Una pareja almuerza en un café en Hong Kong bajo una televisión que muestra al presidente de China, Xi Jinping
Una pareja almuerza en un café en Hong Kong bajo una televisión que muestra al presidente de China, Xi Jinping - AFP

Xi Jinping anuncia «una nueva era del socialismo con características chinas»

El presidente de China inaugura el XIX Congreso del Partido Comunista, que le convertirá en su segundo mandato de cinco años en el líder más fuerte desde Mao

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

Con un discurso que ha durado unas tres horas y media, el presidente de China, Xi Jinping, ha inaugurado este miércoles el XIX Congreso del Partido Comunista de China. Ante los casi 2.300 delegados reunidos en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, entre los que destacaban los expresidentes Jiang Zemin y Hu Jintao, Xi ha desgranado los objetivos del Partido para los próximos cinco años.

«A través de un largo periodo de duro trabajo, el socialismo con características chinas ha entrado en una nueva era, lo que es una nueva dirección histórica en el desarrollo de nuestro país», anunció Xi Jinping. Amparándose en el éxito económico de este modelo autoritario, que ha traído progreso y estabilidad social, el presidente chino rechazó cualquier reforma de carácter democrático al insistir en que «no deberíamos copiar mecánicamente los sistemas políticos de otros países».

Eso no significa que China deje de abrirse, al menos en lo económico y lo social, ya que Xi Jinping prometió relajar el acceso de la inversión extranjera y expandir su presencia en el sector servicios, siguiendo con las reformas orientadas a fomentar el libre mercado. «Las puertas abiertas de China no se cerrarán, sino que se abrirán más», señaló el presidente y también secretario general del Partido Comunista. Frente al proteccionismo que abandera el nuevo presidente de Estados Unidos, el magnate Donald Trump, Xi Jinping quiere erigirse en adalid de la globalización y el libre comercio. Pero China mantiene todavía importantes sectores de su economía, como la energía, el petróleo, las telecomunicaciones, los bancos, y las infraestructuras, en manos de empresas estatales controladas por la «vieja guardia» del Partido Comunista, que no quiere perder sus privilegios con estas reformas. Para calmar sus inquietudes, Xi abogó por “promover el fortalecimiento, la mejora y la expansión del capital estatal, así como prevenir de forma efectiva la pérdida de activos públicos y profundizar en la reforma de estas empresas para desarrollar una economía de propiedad mixta y cultivar firmas competitivas a nivel mundial”.

En este congreso, que marca el ecuador de su mandato, el presidente Xi reforzará su poder tras haberse revelado como un dirigente mucho más decidido y ambicioso que su antecesor, Hu Jintao, tanto en el plano doméstico como en el internacional. Elevado a la categoría de «núcleo» del Partido, saldrá encumbrado de este congreso como el nuevo Mao de China. Buena prueba de ello es que su filosofía política será incluida en la Constitución del Partido, que podría incluso añadir su nombre. Con dicho honor, Xi Jinping se situaría al mismo nivel que Mao Zedong, el “padre de la patria”, y Deng Xiaoping, el artífice de la apertura al capitalismo.

«Un país, dos sistemas»

«Cada uno de nosotros en el Partido debemos hacer más para sostener su liderazgo y el sistema socialista chino y oponernos de forma decidida a todos las declaraciones y acciones que los socaven, distorsionen o nieguen», abogó ante una audiencia entregada, que interrumpía a cada momento su discurso con sonoras rondas de aplausos.

De igual modo, una de sus intervenciones más ovacionadas tuvo lugar cuando dejó claro que Pekín nunca permitirá la independencia formal de Taiwán, la isla que permanece separada “de facto” del autoritario régimen chino desde el final de la guerra civil en 1949 pero solo es reconocida por una veintena de países. «No toleraremos que ningún individuo, organización o partido político, en ningún momento y de ningún modo, divida una sola parte del territorio chino». Una mención que también podía extenderse a la antigua colonia británica de Hong Kong, donde ha cundido el independentismo por el autoritarismo chino pese a que Xi Jinping apostó por mantener el principio de «un país, dos sistemas».

Con la voz quebrada por su largo discurso, que le obligó a beber agua y carraspear varias veces, el presidente chino también recordó la campaña contra la corrupción lanzada desde que tomó el poder en 2012, en la que han sido castigados más de un millón de funcionarios y cuadros del Partido, así como 200 altos cargos locales. Además de depurar con políticas de austeridad esta gigantesca organización política, que cuenta con 89 millones de miembros, Xi Jinping ha aprovechado la lucha contra los corruptos para purgar a sus rivales dentro del Partido. Dentro de su política de «tigres y moscas», que persigue por igual a cuadros básicos que a los más altos gerifaltes, han caído importantes figuras como Zhou Yongkang, antiguo responsable de la seguridad del Estado, Ling Jihua, mano derecha del expresidente Hu Jintao, y Bo Xilai, detenido antes de que Xi tomara el poder por el oscuro asesinato a manos de su esposa, Gu Kailai, del socio británico que les ayudaba a sacar su dinero negro de China, Neil Heywood.

Con estas purgas, el presidente Xi se ha allanado el camino para protagonizar la mayor acumulación de poder desde los tiempos de Mao, que se verá confirmada en este congreso. Al término del mismo, se renovará la cúpula del régimen con la entrada de nuevos miembros en el todopoderoso Comité Permanente del Politburó. Según las normas no escritas del Partido, en teoría deberían retirarse cinco de sus siete miembros al haber alcanzado ya o hacerlo en el próximo lustro la edad de jubilación, fijada en 68 años. Es decir, todos menos el presidente Xi Jinping y su primer ministro, Li Keqiang, que continuarán durante un segundo mandato de cinco años. A ellos se sumarán los nuevos miembros de la «Sexta Generación» de dirigentes comunistas, que deberían tomar el poder en el congreso de 2022 y donde Xi pretende colocar a sus aliados.

Pero aún está por ver si se retira Wang Qishan, quien tiene ya 69 años y es uno de los principales aliados de Xi Jinping al haber dirigido la campaña anticorrupción que le ha librado de sus enemigos dentro del Partido. Su continuidad o no será escrutada con atención. Debido a su carácter autoritario, muchos expertos creen que Xi Jinping podría prolongar su mandato más allá de los diez años que establecen las normas no escritas del Partido para cada presidente, rompiendo así el principio de liderazgo colectivo que ha regido en China para evitar los desmanes que protagonizó Mao. La respuesta, o una pista sobre ella, cuando acabe el XIX Congreso la próxima semana y se conozca la nueva cúpula del régimen.