BrexitEl Brexit tumba la libra y fuerza la dimisión de Cameron

Leave se impone por 3,6 puntos de ventaja y algo más de un millón de votos, solo Londres, Irlanda del Norte y Escocia han votado «In». El primer ministro dejará su puesto en el mes de octubre mientras las bolsas de todo el mundo se derrumban

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

El Brexit, la pesadilla de los mercados, la nube de congoja que agobiaba a Europa, la posible espoleta de una ola de populismo, ya es una realidad. Entre la «Little England» de toda la vida y una «Gran Bretaña fuerte en Europa», los británicos han elegido la opción más nacionalista, en un país donde el gigante burocratizado de la UE nunca ha gustado y se ve muy poco democrático.

El Brexit ha obtenido una victoria concluyente, inapelable: 51,89%-48,11%, es decir: 16,9 millones de votos para Leave y 15,8 millones para Remain. Son 3,6 puntos de ventaja, más de 1,1 millones de votos. La participación ha sido muy alta, del 72,1% (en las generales de hace un año fue del 66,1%).

Solo hay tres islas con victoria de Remain: Escocia (62-38), Londres (60,1-39,9) e Irlanda del Norte (55,8-44,2). El resultado, un alarde de teórico patriotismo nacionalista, amenazará paradójicamente la unidad del que se llama hoy Reino Unido. El SNP que gobierna en Escocia ya ha dicho por boca de la presidenta Nicola Sturgeon que «Escocia ha hablado claro y quiere seguir en la UE», por lo que demandarán ya un segundo referéndum de independencia tras haber perdido el de septiembre de 2014. El Sinn Fein ha hecho una amenaza similar y ya ha enarbolado su bandera de siempre: Irlanda del Norte debe unirse ya a la República de Irlanda, pues no están dispuestos a tolerar una frontera interna con un país de la UE habiendo votado por estar en ella.

La primera consecuencia que deja el referéndum es la otra gran noticia del día: la renuncia de David Cameron como primer ministro, que se hará efectiva en el mes de octubre. El líder de los tories, que habría enterrado su carrera política, había enfatizado durante la campaña que quiere seguir en el poder sea cual sea el resultado. Pero el primer ministro no activará el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar la desconexión de su país de la UE. En su comparecencia, ha señalado que prefiere que eso lo haga ya su sucesor, que deberá gestionar el Brexit y sus consecuencias. Nadie duda que el nuevo líder tory será Boris Johnson, que buscaba la silla de Cameron poniéndose al frente de Leave y se ha salido con la suya. Cameron compareció en un atril ante la puerta del Número 10. Pero esta vez había algo inhabitual en su puesta en escena, a su lado estaba su mujer Samantha. No parecía un discurso normal, y no fue. Era el de su adiós.

Con mucha presión y bastante suerte, Camerón sorteó su primera partida a la ruleta rusa, el referéndum de Escocia, pero ha perdido la segunda. Nada se presta tanto a la infección populista como una pregunta a cara o cruz. La apelación nacionalista de Boris Johnson ha derrotado a su discurso tecnocrático del medio económico. Boris, que nunca aceptó del todo que Cameron fuese primer ministro, pues lo considera mucho menos inteligente que él, parece cercano a su meta.

En el campo económico, la libra acusa la conmoción del resultado, con su menor cotización frente al dólar en 31 años. Está en 1,34, cuando se había apreciado en la jornada de la votación pasando de 1,41. Contra el euro marca 1.22, frente al 1.31 de la jornada de votación y el 1.42 del verano del año pasado. Una familia británica que salga al extranjero a hacer turismo con un presupuesto de 500 libras, ahora necesitará 75 más. Los mercados tampoco se han librado del terremoto. El optimismo que reflejaban ayer las Bolsas europeas se ha dado hoy de bruces con la realidad y la victoria del Brexit ha desencadenado la peor apertura de la historia en las plazas de toda Europa. El Ibex 35 profundizaba su desplome al 12% cercanas las 9:30 horas, lo que llevaba al selectivo a situarse en los 7.797 enteros. El selectivo madrileño, que abría la sesión con una caída superior al 14%, ha protagonizado uno de los mayores batacazos junto al resto del bolsas europeas, que sufrían caídas del 7% en el caso de París, del 9% para Francfort y del 7% para Londres.

