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Cataluña y Escocia, dos casos incomparables

La primera ministra escocesa, la separatista Nicola Sturgeon, que pide ahora un segundo referéndum, ha asegurado que «cada caso es distinto y cada circunstancia histórica también»

Imagen de La Tercera de ABC «Mejor juntos»
Imagen de La Tercera de ABC «Mejor juntos» - Javier Carbajo

Las situaciones de Escocia y Cataluña ante un posible referéndum independentista son incomparables, según reconocen los propios dirigentes del Partido Nacionalista Escocés (SNP). En resumen, las diferencias son estas:

-Escocia se mantuvo independiente hasta 1707 y su acta unión con Inglaterra fue el fruto del acuerdo de dos Estados. Cataluña jamás ha sido independiente ni un Estado.

-El Reino Unido es fruto de la unión de cuatro naciones. España es un Estado de corte federalista (las comunidades autónomas), cuya Constitución establece que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”.

-La Constitución no escrita británica permite las consultas separatistas, previa autorización del Parlamento de Westminster. La Constitución española de 1978, que recibió en Cataluña un apoyo del 90,4%, no lo permite, como todas las grandes cartas magnas europeas con la excepción de la británica.

-Los separatistas escoceses no desafían la legalidad británica, actúan siempre sin salir de la senda legal. Los independentistas catalanes abogan por romper el marco legal para convocar un referéndum que no es posible según nuestras leyes. Sí dispondrían de un posible cauce legal: lograr una reforma de la Constitución de 1978 para que pasasen a permitir los referendos convocados por las comunidades autónomas. Pero sabedores de que carecen de fuerza parlamentaria para sacar adelante tal proceso legal han optado por incumplir la ley abiertamente, al tiempo que dicen abogar por un diálogo que solo consiste en aceptar todo lo que ellos demandan.

Sturgeon: «Escocia no es lo mismo que Cataluña, cada caso es distinto y cada circunstancia histórica también»

En el referéndum escocés de 2014, nacionalistas catalanes, vacos y gallegos viajaron a Escocia buscando un ejemplo alentador para sus secesiones, pero salieron decepcionados. El unionismo ganó por diez puntos y además los dirigentes del SNP separaron una y otra vez los casos escocés y catalán. Alex Salmond, por entonces primer ministro escocés, señalaba “una diferencia clave”, que resumía así: “No creo que Cataluña sea un ejemplo comparable al nuestro. Nuestro proceso ha sido consensuado y es fruto de un acuerdo entre el Gobierno británico y el escocés”.

En fecha tan reciente como el pasado junio, la actual primera ministra escocesa, la separatista Nicola Sturgeon, que pide ahora un segundo referéndum, fue igual de concluyente: “Quebec no es lo mismo que Escocia y Escocia no es lo mismo que Cataluña. Cada caso es distinto y cada circunstancia histórica también. En Escocia celebramos un referéndum democrático y constitucional”.

El separatismo escocés guarda un respeto institucional del que carece el catalán

Las declaraciones de tono insultante o despectivo del separatismo catalán y sus pulsos ilegales serían impensables en los nacionalistas escoceses. El SNP observa siempre el respeto institucional, patente en el tono de sus 56 diputados en el Parlamento de Westminster o en la participación de Nicola Sturgeon en las ceremonias importantes de la Corona en Londres. Un plante como el del presidente catalán a la pasada conferencia de presidentes autonómicos sería simplemente impensable en el Reino Unido.

Escocia e Inglaterra, una unión entre iguales tras siglos de independencia

El origen el reino de Escocia se rastrea en 843 y conservó la independencia, con puntuales invasiones inglesas, hasta 1707. El 1 de mayo de 1707 entró en vigor la Union Act, por la que los parlamentos de dos Estados independientes, Escocia e Inglaterra, acordaban unirse como un único Estado en el Reino de la Gran Bretaña. El Reino Unido es el fruto de la unión de cuatro naciones: Gales, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte. Su formulación actual data de 1922, tras la independencia irlandesa. Gales se unió a Inglaterra en 1535 y Escocia, a comienzos del XVIII.

