Sebastian Kurz se dirige a los medios tras reunirse con el presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, este jueves en Viena,
Sebastian Kurz se dirige a los medios tras reunirse con el presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, este jueves en Viena, - Reuters

Derecha y populistas cierran un acuerdo de gobierno en Austria

A los dos partidos los une su rechazo a la llegada masiva de inmigrantes

Enviado especial a VienaActualizado:

Austria ya tiene un nuevo gobierno. Será presentado el próximo día 20. Bajo el primer ministro más joven de Europa, Sebastian Kurz, de 31 años, será un gobierno de claro perfil de derecha que rompe una larga tradición de política socialdemócrata en Viena. El conservador Partido Popular (ÖVP) y el derechista Partido Liberal (FPÖ) forman un gobierno que se espera se distancie claramente de la política social-liberal practicada siempre por Austria en sintonía con su gran vecino septentrional, Alemania. Se endurecerán las condiciones en el sistema de ayudas sociales, habrá rigor en el gasto público y liberalización para mayor competencia, se extremará el control migratorio, prioridad para la seguridad, habrá una política de protección de la familia y una reforma contundente de la educación con métodos más exigentes.

Muchos austriacos esperan con entusiasmo y otros temen con angustia que realmente sea Austria donde comience ahora el desmantelamiento del entramado legal y social generado durante medio siglo por el sesentayochismo político y cultural con una clara hegemonía de la izquierda en todos los campos de la vida social. Este gobierno es la primera gran esperanza de liquidar las estructuras del consenso social que en su día se consideraron ejemplares y hoy son una plaga paralizante. Se cree probable una aproximación a la política euroescéptica de sus vecinos orientales del Grupo de Visegrado: Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia. Kurz visitó el jueves al presidente de la República, Van der Bellen, para informarle del fin de las negociaciones.

Las negociaciones entre ÖVP y FPÖ que se han celebrado durante semanas en el Palacio Epstein de la capital austriaca estaban este viernes ya en sus pasos finales de confirmación de ministros y altos cargos. Hoy podrían darse ya a conocer las carteras y los compromisos de coalición de unas conversaciones que se han desarrollado sin excesivos sobresaltos. El gran ganador de las elecciones del 15 de octubre, el joven Sebastian Kurz, que había revolucionado su partido al imponerles una política y una lista personalista al estilo Macron, tenía claro que no quería un nuevo gobierno con los socialistas del SPÖ con los que su partido había gobernado tres legislaturas seguidas.

Eligió Kurz como socio al derechista FPÖ de Heinz Christian Strache mucho más cercano a él que los socialistas respecto a la política de refugiados y a la política de Angela Merkel en la región que está creando ahora graves fisuras. Austria considera –como sus vecinos orientales– que ni Bruselas ni Merkel puede imponerles cuotas de inmigración. Austria es de los que más han aceptado en el pasado. Las cosas han cambiado mucho ya en Europa. No hay la mínima resistencia o irritación exterior a esta coalición del ÖVP con el partido de Strache. En el año 2000 una coalición así provocó la imposición de sanciones de la UE. Se levantaron cuando la Comisión reconoció que las medidas eran desproporcionadas. Pero también, cuando el FPÖ hace solo un año presentaba a su candidato a la presidencia de la República, la izquierda europea montó una campaña contra ese partido tachándolo de ultraderechista. Kurz coordinó con el primer ministro húngaro Victor Orban y los gobernantes balcánicos el cierre efectivo de la ruta de los Balcanes que estuvo a punto de desestabilizar la región después de la decisión de Merkel del 4 de septiembre de aquel año de aceptar a todos los refugiados que llegaran a sus fronteras.