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El «Jack el destripador alemán» guardaba trozos de cada una de sus víctimas en un tonel del garaje

Manfred Seel, un músico jubilado fallecido en 2014, podría ser un asesino en serie, responsable de la muerte de 14 personas en 43 años

A Manfred Seel se le ha relacionado con la muerte de estas cinco mujeres y el niño de 13 años Tristan Brübach
A Manfred Seel se le ha relacionado con la muerte de estas cinco mujeres y el niño de 13 años Tristan Brübach - BBC
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en: Internacional

El olor era insoportable, por eso Sabine Seel abrió el viejo garaje anexo a la casa de su padre, ya fallecido, dispuesta a sacar de allí algún animal muerto. Armada de guantes, mascarilla y una escoba, desprecintó un tonel de plástico azul del que determinó que procedía la pestilencia, pero lo que encontró no fue un animal, sino lo que le pareció distinguir como un pie humano. Un poco más abajo una sección de un muslo, ya putrefacto. El resto del contenido del tonel fue recuperado por la policía forense y permitió comenzar a atar cabos.

Parte de un cadáver, descuartizado, pertenecía a Britta Diallo, una prostituta que constaba como desaparecida, pero había también restos de otros cuerpos y los investigadores de la policía alemana lo tuvieron bastante claro desde el principio. «Quien mata con semejante crueldad y descuartiza cadáveres con semejante eficacia lo ha hecho más de una vez», explica Holger Thomsen, el encargado de averiguar cómo habían llegado esos restos al garaje de Manfred Seel y que de inmediato comenzó a buscar en las bases de datos policiales.

Seel, un músico jubilado que tocaba el saxofón y el clarinete, había fallecido en agosto de 2014. Un hombre hogareño, que se tomaba una cerveza después de los ensayos con el resto de la banda y que pasaba parte de su tiempo libre el garaje, en medio de sus herramientas, sin que nadie le molestara. Para su familia, las únicas dos mujeres en su vida fueron su mujer y su hija. Su vecino, Erich B., de 71 años, ha reconocido que alguna vez fueron juntos a Fráncfort a «ver mujeres», pero nunca sospechó que Manfred fuera un asesino. «Que haya echado alguna canita al aire, no digo que no, pero que haya levantado la mano contra alguien, eso no puedo creerlo», ha testificado el vecino.

Buscaba prostitutas, mejor drogadictas, primero en Frankfurt pero después en otras ciudades alemanas

La investigación policial, sin embargo, concluía lo contrario. Pronto pudo relacionarse a Seel con la muerte de Gisela Singh, de 36 años y cuyo cuerpo mutilado fue hallado por unos recolectores de setas en 1991 en Hofheim, y con el de Dominique Monrose, de 32, cuyo torso apareció en una bolsa de basura en la cuneta de la A661 en 1993. Y también con el brutal asesinato de Tristan Brübach, de 13 años, cuyo cadáver apareció en 1998 en un túnel de la ciudad de Frankfurt. Esto bastó para que la prensa alemana le atribuyese de inmediato el apodo «Jack el destripador alemán», pero hay más.

Esos primeros hallazgos permitieron establecer el perfil de un «coleccionista de trofeos» que guardaba en su garaje, a solo 15 kilómetros de la estación central de Fráncfort, alguna parte del cuerpo de cada una de sus víctimas. También comenzó a perfilarse un patrón. Buscaba prostitutas, preferentemente drogadictas, primero en Fráncfort pero después en otras ciudades alemanas. Desaparecían para siempre, eran casos no resueltos. «Tristan sale del esquema, posiblemente porque quiso probar algo nuevo», explica el investigador.

Pornografía violenta

Un registro pormenorizado del garaje y de la casa en la que vivió no ha servido para encontrar más restos, pero la policía sospecha que existe un escondite secreto donde atesoraba sus trofeos, cuya ubicación está todavía por descubrir. En su ordenador personal han sido halladas 32.000 fotografías de pornografía violenta y las lesiones que pueden verse en esas imágenes coinciden con las de los cuerpos hallados. La investigación ha abierto una vía en internet.

«El factor decisivo para la atribución de más delitos es ese patrón de lesiones», alega Thomsen, que considera que por ahora pueden atribuírsele hasta 14 asesinatos en 43 años. «Además hay otras similitudes. Los zapatos de la señora Singh fueron colocados cuidadosamente junto a la cabeza. Y también los zapatos de Tristán, cuyo cuerpo fue encontrado en decúbito prono, habían sido minuciosamente ordenados según la misma disposición».

Thomsen mantiene el caso abierto. Faltan por encontrarse partes de algunos cuerpos, como el brazo izquierdo de Britta Diallo. No se descarta el canibalismo, pero los investigadores continúan buscando otro escondite.

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