Elecciones en JapónAbe intentará reformar la Constitución pacifista de Japón tras su arrolladora victoria

Aunque la coalición gobernante obtuvo más de dos tercios del Parlamento, deberá vencer las reticencias de la mayoría de la sociedad en un referéndum

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

Un tifón ha sacudido hoy a Japón con lluvias torrenciales mientras otra fuerza de la naturaleza, pero de carácter político, empujaba a la sociedad nipona hacia su mayor cambio desde la Segunda Guerra Mundial. Tal y como se preveía, el primer ministro, Shinzo Abe, ha ganado las elecciones al Parlamento por una amplia mayoría que le deja las manos libres para llevar a cabo su pretendida reforma de la Constitución pacifista de Japón, que persigue desde hace años.

Con el escrutinio casi finalizado y solo diez escaños por asignar, la coalición gobernante liderada por Abe, formada por el Partido Liberal Democrático (PLD) y la formación budista Komeito, había obtenido 312 de los 465 asientos del Parlamento. Con dicha supermayoría, superior a los dos tercios de la cámara, Abe puede convocar un referéndum para modificar el artículo 9 de la Carta Magna, que renuncia a la guerra al prohibir al Gobierno ordenar operaciones militares en el extranjero que no sean de estricta autodefensa.

Aunque dicho punto ya fue reinterpretado en 2003 para permitir que 600 soldados nipones acudieran en misión de paz a Irak, Abe quiere acabar con las limitaciones legales que pesan sobre las Fuerzas de Autodefensa, como se denomina al Ejército nipón. Su objetivo es que las tropas japonesas puedan salir al extranjero para ayudar a un aliado, léase Estados Unidos en caso de conflicto con Corea del Norte o China, incluso aunque su territorio nacional no se vea amenazado. Para ello, debe contar con el apoyo de dos tercios del Parlamento y ganar por mayoría simple un referéndum. Aunque Abe se aseguró ayer lo primero, el apoyo popular a la reforma de la Constitución no le resultará tan fácil por las reticencias de la mayor parte de la sociedad nipona a enterrar su espíritu pacifista.

«El cambio en la Constitución no se decide en las elecciones ni en el Parlamento, sino a través de un referéndum nacional. Tenemos que buscar la comprensión del público», ha declarado Abe

«El cambio en la Constitución no se decide en las elecciones ni en el Parlamento, sino a través de un referéndum nacional. Tenemos que buscar la comprensión del público», ha declarado Abe a la televisión estatal NHK tras conocer el escrutinio. A su juicio, «los resultados reflejan la preferencia de los votantes por una base política sólida y sus esperanzas de que sigamos avanzando con nuestras políticas y cumplamos nuestros objetivos».

Consciente de la debilidad de la oposición, el primer ministro había adelantado estos comicios cuando aún le quedaba un año de mandato. Algo que ya hizo en 2014, cuando solo llevaba dos años en el cargo, y que le permite ser el primer ministro que más tiempo ha gobernado de las últimas décadas. En Japón, donde los jefes de Gobierno apenas venían durando un año por un motivo u otro, Abe ha conseguido mantener la estabilidad política para llevar a cabo las reformas que necesita el país, sobre todo económicas. Un auténtico logro para el inestable panorama nipón y, muy especialmente, para Shinzo Abe, quien ya fue primer ministro en 2006 y no duró más que un año en el cargo, que abandonó por motivos de salud tras una cadena de escándalos que se cebaron con su Gobierno.

Liquidar a la oposición

Fortalecido tras aquel fracaso, Abe recuperó el poder en 2012 y, desde entonces, ha sabido jugar a la perfección sus cartas para liquidar a la oposición y garantizarle a su partido holgadas victorias electorales. Aunque su último gabinete se había visto sacudido por varios casos de corrupción y algunos fiascos políticos, que habían mermado su popularidad hasta sus niveles más bajos, el primer ministro sabía que nadie podía plantearle batalla en estos momentos. Por el contrario, haber esperado hasta agotar la legislatura el próximo año habría equivalido a darle tiempo a sus rivales para reforzarse mientras su imagen seguía deteriorándose.

Esgrimiendo la necesidad de un liderazgo fuerte para hacer frente a la creciente amenaza de Corea del Norte, que ha disparado dos misiles sobre Japón en los últimos meses, Abe ha protagonizado una jugada maestra de astucia política. Buena prueba de ello es que la oposición ha quedado dividida en dos grupos, uno de izquierdas y otro de derechas, que solo suman un centenar de escaños.

A pesar de las buenas expectativas que se le auguraban al Partido de la Esperanza (Kibo no To), liderado por una figura en auge como la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, dicha formación conservadora solo había obtenido 49 escaños al cierre de esta edición. Aunque Koike no se presentaba a estos comicios porque en verano ganó las elecciones al gobierno local de Tokio, los expertos le auguraban un mejor resultado a su nuevo partido nacional, que se postulaba como alternativa al hegemónico PLD, en el poder desde el final de la Segunda Guerra Mundial salvo breves intervalos de gobiernos socialistas.

En realidad, la muy conservadora Koike solo se diferencia de Abe en su oposición a las centrales nucleares, que el Gobierno quiere volver a poner en marcha tras el desastre de Fukushima en 2011.

Inyección económica

Por su parte, el Partido Constitucional Democrático, escindido de la formación de izquierdas que gobernó entre 2009 y 2012, cosechó medio centenar de escaños bajo el liderazgo de Yukio Edano, que rechaza modificar la Carta Magna.

Con tan pobres resultados, ninguno podrá detener a Abe. Además de los cambios en la Constitución, que encontrarán un fuerte rechazo social, el primer ministro seguirá con sus inyecciones de dinero en la economía y subirá dentro de un año el impuesto al consumo, del 8 al 10 por ciento. Para asegurarse la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, deberá cambiar también las normas de su partido, que prohíben más de dos mandatos. Tras su arrolladora victoria, nada parece imposible para Abe.