El pasado tenebroso de la nueva directora de la CIA en una cárcel de torturas

En la agencia de inteligencia, Haspel jugó un papel importante en la tortura de sospechosos de terrorismo tras el 11 de Septiembre, con Tailandia como primer destino

WASHINGTONActualizado:

Donald Trump podía presumir ayer, y lo hizo abiertamente, de situar al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a la primera directora desde que viera la luz en 1947. Gina Haspel, hasta ahora adjunta al también nombrado ayer secretario de Estado, Mike Pompeo, asumirá la responsabilidad treinta y tres años después de su ingreso en el más conocido de los centros de inteligencia de Estados Unidos. Es la culminación de una brillante carrera, que le ha permitido recibir las más destacadas condecoraciones, como la de la Excelencia en Contraterrorismo o la Medalla al Mérito en la Inteligencia. Aunque la sombra de torturas en la agencia durante la etapa presidencial de George W. Bush complicó su trayectoria cuando el sucesor en la Casa Blanca, Barack Obama, emprendió cambios de alto calado en la CIA para intentar borrar un pasado muy controvertido, también el suyo propio.

La polémica persigue a Haspel desde su etapa de agente clandestina, durante la cual supervisó dos interrogatorios con torturas en una cárcel secreta de la CIA en Tailandia. Era el año 2002, en el que, bajo un programa oculto aprobado por la agencia, se sometía entonces a muchos detenidos a numerosas vejaciones. Entre ellas, el conocido “waterboarding” (simulacro de ahogamiento en el agua) y otras duras técnicas para obtener información. El caso que se recuerda de Haspel es de los interrogatorios a Abu Zubaydah y Abd al-Rahim al-Nashiri. En el caso del primero, se registraron hasta 83 “waterboarding” en un mes, así como innumerables golpeos contra la pared. La controversia se agravó después de que en 2005 se ordenara desde Washington la destrucción de las cintas de vídeo que mostraban los interrogatorios, una decisión por la que el entonces jefe de los Servicios Clandestinos de la CIA, Jose Rodríguez, y la propia Haspel se han venido culpando desde entonces. El hecho es que el nombre que aparecía en la orden que se dio desde el servicio es el de la supervisora de las torturas.

Los ocho años de “limpieza” en la Agencia que intentó aplicar Obama frenaron la carrera de Haspel. Incluso a pesar de que recién llegado a director de la CIA, John Brennan decidiera nombrarla en 2013 adjunta al Servicio Nacional Clandestino, con responsabilidad en todo el mundo. Las críticas internas al pasado de Haspel hicieron casi imposible su labor.

La Administración Trump ha venido a recuperar a Gina Cheri Haspel (1956). Primero, cuando Pompeo la nombró su adjunta al tomar posesión de la dirección de la CIA, en febrero del año pasado. Ahora, con su encumbramiento a la dirección. Son nuevos tiempos. Su hasta ahora jefe en la Agencia nunca ha ocultado ser partidario del uso de torturas a sospechosos que ponen en riesgo la seguridad de Estados Unidos. Con el añadido de calificar de “patriotas” a quienes las promueven y las ejecutan. A lo que hay que añadir el respaldo explícito del propio Donald Trump, quien se ha mostrado desde la campaña electoral un ferviente partidario de cualquier tipo de vejación a todos los potenciales terroristas, en beneficio del interés del país.