Vídeo: Argentina registra un ruido que podría pertenecer al submarino desparecido ATLAS / Búsqueda del submarino argentino perdido en el Atlántico - EFE

Submarino ArgentinaLos familiares creen que los tripulantes del submarino perdido han muerto tras la explosión que sufrió

Se trató de «un evento corto, violento, no nuclear, coincidente con una explosión», según la Armada argentina

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Hay muchas maneras de dar una mala noticia y quizás la facilitada al mundo por el capitán Enrique Balbi sea la más eufemística para reconocer que hubo una explosión a bordo del submarino ARA San Juan. «Se registró un evento corto, violento, no nuclear, coincidente con una explosión», reconoció el portavoz de la Armada argentina.

La explosión o «implosión» en el sumergible, de acuerdo al término detallado por Balbi, se registró el mismo día en que desapareció la nave, el miércoles de la semana pasada, a las 10.31 de la mañana, aunque no se tuvo conocimiento de la misma hasta la noche del miércoles, cuando fue transmitida por la Marina de Estados Unidos.

La Marina, de acuerdo con Enrique Balbi, la decodificó en la mañana de este jueves, la transmitió a los familiares de los 44 tripulantes y a renglón seguido la hizo pública. «No podemos hacer conjeturas», insistía Balbi, submarinista profesional como la tripulación que navegaba en el Atlántico Sur. «Tenemos que ser prudentes», pedía a los periodistas concentrados en la recién inaugurada sala de prensa del edifico Libertador, sede de la Armada en Buenos Aires.

Preguntado por la ausencia de restos de la nave en la superficie, Balbi diferenció: «En una explosión en inmersión es válido», pero si el ARA San Juan implosionó, «nada sale fuera del submarino, no hay restos». Esto es, la hipótesis que sobrevuela es que el estallido se pudo producir por el fallo de las baterías, lo que habría desencadenado una explosión en el interior del casco de la nave. No obstante, la Armada del país sudamericano sigue sin descartar nada y las embarcaciones que forman el descomunal dispositivo de búsqueda trabajan en busca de posibles restos del ARA San Juan.

La localización del submarino, en rigor una nave –o arma– construida para no ser detectada bajo el mar, estaría centrada ahora en una zona muy reducida, sin desmontar el despliegue. «A unos 430 kilómetros del punto más cercano de la costa en el golfo de San Jorge y en un radió de 125 kilómetros». En esa zona, donde el fondo marino tiene «variedad de profundidades que van de 200 metros a 1.000, 2.000 o 3.000 metros, de oeste a este», la ubicación del «buque» o lo que quede del buque dependerá de la profundidad en que se encuentre.

Al operativo de búsqueda del submarino frente a la costa argentina se han ido sumando en los últimos días una docena de países, hasta formar un contingente de 4.000 profesionales de EE.UU., España, Alemania, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Francia, Noruega, Perú, Reino Unido y Uruguay.

Llantos y desesperación

Los familiares de los 44 marinos, primeros en conocer la noticia, reaccionaron de diferente forma. Algunos lo hicieron con serenidad; otros, como es natural, protagonizaron escenas de llantos, gritos y desesperación.

Hubo casos donde el dolor se hizo ira y se transformó en reproche. Uno de ellos es el de Itati Leguizamón, esposa de Germán Suárez, uno de los marinos que se encontraba en el submarino perdido y que estalló frente a las cámaras. «No te dicen si están vivos o muertos», se desesperaba antes de dar por confirmada la muerte de la tripulación (la Armada, oficialmente, no lo hizo). «En 2012 –continuaba– inauguraron un submarino pintado por fuera como nuevo, pero dentro no tenía nada», protestaba.

«¡Quince años de abandono de la Armada!», insistía en alusión a la falta de presupuesto (menos del 1 por ciento del PIB) para mantener y modernizar una Fuerza, demonizada o marginada por los sucesivos gobiernos de la democracia y con especial desinterés durante los doce años de presidencia de Néstor y Cristina Kirchner. «No invirtieron un peso», clamaba la mujer. Pero esté Gobierno, a punto de cumplir dos años de gestión, tampoco se libró de las críticas. «¿La culpa? la comparten todos los gobiernos», dijo sin dudar.

Desolada, Leguizamón, que ya había denunciado que en 2014 se registró un episodio de crisis muy grave con el submarino San Juan, insiste: «Mandaron una mierda a navegar... Son unos desgraciados». Pese a las apariencias, aseguró que en la sala donde les comunicaron las novedades algunos perdieron los estribos. «La gente se les abalanzó, se puso agresiva», aseguró la esposa de Suárez.

«Tenemos bronca, nos mintieron», reconoció antes de asegurar que su marido y el resto de sus compañeros en el submarino «estaban preparados para la muerte». Ella, como casi todos los familiares de la tripulación, está convencida de que los marinos murieron. Algunos de los parientes salían de las instalaciones sollozando. «Me lo mataron, mataron a mi hijo», «mataron a mi hermano», se lamentaban los hombres que hacían guardia en la base naval de Mar del Plata, tras escuchar el parte oficial.

«No nos dejen solos»

Claudio Rodríguez, hermano del jefe de máquina Hernán Rodríguez, lo dijo. «Todavía no encontraron los cuerpos, pero la deducción es lógica... No les dio tiempo a nada», insistió asumiendo sin fisuras que la «implosión» del ARA San Juan acabó con la vida de los 44. «Cuando los encuentren y los saquen, si es que los pueden sacar, yo, como familiar, y esto se lo dije al almirante anoche, si ha sido culpa de ellos, espero que paguen los jefes».

Jéssica Gopar, mujer del cabo principal Fernando Gabriel Santilli, sollozaba. «Hoy vine por primera vez a la base naval a colgar un cartel y me voy viuda... No nos dejen solos», suplicaba.