La policía francesa cerca del suburbio donde ocurrió el atentado - EFE | Vídeo: El terrorista de París grabó un vídeo jurando lealtad al Daesh antes del ataque (ATLAS)

La galaxia yihadista se aproxima al corazón urbano de París

Kahamzat Azivov, el joven francés nacido en Chechenia, autor de la matanza de la noche del viernes, cerca de la Ópera (Garnier), vivía a quince minutos de la Asamblea Nacional

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Los autores materiales de los trece atentados terroristas perpetrados en París y su periferia, en los último tres años, vivían en la «banlieue», los suburbios la capital, beneficiándose de la eficacia de los transportes públicos para moverse y «perderse» en la ciudad y su periferia.

El atentado de la noche del viernes marca un nuevo jalón en la amenaza yihadista, con dos dimensiones inéditas, hasta ahora.

El joven francés nacido en Chechenia que mató a un un transeúnte e hirió a varios, con un arma blanca, gritando «¡Alá es grande!», forma parte de una todavía mal conocida «galaxia chechena», con implantación en el este de Francia (Estrasburgo), y, por vez primera, igualmente, en la capital, París.

Transeúntes salen de metro de Paris
Transeúntes salen de metro de Paris - JPQ

Todos los autores materiales de los trece atentados de los tres últimos años, habían crecido y vivían en los suburbios. Kahamzat Azivov cursó sus estudios de bachillerato, francés, en un instituto de Estrasburgo y vivía en París con su hermana y su madre, musulmanas piadosas aparentemente alejadas del fanatismo criminal del hijo y hermano.

Los Azivov vivían en un barrio del norte de París, muy bien comunicado, con una línea de metro, directa, que permite llegar a la Asamblea Nacional en quince minutos cortos.

Esa facilidad del transporte público no salva a la calle donde vivía el asesino de encontrarse en un barrio en otro tiempo «proleta», muy multicultural, hoy, entre la Chapelle y la calle Pajol donde vivía el joven francés de origen checheno. Desde hace meses, la prensa popular denuncia la conversión de ese barrio en una «amenaza» para las mujeres que caminan solas, en la frontera norte de la capital y los suburbios, una tierra de nadie propicia a los vagabundeos y comercios más «problemáticos», de la prostitución ocasional a diversos tráficos con sustancias tóxicas.