Mike Pompeo durante su discurso en el Heritage Foundation
Mike Pompeo durante su discurso en el Heritage Foundation - REUTERS

EE.UU. promete aplicar a Irán las «sanciones más fuertes de la historia»

El secretario de Estado Mike Pompeo asegura que impondrán una presión financiera sin precedentes al régimen iraní

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

El paso adelante de Donald Trump y sus asesores para combatir la «amenaza iraní» avanza a marchas forzadas. Después de la ruptura unilateral del acuerdo nuclear de 2015, cuestionada por el resto de la comunidad internacional, este lunes la Administración estadounidense subió un segundo escalón con el anuncio de sus exigencias para suscribir un nuevo pacto con Teherán. Un demoledor dodecálogo dirigido al corazón del régimen de los ayatolás, obligado a decidir entre la renuncia plena a sus aspiraciones geopolíticas y militares en Oriente Próximo o el estrangulamiento de una economía que no se ha recuperado ni en los tres años desde el levantamiento de los últimos castigos económicos.

La expresión del secretario de Estado, Mike Pompeo, resume por si sola todas las intenciones de la nueva estrategia norteamericana: «Vamos a aplicar a Irán las mayores sanciones de la historia». Una forma implícita de reconocer que el encontronazo es cuestión de tiempo. A medida que Washington descubre sus cartas, se reduce el margen para un entendimiento, no sólo con Teherán, en un callejón sin salida ante la dureza de las demandas, sino también con los aliados europeos, conscientes de que la determinación de Trump no tiene marcha atrás y de que la actividad comercial de sus empresas va a quedar comprometida. La apertura del nuevo jefe de la diplomacia estadounidense a negociar un nuevo acuerdo nuclear sonó ayer a un brindis al sol previo a la batería de requerimientos que Irán no va a cumplir.

Al punto de partida

La relación de demandas supone en la práctica la vuelta al punto de partida previo al acuerdo nuclear que el presidente Obama suscribió con toda la comunidad internacional. Entonces, pese a la continua aplicación de sanciones, Teherán había logrado desarrollar su actividad de enriquecimiento de uranio y reprocesamiento de plutonio hasta situarse a las puertas de su gran objetivo: la capacidad de contar con armas nucleares. El mensaje que envió ayer Pompeo pretende ser alternativa al aplazamiento de diez años, hasta 2025, que supone el acuerdo en vigor, que su antecesor John Kerry, uno de sus muñidores, calificó de «el menos malo de los posibles». No en vano, el dodecálogo de Pompeo otorga el carácter de indefinidas a todas las renuncias iraníes.

EE.UU. reabre ahora el melón, no para la renegociación y la escritura de otro pacto, sino para frenar frontalmente la creciente influencia de Irán en Oriente Próximo, reforzada peligrosamente con la victoriosa implantación en Siria, según Washington. Con el apoyo de Israel y Arabia Saudí, los dos enemigos de Teherán casi por definición y a los que Pompeo cita expresamente en sus advertencias, la nueva filosofía norteamericana se resume así: «Irán tiene derecho a defender a su gente, pero sus acciones no pueden poner en peligro al resto del mundo».

La esencia de las demandas estadounidenses apunta a impedir, «para siempre», la consolidación del país persa como potencia nuclear, que amenazaría la existencia de los aliados israelí y de los países del Golfo. Para ello, avisa a Irán de que debe poner fin a toda su actividad nuclear, pero «de manera tangible, demostrada y sostenida», para lo que le insta a informar de todas sus plantas y actividades a la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA). Pero va más allá del contenido del actual acuerdo, al exigir al régimen parar «el desarrollo de misiles balísticos». La otra prioridad señala a los apoyos que mantiene Teherán a los grupos terroristas, bien sean milicias ajenas (Hizbolá, Hamás…), como grupos propios (Qods Force).

Como era de esperar, la primera autoridad iraní, el presidente Rohaní, rechazó pocas horas después las demandas de EE.UU., al que advirtió de que «el resto del mundo no dejará que decidan por ellos». Y descalificó a Pompeo: «¿Quién eres tú para decidir el futuro de Irán y de los demás?».