el acuerdo con Bruselas se debate en el Parlamento británico. Aunque, eso sí, en ambos casos las ofertas pueden ser menos atractivas de lo que parecen inicialmente.

Una batalla clave

El Ejecutivo al menos ya ha ganado una batalla clave acotando esta primera fase del debate a dos días. Clave porque, con todas esas enmiendas sobre la mesa, este primer paso podría haber llegado a durar incluso semanas, algo impensable para una Theresa May que tiene que sofocar una crisis tras otra dentro de su propio Ejecutivo.

Ayer la primera ministra pudo respirar tranquila después de ver cómo todas las enmiendas que se debatieron cayeron del lado del Gobierno y no hubo una rebelión dentro de las filas conservadoras que afectase las votaciones.

Durante ocho horas de debate, que se retomarán este miércoles durante todo el día, se pusieron encima de la mesa algunas de esas enmiendas, rechazadas por mayoría, como por ejemplo que los gobiernos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte tuvieran mayor voz en el proceso, devolviéndoles algunas competencias.

Además, se aprobó, como pretendía el Ejecutivo, que la Ley de Comunidades Europeas de 1972, que se mantiene aún vigente, será derogada el día de la salida definitiva.

En la jornada de este miércoles se discutirán propuestas laboristas que pueden hacer mostrar la división en el seno del partido conservador, como las dirigidas a garantizar los derechos de los trabajadores comunitarios o las relacionadas en materia de medio ambiente con los acuerdos que actualmente mantiene Reino Unido con la Unión Europea.