Un manifestante europeísta frente al Parlamento británico
Un manifestante europeísta frente al Parlamento británico - AFP

Juncker: «Lamentarán haberse ido de la Unión»

Juncker dice que «el Brexit no es el fin de Europa» y utiliza la circunstancia para acelerar las reformas para consolidar una mayor integración

CORRESPONSAL EN BRUSELASActualizado:

El ambiente político comunitario se hace poco a poco a la idea de que el Reino Unido ya no es un país miembro sin que nadie haya sido capaz de determinar cuales van a ser los efectos a largo plazo de este desgraciado accidente. «El Brexit -dijo ayer Junncker- no es ni mucho menos el fin de Europa» y cuando llegue el 29 de marzo de 2019 a medianoche, el instante en que se consumará la salida del Reino Unido, será «un momento triste y trágico que nosotros lamentaremos, pero ustedes aún más». La idea de que el Brexit va a ser mucho peor para los británicos que para los que se queden en la UE es por ahora la corriente de opinión más generalizada, junto a la certeza de que el divorcio va a revelarse como un fenomenal rompecabezas, también sobre todo para los británicos.

La prueba de que esas palabras de Juncker tuvieron efecto evidente sobre los eurofóbos que han estado atizando la llama de la desintegración es que el principal de sus líderes, el populista británico Nigel Farage hizo uno de los discursos más apagados de su vida -y es raro para un histrión como él- en el que incluso parecía arrepentido cuando llegó a decir que «si le hubieran dado a Cameron las concesiones que pedía en materia de control de inmigración, el Brexit no se hubiera producido jamás».

Sin embargo, Juncker da por hecho que la separación se consumará y por ello insiste en que la UE debe dar un paso inmediato para lanzar la señal de que eso no puede bloquear al proyecto comunitario sino más bien al contrario, porque la mayor parte de las propuestas que hizo ayer sobre reformas y nuevas instituciones, habrían sido sencillamente vetadas por Londres. Todo el desarrollo de la Europa de la Defensa, de la integración en materia de inteligencia o la creación de un presupuesto europeo con recursos propios, por no hablar del desarrollo de la zona euro, son políticas que el Reino Unido no habría aceptado jamás. Y en ocasiones da la impresión de que ciertos estrategas europeos se alegran en el fondo de haberse desprendido de esta rémora. Otros temen que los británicos puedan servirse de algunos aliados más reticentes (como Polonia o la República checa) para seguir interfiriendo en el debate político en Bruselas.

De todos modos, la señal que Juncker propone en el escenario inmediato al Brexit es convocar para el día siguiente, el mismo 30 de marzo de 2019, una cumbre extraordinaria de los Veintisiete en la localidad rumana de Sibu, para reafirmar su voluntad de seguir adelante juntos,

De momento, otra de las propuestas que hizo ayer es desarrollar los tratados de libre comercio en todas direcciones, con México y Mercosur en lo más inmediato pero luego con Australia y Nueva Zelanda, lo que representa asegurarse una relación propia con los principales socios de Londres, después del que ya se ha firmado con Canadá. Si no lo es, la propuesta parece una parte de la estrategia negociadora.

Pero la cuestión más delicada es que las elecciones europeas se celebrarán precisamente en mayo de ese año, apenas unas semanas después de la retirada efectiva de los británicos, lo que constituye un elemento muy delicado para los dirigentes europeos, hoy por hoy incapaces de prever si la suma de los dos hechos va a redundar o no en beneficio de las fuerzas populistas euroescépticas,.