Internacional

La lealtad de los oficiales del Ejército, la gran incógnita de Nicolás Maduro

El presidente venezolano compra la fidelidad del alto mando con negocios pretroleros, mineros y de importación, mientras que la adhesión de los mandos medios, que sufren la crisis como el resto de la población, es más dudosa

Maduro, con miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana este lunes en el séptimo aniversario de la milicia
Maduro, con miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana este lunes en el séptimo aniversario de la milicia - Efe
Ludmila Vinogradoff Corresponsal En Caracas - Actualizado: Guardado en: Internacional

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, activó este martes el llamado «Plan Zamora» del Ejército para, supuestamente, «defender la patria», que en el léxico chavista significa defender la revolución, lo que equivale a combatir al enemigo, que en este caso son los dirigentes opositores que han organizado la «megamarcha» de Caracas.

[Sigue aquí en directo la jornada de protestas en Venezuela]

La alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha emitido un comunicado en el que rechaza este plan estratégico al que confrontan con la activación del Plan Constitución. La coalición sostiene que el plan de Maduro busca «intimidar a la gente» para que no se manifieste este miércoles.

El Plan Zamora se parece al que activó el difunto Hugo Chávez durante la gigantesca marcha opositora del 11 de abril de 2002, que fue desviada hacia el Palacio de Miraflores. Una manzana antes de llegar a su destino, unos pistoleros apostados en Puente Llaguno tirotearon a los manifestantes, asesinando a 19 personas.

En ese momento, Chávez radiaba ayuda al alto mando militar, llamando «Tiburón 1, Tiburón 2», para que apostaran tanques de guerra en las calles de Caracas y dispararan contra la multitud, pero los oficiales desacataron la orden presidencial. Posteriormente los pistoleros de Puente Llaguno fueron premiados.

Maduro ha pedido lealtad a la Fuerza Armada Nacional, pero solo la casta del alto mando militar, a la que le ha ofrecido todos los negocios petroleros, mineros y de importación, como ha denunciado el general retirado Cliver Alcalá Cordones, le ha mostrado incondicionalidad para defender la revolución.

En cambio, los oficiales medios y bajos, de tenientes y comandantes, que sufren la misma crisis que el 82 por ciento de los venezolanos sumidos en la pobreza, no le han mostrado lealtad. Es más, este martes circuló en las redes un vídeo en el que tres oficiales declaraban: «Desconocemos la autoridad de Maduro como nuestro comandante en jefe».

Por eso, Maduro, como le enseñó su padrino Chávez, recurrió a la milicia para defender la revolución en la calle. Les prometió un fusil para cada uno de los 500.000 milicianos que van a participar en la fuerza con vistas a formar un cuerpo militar de un millón de uniformados, cuyo presupuesto ya está «aprobado». Se ignora cuál es el número real actual de la milicia.

Desconfianza de Chávez en la Fuerza Armada

El difunto Chávez siempre desconfió de la tradicional FAN. Por eso creó hace siete años la milicia o Guardia del Pueblo y la incorporó como el quinto componente de la FAN bolivariana. Por eso la oposición considera a la milicia como la guardia pretoriana del mandatario.

La Fuerza Armada Nacional, compuesta por cuatro fuerzas tradicionales como la aviación, el ejército, la armada y la Guardia Nacional, está integrada por 165.000 hombres, 25.000 reservistas y un vasto poder económico.

Los militares tenían ya amplio poder durante el gobierno de Chávez, pero su influencia creció mucho más con Maduro, cuyo gobierno cuenta con un militar activo y diez en retiro en once de los 32 ministerios.

«Hoy tenemos más que un gobierno cívico-militar, un gobierno militar-cívico», declaró a la AFP el analista Luis Vicente León. Los militares controlan la producción y distribución de alimentos básicos en grave escasez, además de una compañía petrolera, una televisora, un banco, una ensambladora de vehículos y una constructora.

El ministro Padrino López acusó ayer a la dirigencia opositora de ejecutar, con apoyo de grupos de «la derecha extrema» radicados en el exterior, una «agenda criminal» que incluye «actos terroristas, disturbios, saqueos, vandalismo y distintas formas de violencia».

La exdiputada María Corina Machado, una de las más entusiastas de las protestas, afirma que «no hay ejército que valga cuando vea la gigantesca multitud de manifestantes. Los soldados no se atreverán a disparar contra la megamarcha».

Toda la actualidad en portada

comentarios