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El Ejército sirio da un golpe mortal a Daesh tras liberar la histórica Palmira

Los próximos objetivos del régimen de Damasco son Raqqa y Deir Ezzor

Corresponsal en JerusalénActualizado:

Después de un año en manos del grupo yihadista Daesh, la histórica Palmira y Tadmur, la ciudad moderna levantada junto al conjunto arqueológico declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, vuelven a estar bajo control del Gobierno de Damasco. Han sido necesarias varias semanas de combates y una intensa campaña de apoyo aéreo ruso para acabar con la resistencia de unos yihadistas que, al mismo tiempo que siembran el terror en Europa con ataques como el de Bruselas, pierden terreno en Siria y en Irak, donde hace tres meses también fueron expulsados de Ramadi, capital de la provincia de Anbar.

«El trabajo del ejército, con la ayuda aérea rusa, no se va a detener en Palmira y seguiremos luchando hasta erradicar el terrorismo», declaró el portavoz militar en un discurso televisado a la nación, en el que abrió las puertas a una operación a mayor escala cuyos próximos objetivos serán Deir Ezzor y, sobre todo, Raqqa, la capital de Daesh en el lado sirio del «califato».

Además de una victoria simbólica por el peso histórico que tiene Palmira, se trata también de una victoria estratégica porque se va a convertir en una especie de «plataforma para expandir las operaciones militares» a estos dos nuevos puntos, adelantaron los mandos sirios. Una estrategia que si se coordina con Irak puede resultar decisiva en la lucha contra los seguidores del «califa» Ibrahim.

Eel ejército de Irak trata de acercarse a Mosul para acabar con la capital de Daesh en ese lado del «califato»

La liberación de Palmira, calificada de «golpe mortal» al «califato» por el ejército de Siria, ha sido tan rápida como su pérdida hace un año a manos de los seguidores del «califa». Entonces el ejército estaba en sus horas más bajas y los soldados, cansados, mal equipados y con la moral por los suelos huyeron en desbandada cuando los yihadistas asaltaron la ciudad e izaron su bandera negra en este oasis, un punto clave para sus comunicaciones internas situado a tan solo 240 kilómetros de Damasco.

Esta derrota humillante, unida a la pérdida de la provincia de Idlib, en este caso a manos del Frente Al Nusra, el brazo de Al Qaida en Siria, obligó a Moscú a mover ficha y comenzar una operación militar que sigue abierta y que ha devuelto al régimen a una posición de fuerza en un momento clave. Aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció la retirada de sus tropas, los aviones rusos realizaron 40 salidas en las últimas 24 horas de la batalla decisiva por Palmira. El Ministerio de Defensa informó de que alcanzaron 117 objetivos y mataron unos 80 enemigos. Rusia ha sido desde el primer día un aliado diplomático y militar de Damasco, y su ayuda ha sido decisiva en los momentos clave de los últimos cinco años de guerra.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) describió lo ocurrido en Palmira como «la mayor derrota» sufrida por Daesh desde su establecimiento y su director, Rami Abdulrahman, elevó a 400 el número de bajas sufridas entre las filas de unos yihadistas que, a través de las redes sociales, apenas colgaron que habían podido realizar dos operaciones suicidas en la defensa de Palmira, pero no dieron más datos.

El organismo con sede en Londres, pero con una amplia red de colaboradores sobre el terreno, dijo también que 180 soldados del ejército murieron en los combates de los últimos días. La prioridad de las autoridades sirias pasa por asegurar la zona lo antes posible para permitir el regreso de los civiles a Tadmur, ciudad que antes de la guerra tenía 50.000 habitantes.

Búsqueda de explosivos

Los soldados registran cada casa, cada calle para localizar posibles objetos explosivos improvisados dejados por el enemigo, una práctica habitual como se ha visto en otras ciudades de las que Daesh ha sido expulsado. Los yihadistas siembran de bombas trampa las localidades que ha ocupado antes de replegarse. Los expertos también irán llegando en las próximas horas para evaluar los daños sufridos en el patrimonio, algunos causados por la agenda de «limpieza cultural» de los yihadistas, pero otros por la dureza de los combates.

Mientras los canales sirios y rusos mostraban las primeras imágenes de la conocida como «perla del desierto» tras la salida de Daesh, los presidentes de ambos países mantenían una conversación telefónica para felicitarse por la victoria. «Bashar Al Assad ha valorado la ayuda de Rusia y ha insistido en que esta victoria no habría sido posible sin nuestro apoyo», reveló Dmitry Peskov, portavoz presidencial, a la agencia Tass, antes de adelantar que Rusia mantendrá el apoyo firme a Damasco en la lucha contra el terrorismo.

El presidente sirio señaló que esta victoria demuestra «la efectividad de la estrategia seguida por el ejército sirio y sus aliados en la lucha contra el terrorismo». Después de ser repudiado por Occidente, Assad quiere mostrar al mundo que es un socio fiable en la lucha contra Daesh, una lucha en la que la efectividad siria «es lo contrario a la falta de seriedad de la coalición con más de 60 países que lidera Estados Unidos y que no han conseguido demasiado desde su establecimiento hace un año y medio», según el mandatario en declaraciones recogidas por la agencia Sana.

La liberación de Palmira se produce al mismo tiempo que el ejército de Irak trata de acercarse a Mosul para acabar con la capital de Daesh en ese lado del «califato». Una operación que se presenta más larga y complicada ya que el grupo tiene su origen en suelo iraquí y es donde más arraigo tiene entre la población suní local, que teme la venganza de las milicias chiíes que combaten en la primera línea de las fuerzas iraquíes.