Escenario de uno de los atentados de ayer en un barrio chií de Bagdad
Escenario de uno de los atentados de ayer en un barrio chií de Bagdad - REUTERS

Irak se ve abocada a la partición en tres países: chií, suní y kurdo

La ola de atentados terroristas en Bagdad lanzada por Daesh subraya el carácter fallido del Estado

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Dos nuevos atentados suicidas con coche bomba en Bagdad –que dejaron ayer más de 40 muertos y varios centenares de heridos– hacen temer el comienzo de una campaña imparable de ataques de Daesh en la capital iraquí para terminar de desestabilizar el gobierno. El pesimismo, tanto en Bagdad como en las capitales aliadas occidentales, es la tónica general. El Gobierno de la mayoría chií que preside Al Haider sigue sumido en la lucha interna por el poder entre tribus y clanes, que la última remodelación no ha hecho más que agravar.

Más de 140 civiles muertos en atentados indiscriminados con bomba desde el miércoles pasado ilustran el caos y la desesperación ciudadana. Los detectores de explosivos dejados por los norteamericanos no funcionan. Los controles policiales en los alrededores y en el interior de Bagdad no filtran a los terroristas, y solo sirven para aumentar los embotellamientos y paralizar el comercio. Nunca se había sentido tanto como ahora el nivel de orfandad de autoridad y de gobierno, desde los peores momentos de la guerra civil que siguieron a la caída de Sadam Husein.

El debate sobre la partición de Irak en tres países –uno para los árabes musulmanes chiíes (mayoritarios en Irak), otro para los árabes suníes (la corriente de Sadam), y otro para los kurdos (una etnia diferente, mayoritariamente suní pero muy nacionalista)– ha vuelto a ponerse sobre el tapete con fuerza. Cada vez más expertos, dentro y fuera de Irak, la ven como la menos mala de las soluciones para evitar el descalabro final.

Los kurdos son los primeros en querer romper la baraja. El presidente de la entidad autónoma del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, pidió ayer oficialmente al Gobierno de Al Haider un «diálogo serio» sobre las diferencias entre Erbil –su capital– y Bagdad. Dadas las enormes competencias autonómicas que ya tiene el Kurdistán, la cuestión real es la negociación de la independencia.

Dosis de realismo

«Los kurdos no son responsables de la actual situación. La responsabilidad es de quienes dividieron la región hace cien años, y también de las políticas falsas de las autoridades de Bagdad, que han intentado crear estabilidad utilizando las armas, pero han fracasado», dijo el presidente Barzani. El comunicado tuvo como excusa el aniversario del acuerdo Sykes-Picot, por el que hace ahora cien años el Reino Unido y Francia se repartieron Oriente Próximo, creando las actuales fronteras de los países árabes que muchos consideran artificiales.

Los kurdos tienen cierta homogeneidad en el norte de Irak. Su capital indudable sería Erbil. Tienen contenciosos graves con Bagdad, entre las que destaca la gestión del petróleo en su territorio. Pero en el plano internacional se levanta un obstáculo más imponente: sería el primer Estado nacional kurdo, una etnia que también está muy presente en Siria y sobre todo en Turquía.

Suníes y chiíes tienen zonas donde su presencia es mayoritaria, y otras –en el centro y sur de Irak– donde están muy mezclados. Aquí la partición se presenta problemática. La capital del Irak chií sería sin duda Bagdad, y la del Irak suní psoblemente Mosul, la segunda del país en población. «Pequeño» inconveniente: desde junio de 2014 la ciudad está en manos de los yihadistas suníes de Daesh, que ya han proclamado un «califato» que comprende sus territorios conquistados en Irak y en Siria. En los últimos meses, Daesh ha perdido el 40 por ciento de territorio en Irak y el 10 por ciento en Siria, pero sigue siendo letal, como demuestra su campaña terrorista en Bagdad.

En una eventual partición de Irak, el pariente pobre será sin duda la población cristiana árabe. Expulsados de Mosul, diezmados por la guerra civil y en buena parte forzados al exilio, los árabes cristianos de Irak se verían condenados a ser ciudadanos de segunda en tres regímenes musulmanes que solo piensan hoy en términos de poder, clan y religión.

La inacción de la Administración Obama, que no tiene perspectivas de cambiar tras las elecciones norteamericanas, empuja hacia la división de Irak. Ali Khedery, asesor de embajadores y de generales norteamericanos, declaró hace días a «The New York Times» que la partición de Irak parece ser el único remedio. «Es una solución imperfecta para un mundo imperfecto», sentenció.