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Incendios, un mal endémico que Lisboa no sabe cómo atajar

La vegetación, los intereses económicos y la impunidad alimentan los desastres en Portugal

Una mujer horrorizada por la tragedia en Pampilhosa da Serra, en el centro de Portugal, este domingo
Una mujer horrorizada por la tragedia en Pampilhosa da Serra, en el centro de Portugal, este domingo - EFE
F. C. Pedrógao Grande - Actualizado: Guardado en: Internacional

Los incendios se han convertido en un mal endémico en Portugal. Desde hace años, demasiados años, miles de hectáreas se ven arrasadas por las llamas -bien sean accidentales o intencionadas-, a lo que hay que añadir las pérdidas humanas, sin que hasta el momento se haya encontrado la manera de frenarlas. En 2003, el número de incendios ya adquirió cifras alarmantes, dejando tras de sí 20 muertos. Y desde entonces la situación no ha mejorado. Pero ¿cuáles son las causas que están detrás de estas catástrofes tan recurrentes?

Un informe publicado por «Ecologistas en acción» señaló a las causas estructurales como el principal problema que alimenta a los incendios. Unas causas de muy amplio espectro. Uno de los factores es el tipo de vegetación que predomina en el país luso: el cultivo de pino y eucalipto, especies que son altamente combustibles, «debido respectivamente a las resinas y los aceites. Estos terrenos son mucho más vulnerables al fuego que los ocupados por robles, alcornoques, encinas y otras especies autóctonas», asegura el informe.

Terrenos que hace décadas estaban destinados a la agricultura de subsistencia son hoy espacios yermos
A esto se suma que todo el espacio rural y forestal «está desertificado en términos humanos; las aldeas están envejecidas a causa de la emigración a las ciudades y el uso de la vegetación se ha alterado sustancialmente». De esto se deducen tres efectos que contribuyen a la vulnerabilidad al fuego: primero, los terrenos que hace algunas décadas estaban destinados a la agricultura de subsistencia han dado lugar a espacios yermos y a manchas dispersas de vegetación; segundo, las masas arbóreas dejaron de ser utilizadas para leña y uso ganadero; tercero, desapareció la población de las aldeas, primera fuerza de prevención y combate de los incendios.

Hay asimismo una gestión insuficiente de las zonas afectadas, ya que el Estado mantiene apenas un 3% del territorio, «correspondiendo otro 12% a terrenos baldíos casi sin gestión. El restante 85% pertenece a medio millón de propietarios repartido en superficies con una dimensión media de 5 hectáreas (aún menos en las regiones más vulnerables, y estando frecuentemente la propiedad segmentada en varias parcelas)». Como es obvio, semejante situación dificulta cualquier gestión coherente. Un ordenamiento adecuado sólo sería posible mediante el asociacionismo agrario, algo que en Portugal está todavía en sus comienzos.

Falta de medios

A esto hay que añadir que los diversos servicios estatales responsables de la lucha contra los incendios «sufren graves carencias en medios humanos, materiales, de formación y de coordinación, siendo muy escaso el número de retenes».

Otro de los gravísimos problemas es la impunidad de este tipo de sucesos. Los fuegos provocados son frecuentes y raramente se penalizan. Según el informe, los incendios tienen dos orígenes principales: los pirómanos (influidos negativamente por los mensajes morbosos de los medios de comunicación) y «los intereses económicos o personales».

Este relajamiento en el castigo deriva en la falta de responsabilidad y en una «negligencia» que resulta demasiado frecuente, que da lugar «a fuegos fuera de control por colillas y hogueras mal apagadas».

Entre las soluciones a todos estos problemas, el informe señala varias, entre las que destaca la necesaria coordinación en el combate a los incendios, «dejando de lado la lógica de los feudos y creando sistemas que funcionen», apunta; así como, destaca, la necesidad de desmontar los intereses económicos. «Es lícito sospechar que muchos incendios están relacionados con intereses económicos diversos, por ello es necesario eliminar las situaciones que reportan beneficios después de un incendio forestal».

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