El Reino Unido, que se acostó absolutamente confiando en la permanencia, ya está instalado en el tambaleante universo del Brexit. John MacDonnell, mano derecha de Corbyn y ministro de Economía en las sombra del laborismo, ha urgido al Gobierno esta madrugada “que estabilice la economía y defienda los empleos”. La errática campaña del laborismo y de su abúlico líder, el euroscéptico Jeremy Corbyn, ha contribuido a esta sonada derrota. El bando del Remain nunca ha sabido vender en positivo la idea europea. Se han quedado en la amenaza, el miedo a la catástrofe económica, y el público británico –incluidos los galeses- se ha encandilado con una música nacionalista que era sentimentalmente más atractiva.

Nigel Farage, el líder eurófobo de UKIP, sorprendió admitiendo anoche, nada más cerrar los colegios, que «parece que Remain lo tiene ganado». Pero a las cuatro de esta mañana ya se ha dirigió a sus seguidores eufórico. A voz en cuello, ha celebrado «el Día de la Indepedencia» (UKIP, que tiene tintes xenófobos, es el Partido Para la Independencia del Reino Unido). Tambien ha hablado de «un triunfo de la gente corriente contra el establisment», el «triunfo de la gente decente». Es una inmensa sorpresa, porque el sondeo de Sky-YouGov al cierre de los colegios electorales dio una ventaja de dos puntos a Remain. También fue por delante en tres de las cinco encuestas que se publicaron durante la jornada electoral.

La City, que no ha dormido, asiste con pánico a la inminente apertura de los mercados. George Osborne, el ministro de Economía, reconoció en campaña que en caso de Brexit podría llegar a suspenderse la actividad de la bolsa. El Banco de Inglaterra tenía ya planes extras para inyectar liquidez y no dejar seco al mercado y el BCE se había pronunciado en el mismo sentido.

El Leave ha calado en los condados de esa Inglaterra del Norte que parece dormida y también ha vencido contra pronóstico en Gales, aunque no en su capital, Cardiff.

El Reino Unido se despereza como un país partido en dos: Londres, Irlanda del Norte y Escocia son europeístas, como la inmensa mayoría de los jóvenes y de los titulados universitarios con buenos empleos. Pero las inmensas clases medias bajas, las muy altas y el mundo rural han escuchado las proclamas nacionalistas de Michael Gove y Boris Johnson, quien anoche volvió a su hogar en el metro de Londres, y con aspecto abatido, porque el arranque de la noche no pintaba bien para él. Hoy se convertirá en el más que probable futuro primer ministro británico si se confirma esta ola a favor del Leave.

Cameron ha abierto la caja de Pandora y el virus del nacionalismo se ha escapado. El país parece escoger el repliegue insultar frente a un mundo externo incierto. Las amenazas económicas (el Gobierno llegó a hablar de pérdidas de hasta 4.500 euros por hogar en caso de Brexit y subida de la cesta de la compra y las hipotecas) no han funcionado. El ambiente que se respiraba en los debates, con enormes aplausos cada vez que se hablaba de “una inmigración fuera de control”, ha cuajado por ahora en las urnas.

En Bruselas, en una mañana de caras largas y mucha congoja, se reunirán a las diez y media Jean Claude Juncker y los presidentes del Parlamento y el Consejo Europeo. Las picadillas de Juncker contra los ingleses en las últimas horas de la campaña han sido uno de los factores que han contribuido a azuzar la respuesta «patriótica», que es cómo muchos votantes de a pie interpretan el Leave. De momento, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya ha afirmado que la salida del Reino Unido de la UE es «dramática» y no se pueden predecir todas las consecuencias políticas, pero pidió también no caer en reacciones histéricas y aseguró que los demás 27 socios están preparados y permanecerán unidos.

Los rostros de los activistas del Remain reflejan esta mañana una desolación perpleja, que también asoma a las caras teóricamente neutrales de los rostros de la televisión británica. ¿Ha dado el Reino Unido un salto al vacío? El tiempo lo dirá. Por lo de pronto, París ya ha iniciado una campaña para atraer a firmas radicadas en la City de Londres.