Internacional

Ian Cameron, el «broker» minusválido que venció a la adversidad y se hizo rico

El padre del primer ministro legó 3,4 millones de euros y fue un pionero de los fondos «offshore»

David Cameron abraza a su padre, el «brooker» Ian Cameron
David Cameron abraza a su padre, el «brooker» Ian Cameron - REUTERS
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en: Internacional

Ian Donald Cameron, el padre del primer ministro británico, falleció por un infarto en septiembre de 2010, a los 77 años, cuando disfrutaba de unas vacaciones en Toulon, en el Sur de Francia. Los problemas de salud habían marcado su vida desde la cuna, al nacer con una seria malformación en las piernas, y en sus últimos días se las habían amputado, aunque nunca perdió las ganas de vivir. Su hijo David lo adoraba, y siempre lo ha definido como «mi gran héroe». Ahora Ian, un distinguido y exitoso agente de bolsa, ha vuelto del relativo olvido al destaparse sus inversiones «offshore» tras el pirateo de once millones de documentos del bufete Mossack Fonseca. David Cameron llegó a poseer 5.000 títulos de Blairmore Holdings Inc., fondo fundado por su padre en 1982 en Panamá y con sede en Bahamas. Vendió las acciones cinco meses antes de mudarse a Downing Street por 37.500 euros, ganando 24.000 limpios. La ocultación durante unos días de aquella inversión ha hecho sudar políticamente al premier en los últimos días y se ha visto forzado a disculpas.

Ian Cameron fue uno de los pioneros en aprovechar las medidas liberalizadoras de Margaret Thacher, quien en 1979, al mes de llegar al poder, suprimió los controles de capital para permitir la salida y entrada de dinero del país con más facilidad. Ian participó en fondos de inversión en Jersey, la isla del Canal; en Ginebra y en Bahamas. Al morir legó a sus hijos el equivalente a 3,4 millones de euros, de los que David percibió 376.000. Aunque ahora se ha sabido que al año siguiente de la muerte de su padre su madre le regaló 250.000 euros más, lo que se ha interpretado como una manera de esquivar al fisco, pues al convertir parte de la herencia en un regalo materno no se alcanzó el importe que obliga a pagar el impuesto de sucesiones.

Ian fue sin duda un hombre de éxito en el parqué de la City. En 2009 la lista de plutócratas británicos que publica «The Sunday Times» le calculaba una fortuna de 12,5 millones de euros.

Además del dinero, dejó a su hijo mayor, Alexander, la casa familiar de Berkeshire, al Oeste del gran Londres, donde se crió el hoy primer ministro, y tasada en tres millones de euros. Sus hijas recibieron otra vivienda en Kensington, de un millón de euros. David ha explicado que el «regalo» por parte de su madre de 250.000 euros fue un modo de compensarlo respecto a sus hermanos en la herencia inmobiliaria.

El primer ministro se ha declarado durante la polémica «profundamente dolido y enfadado» por las críticas a la memoria de su padre. Ha reiterado que no incurrió en actos ilegales y que se siente «orgulloso de todo lo que hizo».

Los Cameron trabajaron durante cuatro generaciones en la bolsa de Londres. El bisabuelo de Ian labró su fortuna en comerciando con grano en Chicago y luego retornó a su Invernesshire de origen, en Escocia. En 1860 se afincó en Londres e inició la carrera bursátil. El abuelo de Ian, Ewen Ivan Cameron, siguió en el parqué y se hizo socio de la firma Panmure Gordon, donde trabajaron también su hijo y su nieto, el padre del primer ministro.

La vida no sonrió a Ian Donald Cameron a pesar de su cuna pudiente. Nació con una deformación congénita en las piernas y en un pie solo tenía tres dedos y cuatro en el otro. Desde niño fue sometido a dolorosas operaciones y hubo de llevar calzado ortopédico, pero nunca se amilanó. Alumno del elitista colegio de Eton, donde se forma la clase dirigente y donde también estudió su hijo David, allí dejó muestras de su carácter positivo y resolutivo. «Puedo hacer cualquier cosa menos esquiar», proclamaba. Y así era. Llegó a jugar al fútbol y se recuerda una enganchada con un compañero que se negaba a pasarle el balón por considerarlo minusválido. Ian tenía en los brazos la fuerza que le faltaba en las piernas y los utilizó contra quien lo hacía de menos.

No quiso ir a la universidad y estudió contabilidad, profesión que le desagradó. Tras trabajar dos años a disgusto en la banca en Robert Flemings, siguió la tradición familiar y entró en la firma de bolsa Panmure Gordon, como su padre y su abuelo. Con esos antecedentes, antes de cumplir los treinta ya lo habían hecho socio. Joven y con dinero en el bolsillo, aquellos fueron sus años alegres y se recuerdan sus fiestas con guapas variadas en su piso de Knightbridge, en el centro opulento de Londres.

En 1962 se casó con Mary Fleur Mount, también de linajuda familia, hija de sir William Mount, un noble herido en el Desembarco de Normandía. Mary ejerció como juez de paz y el año pasado protagonizó la anécdota de criticar algunas medidas de ajuste del Gobierno de su hijo. Ambos tuvieron cuatro vástagos, dos hombres y dos mujeres.

Ian Cameron era considerado como un «broker» agradable y de vieja escuela. Tras la liberalización de la City, Panmure fue adquirida por el Banco Nacional de Carolina del Norte, pero siguió trabajando en la firma hasta los años noventa, cuando se hizo con la empresa la alemana Westdeutsche Landesbank. Entonces continuó labrando su fortuna por otros pagos, como explorador pionero de las ventajas de los fondos «offshore», herramienta para esquivar al fisco británico, atosigante en las etapas laboristas. Fue presidente de Close International Asset, un fondo radicado en Jersey. Director y fundador de Blairmore Holdings Inc. en Panamá, con base en Bahamas, que es la firma que ha puesto en apuros ahora a su hijo David; y también fue socio de Blairmore Asset Management, con sede en Ginebra y que se cerró en 2007.

Blairmore no disimulaba mucho. Uno de sus folletos explica en 2006 sus ventajas como vehículo para evadir pagar impuestos en el Reino Unido. A los inversores se les exige una inversión mínima de cien mil dólares. Probablemente todo fuese legal, tal y como sostiene David Cameron, pero con la mirada ética actual y la menor tolerancia ante los paraísos fiscales todo se vuelve muy embarazoso. Blairmore debe su nombre a la mansión tradicional de la familia en Escocia, una antigua rectoría que ya no es de ellos.

Pese a su desventaja física, a Ian se lo recuerda como «un gran amante de la vida». Jugaba al tenis y cazaba y era un prodigioso jugador de bridge, con cátedra en el Portland Club de Londres. Su mayor pasión eran las carreras de caballos y llegó a poseer cuadra propia, con un sonado triunfo en el trofeo de Milán de una de sus montas. Su determinación fue siempre llevar una vida normal. Cuando en su madurez le amputaron las piernas se empeñó en intentar caminar con unas ortopédicas, en lugar de utilizar la silla de ruedas.

Toda la actualidad en portada

comentarios