Pedro Rodríguez - De lejos

Entender a Putin

Conviene recordar la historia ocurrida el 5 de diciembre de 1989, tras la caída del Muro de Berlín

Pedro Rodríguez - De lejos
Actualizado:

La estrategiadel bluf -encaminada a impresionar, engañar, acobardar o desorientar- suele estar asociada a los juegos de mesa. Aunque dentro de la actual epidemia iliberal de «hombres fuertes», el faroleo es otra forma de hacer política. Eso sí, los mejores resultados solo están al alcance de los autócratas más inescrutables con respecto a la verdad y la mentira, aquellos con la mejor cara de póquer y los que son capaces de apostar fuerte con las peores cartas.

Putin, con diferencia, es el epítome de esta oleada de machos alfa cabreados cuyo éxito solo se explica como reacción a una sobredosis de cambios. En el caso de Rusia, toda la corrupción, el caos y la impotencia sufrida en la década de los noventa tras el colapso de la URSS. Y con la excusa de restaurar/resucitar la Rusia que fue centro de un imperio durante tres siglos, Putin acaba de tomar posesión de su cuarto mandato presidencial tras 18 años de poder omnímodo.

Para entender a Putin conviene recordar la historia ocurrida el 5 de diciembre de 1989, a los pocos días de la caída del muro de Berlín. El entonces teniente coronel del KGB estaba destinado en Dresde. La muchedumbre ya había asaltado el cuartel de la Stasi, la aborrecible policía secreta de la Alemania comunista, y una parte decidió dirigirse a las instalaciones del servicio secreto soviético.

El reducido grupo de agentes de servicio estaba ocupado destruyendo documentos. Putin no localizaba a sus superiores, no conseguía que nadie le enviase refuerzos y nadie contestaba en Moscú a sus llamadas. Finalmente, Putin salió a la puerta de las oficinas del KGB diciendo algo así como: «Esto es territorio de la Unión Soviética. Mis camaradas están armados y autorizados para disparar».

El farolazo funcionó y los manifestantes se dispersaron. Y desde entonces, a partir del trauma de «Moscú está callado», Putin no ha hecho más que cambiar las reglas para su conveniencia hasta construir un régimen basado en el autoritarismo en lo político, el capitalismo de amiguetes en lo económico y el nacionalismo en lo ideológico.

PEDRO RODRÍGUEZPEDRO RODRÍGUEZ