Cae Raqqa, la capital de Daesh en Siria ATLAS

El «califato» yihadista es historia tras la caída de Raqa en Siria

Daesh pierde su «capital» a manos de la alianza de kurdos y árabes apoyada por Estados Unidos

Corresponsal en JerusalénActualizado:

Tres meses después de la caída de Mosul, el «califato» perdió Raqa, la primera gran ciudad que cayó en sus manos a principios de 2014 y su bastión más importante en Siria. Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza de milicias árabes y kurdas que combate con apoyo de Estados Unidos, anunciaron la liberación del bastión yihadista tras una jornada de duros combates en el hospital y el estadio de la ciudad, las dos últimas posiciones que ocuparon los pocos seguidores del «califa» que resistieron hasta el final. Si Mosul fue el gran símbolo del «califato» por su valor histórico en el mundo árabe, Raqa fue desde el primer día su capital del terror, donde cometieron sus peores atrocidades, las mismas que grabaron y difundieron a través de las redes sociales para aterrorizar al mundo. Lo que llegaba al exterior por las pantallas, los cerca de 300.000 habitantes que tenía la ciudad antes de su caída en manos de los seguidores del «califa», lo sufrieron en directo.

Las FSD lanzaron la ofensiva para recuperar Raqa en junio y en el día de la victoria tuvieron muy claro dónde había que celebrarlo y quiénes debían encabezar la fiesta. Milicianas kurdas de las Unidades de Protección de Mujeres (YPJ), brazo femenino de las Unidades de Protección Popular (YPG), acudieron a la misma plaza central en la que Daesh llevaba a cabo los asesinatos públicos y donde dejaban tirados los cuerpos de sus víctimas pudriéndose, para ondear sus banderas amarillas, bailar y gritar de alegría. En la capital del horror, en la plaza de Al Naim, desde la que se proclamó el uso obligatorio del niqab para las mujeres y donde la temida policía de la moral vigilaba los movimientos de cada ciudadano, las kurdas, vestidas de uniforme militar y con la melena al aire, enterraron los tres años de «califato».

Rendición y evacuación

A la espera de la declaración oficial de la victoria Talal Salu, portavoz de las FSD, confirmó que «la operación militar ha acabado, pero ahora llevamos a cabo una operación de limpieza para terminar con las células durmientes de Daesh (acrónimo en árabe de Estado Islámico) que hay en la localidad». Otro de los trabajos pendientes es el desminado ya que los yihadistas son expertos en dejar trampas explosivas en los lugares en los que han gobernado. La pelea en Raqa ha sido dura y el uso masivo de bombardeos de aviación por parte de EE.UU. ha dejado la ciudad en ruinas. Es la misma imagen de desolación y destrucción absolutas que dejaron los combates en la ciudad vieja de Mosul.

Vuelta a la clandestinidad

El sábado, después de que los líderes tribales locales lograran cerrar un acuerdo con Daesh, comenzó la cuenta atrás para la victoria final. Unos 275 yihadistas y sus familias se rindieron y aceptaron ser evacuados en autobuses a una zona sin especificar que permanece bajo control del grupo. Los yihadistas extranjeros quedaron excluidos del acuerdo y fueron los que combatieron hasta la muerte.

Huérfano de sus dos grandes centros de poder, «pasamos del “califato” de Daesh a la insurgencia de Daesh», señaló el analista Hassan Hassan, autor del libro «ISIS: Inside the army of terror», en su cuenta de Twitter. Sin apenas territorio ya bajo su control, el grupo vuelve a la clandestinidad y los atentados y la extorsión vuelven a convertirse en sus armas más temibles, como lo eran durante su etapa anterior a 2014.