Cataluña, aunque ha tenido sus condes y consellers, jamás ha sido un Estado independiente.

La Constitución no escrita británica permite al parlamento autorizar los referéndum de independencia

El Reino Unido no cuenta con una constitución escrita, sino que es fruto de leyes, convenciones y jurisprudencia acumulada, por ello puede ser reformada por nuevas normas parlamentarias. El referéndum escocés debe ser autorizado por el Parlamento de Westminster. De hecho, este miércoles se espera que el SNP saque adelante en el Parlamento de Escocia (Holyrood) la petición de un segundo referéndum separatista. A continuación esa demanda escocesa irá a Parlamento de Westminster. La premier Theresa May ya ha anunciado que no lo permitirá en las fechas que exige Nicola Sturgeon, que lo quiere entre otoño de 2018 y la primavera de 2019, antes de que se complete el Brexit. May acabará teniendo que autorizarlo, pero se reservará la fecha. El referéndum de 2014 fue fruto de un acuerdo consensuado y legal entre David Cameron y el primer ministro escocés de entonces, Alex Salmond.

Esos acuerdos constitucionales británicos explican, por ejemplo, la neutralidad de Isabel II en la campaña del referéndum de 2014, aunque era fervorosa partidaria de la Unión.

No hay lugar en la constitución española para un referéndum convocado por una comunidad autónoma

El título preliminar de la Constitución democrática española de 1978 cierra la vía legal a un referéndum separatista. En su artículo 1 establece que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. En su artículo 2 reza que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. La única vía legal para los separatistas sería sacar adelante una reforma constitucional, ateniéndose a los cauces y exigencias de mayorías que la propia Carta Magna contempla.

A Cataluña le va mejor en España que a Escocia en el Reino Unido

Cataluña goza un PIB un 117,8% superior a la media española, mientras que Escocia está por debajo de la media británica: 99%. Escocia tiene además menos peso en el Reino Unido que Cataluña en España. Supone el 8,4% del PIB británico, mientras que Cataluña es el 16% del español. Poblacionalmente, el Reino Unido cuenta con 65,1 millones de habitantes, de los que 53,1 millones son ingleses y solo 5,4 escocesas. Cataluña tiene una población de 7,5 millones de personas, en un país de 46,7 millones. Escocia tampoco se ha beneficiado históricamente de aranceles monopolistas como los que concedió en su día el Gobierno español al textil catalán, por entonces una industria crucial, de las pocas del país.

Cataluña dispone de elementos de autogobierno que no posee Escocia

El Parlamento escocés fue repuesto en fecha tan tardía como 1999. A día de hoy, Cataluña posee algunas competencias que anhelarían los nacionalistas escoceses, como por ejemplo una televisión propia, formidable herramienta de propaganda. La devolución de poderes a Escocia es lenta. A pesar de lo prometido en la campaña del referéndum de 2014, el Parlamento de Westminister remolonea a la hora de completarla.

El laborismo fue clave en 2014 a la hora de defender la Unión

A diferencia de lo que ocurre en Cataluña con el PSC, que busca una vía intermedia entre el separatismo y la defensa de la unidad de España que propugna el Gobierno, el Partido Laborista se convirtió en 2014 en el principal activo en la defensa de la integridad del Reino Unido. Dos laboristas, Alistair Darling, portavoz de la campaña Better Together, y el ex primer ministro Gordon Brown, fueron los rostros principales del unionismo. Los medios de Londres, de izquierda a derecha, tampoco incurrieron en las terceras vías y componendas con el separatismo que propugna a veces alguna prensa española. Todos los periódicos de Londres hicieron una campaña frontal y contundente contra la ruptura.

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