La ciudad alemana de Lübeck
La ciudad alemana de Lübeck - Matías Nieto Koenig

Doce refugiados entran en Alemania en un contenedor de carga

Los primeros resultados de la investigación policial abierta señalan que el transporte contaba con apoyo desde dentro del sistema aduanero

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Domingo, nueve de la mañana, puerto de Lübeck. Un empleado que revisa un bloque de contenedores recién llegados de Escandinavia percibe unos extraños sonidos que proceden de uno de los cajones de metro y medio de alto por tres de largo y menos de dos de ancho. Entreabierto el precinto, un hombre surge del contenedor y avisa que «dentro hay más gente». La policía acude a la llamada y abre del todo el contenedor, hallando dentro a doce refugiados que habían ingresado así ilegalmente al país, entre ellos seis niños y dos bebés lactantes. Al abrirse la tapa del contenedor terminaba para ellos un viaje que comenzó meses antes en Nigeria y Sierra Leona. Las familias habían hecho por su cuenta el trayecto en barcaza hasta Italia, donde un traficante de personas organizó el traslado camuflado en un transporte de mercancías con destino al norte de Alemania. No portan documentación de sus países de origen. Antes de ser trasladados al hospital para ser tratados por deshidratación, varios de ellos declararon que su meta final era Escandinavia.

Los primeros resultados de la investigación policial abierta señalan que el transporte contaba con apoyo desde dentro del sistema aduanero. Los cierres del contenedor no estaban precintados, para facilitar la apertura en caso de peligro de asfixia, y este detalle difícilmente es pasado por algo en un control fronterizo. Los exámenes médicos preliminares son positivos y señalan que los dos bebés han nacido como refugiados, durante el proceso de huida de los países de origen de sus padres, por lo que el establecimiento de su nacionalidad se presta a confusión añadida.

No es la primera vez que la policía alemana se enfrenta a un caso de este tipo. El pasado mes de marzo, catorce refugiados africanos treparon a un tren en el norte de Italia, según su propio relato, y se escondieron en un contenedor de carga hasta llegar a Weil am Rhein, donde fueron interceptados a punto de congelarse en la estación de Weil am Rhein. La policía considera que se trata de viajes organizados, no espontáneos como ellos sostuvieron, y que los traficantes de personas que el año pasado transportaban por carretera estos cargamentos de hasta 15 personas prefieren ahora el transporte de mercancías debido a los tupidos controles de tráfico establecidos por la policía alemana.

«Los controles fronterizos han logrado disminuir el número de refugiados que ingresa en Alemania, pero la mayoría lo siguen intentando y como consecuencia empeoran gravemente las condiciones en las que realizan el viaje», explica Marion Kraske, de la Fundación Heinrich Böll, que subraya que otras rutas, como la de los Balcanes, se han reactivado en los últimos meses.

En Sarajevo, en los parques alrededor de la Biblioteca Nacional, permanecen instalados en tiendas de campaña permanentemente varios cientos de refugiados a los que los organizadores de viajes clandestinos van dando salida en la medida de sus posibilidades. Sellada oficialmente a principios de 2016, esta ruta sigue facilitando la entrada a miles de personas, según el Centro de Protección y Ayuda a Solicitantes de Asilo (APC-CZA), en Belgrado, cuyos empleados reconocen que «casi todos ellos expresan el deseo de llegar, definitivamente, a Alemania».

Este goteo se sigue sumando al millón y medio de refugiados ingresados ya en Alemania y a los 10.000 añadidos que el país recibirá en el marco del programa de reubicación de la UE hasta 2019, para solicitantes de asilo del norte de África y de Oriente Medio. A pesar de que las autoridades alemanas han dado por superada la crisis de los refugiados, la policía continúa reconociendo dificultados irresolubles, como la que plantea el hecho de que exista un mercado de documentos legales expedidos en Alemania, principalmente de solicitantes de asilo con estatus reconocido en el país, y que se traspasan unos a otros aprovechando la dificultad de identificación que plantea el hecho de que hayan entrado en el país sin documentación o voluntariamente la hayan ocultado.

«En las redes sociales se ofrecen sobre todo documentos de viaje alemanes», por regla general de «solicitantes de asilo con estatus reconocido», señala un infore de Inerior según el cual el proceso es el siguiente: un refugiado reconocido en Alemania viaja, por ejemplo, a Turquía, vende por el camino sus papeles y en caso de querer regresar a territorio alemán, denuncia la pérdida de la documentación y solicita una copia en un consulado alemán asesorado en todo momento por los compradores, que utilizan la documentación perfectamente válida para ingresar en Alemania.

Desde finales de 2016 se registra en Turquía un aumento del número de personas, sobre todo sirias, que denuncian en las embajadas de algún país de la Unión Europea la pérdida de documentación personal expedida en un estado comunitario, aunque las autoridades creen que «los documentos para viajar fueron vendidos o traspasados de alguna otra manera». Grecia es el principal país donde se trafica con estos documentos, pues con ellos es posible subir, sin controles fronterizos, a un avión que viaje a Estocolmo, Fráncfort o Amsterdam. En 2017 aumentó hasta el 22 % la cifra de ingresos ilegales a Alemania por vía aérea, frente al 9% en 2016.