Protestas frente a la sede de la Comisión Europea por el acuerdo CETA
Protestas frente a la sede de la Comisión Europea por el acuerdo CETA

Las claves de CETA, el acuerdo comercial UE-Canadá que la pequeña Valonia vetó por unos días

Conocido como el «hermano pequeño del TTIP» (el tratado que negocia la UE con EE.UU.), la comisaria europea de Comercio ha pedido diferenciarlos, alegando que el de Canadá es el «mejor» pacto comercial logrado por la UE

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Valonia contra la globalización. Así podía titularse el «desafío» liderado durante varios días por la parte francófona de Bélgica contra el acuerdo de libre comercio Canadá-UE (CETA). «El gobierno federal, la comunidad alemana y la flandesa dijeron sí. Valonia, el gobierno de la ciudad de Bruselas y la comunidad francesa dijeron no», explicó hace unos días el primer ministro belga Claude Michel. Pasadas las tensiones, las autoridades belgas han llegado este jueves a un consenso sobre el tratado, una hora después de que Bruselas anunciara la suspensión de la cumbre para firmar el documento con el país norteamericano.

Negociado durante varios horas, el nuevo compromiso de Bélgica sobre CETA, que debería permitir a la UE de firmar al fin este tratado de librecambio con Canadá, contiene esencialmente precisiones sobre tribunales de arbitraje. Conocido como el «hermano pequeño del TTIP» (el tratado que negocia la UE con EE.UU.), la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, ha pedido diferenciarlos, alegando que el CETA, que se lleva negociando desde hace siete años, es el «mejor» pacto comercial logrado por la UE. «El CETA es el CETA. No es el TTIP», puntualizó. Según la comisaria europea de Comercio, este tratado traerá «oportunidades económicas» con efecto inmediato como puede ser la abolición de más del 98 % de los aranceles entre las dos partes, que cuestan unos 400 millones de euros al año.

¿Qué ha cambiado para desbloquear el acuerdo?

Informa Enrique Serbeto, corresponsal de ABC en Bruselas, que Valonia ha conseguido con las presiones una cláusula para pedir al Tribunal de Justicia de la UE que verifique que el sistema de arbitrajes privados previsto por el CETA para resolver litigios entre inversores y Estados es compatible con los tratados europeos. Además, una «cláusula regional» de salvaguarda que Bélgica podrá activar «en caso de desequilibrio en el mercado» agrícola y la reafirmación de que la legislación europea en materia de Organismo Genéticamente Modificado (OGM) no se ve afectada. Sin embargo los compromisos añadidos solo afectarán a Bélgica. El contenido del tratado no se ha modificado porque eso significaría reabrir las negociaciones con Canadá y a su vez con los demás países miembros.

-¿Cuáles son los próximos pasos?

Si el viernes a medianoche ningún país se ha manifestado en contra de lo que se ha acordado en Bélgica, el acuerdo y sus anexos se darán por aprobados. Se convocará entonces una cumbre UE-Canadá para celebrar la firma solemne del CETA.

-¿Cuándo entrará en vigor el tratado CETA?

Canadienses y europeos han acordado que el tratado entrará en vigor provisionalmente en el momento de su firma, aunque legalmente hay que esperar al proceso de ratificación por parte de todos los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo y, por supuesto, el Parlamento canadiense.

-¿Puede afectar este incidente a los futuros acuerdos?

El único al que puede afectar de forma significativa es el que se negocia con Estados Unidos (TTIP) porque contiene puntos similares, en especial el mecanismo de resolución de conflictos.

Las claves de CETA

El apartado de «preguntas y respuestas» de la Comisión Europea, que resume en pocos puntos el texto de 1600 páginas y 13 capítulos, apunta que CETA es el primer acuerdo comercial entre la UE y una gran economía mundial, así como el acuerdo comercial bilateral de mayor alcance negociado hasta la fecha. El tratado abarca una amplia gama de cuestiones a nivel federal y provincial canadiense que afectan a las exportaciones europeas de bienes y servicios a Canadá.

También, según el texto, hace que sea más fácil invertir y crear un entorno empresarial más previsible. Una vez que entre en vigor, se espera que el acuerdo facilite la exportación y la inversión de la UE para hacer negocios en Canadá. Esto hará que sea más fácil vender bienes y prestar servicios al otro lado del Atlántico, y supuestamente creará más puestos de trabajo seguros en Europa.

El CETA eliminará los impuestos, según Bruselas. Se levantarán la mayoría de ellos tan pronto como el acuerdo entre en vigor. Siete años más tarde, no habrá más derechos de aduana entre la UE y Canadá en cualquiera de los productos industriales. Los importadores de Europa también se beneficiarán ya que el coste de las piezas, componentes y otros insumos bajarán.

El acuerdo comercial UE-Canadá traerá consigo, acorde al texto, nuevas oportunidades para las empresas europeas mediante la creación de acceso al mercado canadiense en sectores clave como:

-Servicios financieros

-Telecomunicaciones

-Energía

-Transporte maritimo

Una eliminación de largo alcance de los derechos de aduana se aplicará también al sector de la agricultura y la alimentación. Casi el 92% de los productos agrícolas y alimentarios de la UE será exportado a Canadá libres de impuestos. Por esto, Bruselas destaca que la supresión de los derechos aduaneros de los productos industriales supondrá un ahorro de 470 millones anuales para estos exportadores europeos y otros 42 millones en bienes agrículas.

Críticas

Hasta aquí la versión oficial, porque los hay muy críticos con el acuerdo, no solo los que se manifestaron ayer ante la sede de la Comisión Europea.

El Consejo de los Canadienses cree, mencionando al acuerdo del Nafta que mantienen con EE.UU. y México, que el CETA provocará una caída del 0,5% del PIB de la UE y el 1% del PIB de Canadá. Más allá de las cifras, las críticas vienen especialmente por el tribunal de inversiones (Investment Court System, ICS), que funcionaría como una corte de arbitraje especial, permitiendo a los inversores extranjeros demandar a los estados sin pasar por los tribunales ordinarios. Los adversarios al acuerdo alegan falta de independencia de este organismo. En un principio, sus miembros iban a ser seleccionados por las multinacionales y el país afectado, según recoge RTVE, pero finalmente serán elegidos por la UE y Canadá.

La Seguridad Alimentaria es otro de los puntos más controvertidos del acuerdo, por la fáctica supresión de las diferencias normativas entre Canadá y la UE que podría poner en peligro las normas europeas de seguridad y de producción alimentaria. Según el presidente del Consejo de los Canadienses, los agricultores europeos tendrán que competir con la industria agrícola canadiense, cuyas normas de seguridad y la protección del bienestar animal son más laxas. «Los agricultores europeos, que han estado luchando contra el desplome de los precios, tendrán que competir también ahora con las importaciones canadienses», aseguran.

Los parlamentarios valones pedían más garantías sobre la posibilidad de que los canadienses vendan en Europa carne de animales hormonados, que están autorizadas en Canadá, pero prohibidas en la UE. Aunque en relación con otros anteriores el CETA (siglas en inglés del pacto) prevé un mecanismo de arbitraje que mejora la defensa de las posiciones de los gobiernos frente a los inversores, se piden garantías en la elección de los funcionarios que ejercerán como jueces.

Para una mayoría de diputados socialistas valones, el acuerdo con Canadá es solamente el caballo de Troya del que se negocia con Estados Unidos, al que también se oponen, de manera que si pueden bloquear el primero, creen que condenarían al fracaso al segundo.

Un veto basado en la venta de armas

Las autoridades valonas se presentan como los campeones de una causa socialmente respetable, pero ocultan la procedencia de este derecho de veto que les han dado la leyes belgas: la fabricación y venta de armas, que es una de las industrias más importantes de la región. Hartos de las disputas políticas sobre la legitimidad de ciertas operaciones de venta de armas a dictaduras notorias, las autoridades belgas decidieron que lo mejor era transferir a las regiones la competencia sobre el comercio exterior, que es la base jurídica de este veto. El Gobierno valón es el propietario de la principal industria de armas de Bélgica.