Sebastian Kurz y Angela Merkel durante la reunión en Berlín sobre la política de refugiados - EFE

El Aquarius agrava las diferencias sobre inmigración entre europeos

El «premier» italiano evita viajar a Francia por las críticas de Macron, mientras Merkel y Kurz muestran su desacuerdo en Berlín sobre refugiados

Roma/BerlínActualizado:

La emergencia migratoria continúa en Italia. De los 629 inmigrantes que fueron rescatados por la nave Aquarius, unos 500 han sido trasladados a un buque de la Marina italiana y a un barco de la Costiera, permaneciendo un centenar en la propia nave de la ONG Sos Mediterranée y Médicos Sin Fronteras. Está previsto que lleguen a Valencia en unos cuatro días.

«El caso del Aquarius concluye con la solidaridad de España, pero el problema de la emergencia migratoria permanece», dijo el primer ministro italiano, Giuseppe Conte. En efecto, la mañana del martes ha desembarcado en Catania (Sicilia) la nave Diciotti de la Guardia Costera, con 937 inmigrantes a bordo y dos cadáveres. Todos ellos fueron rescatados en el Mediterráneo frente a las costas libias el pasado domingo, cuando el vicepresidente y ministro del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, decidía utilizar la mano dura con la nave Aquarius, cerrando los puertos de Italia. Diversos barcos militares y mercantes que se encontraban en el Mediterráneo central el domingo contribuyeron a realizar el rescate de casi un millar de personas que fue ron trasladado a la nave Diciotti.

Así, pues, tras la odisea de la nave Aquarius, el martes queda inaugurada la doble vía que ha impuesto el ministro del Interior Salvini en su estrategia sobre los desembarcos: En los puertos italianos se permitirá atracar a los barcos militares del país o las naves humanitarias con bandera italiana, mientras quedan cerrados para las organizaciones no gubernamentales de otras naciones. Matteo Salvini se pondrá en contacto con sus homólogos de países europeos donde las ONG tienen su sede legal o llevan su bandera para explicarles su iniciativa. A partir de ahora, los gobiernos que autorizan las actividades de naves humanitarias en el Mediterráneo tienen que hacerse cargo de lo que hacen. Es decir, si la nave es alemana, la responsabilidad sobre los inmigrantes será de Berlín.

Los analistas italianos comentan que está por ver si la estrategia del ministro Salvini obtiene los resultados esperados y cambia la actitud de los países europeos. Hasta ahora, siempre que hubo alguna tragedia o casos llamativos como el de la nave Aquarius, hubo muchas promesas, pero todo se quedó en buenas palabras e Italia siguió cargando sola con el drama de la inmigración.

De momento, Salvini cuenta con amplio apoyo interior, como se demostró en las elecciones locales parciales del domingo pasado, en las que su partido, La Liga, fue el triunfador. En los comicios generales del 4 de marzo obtuvo el 17,5%, mientras que hoy las encuestas le dan aproximadamente un 25% en intención de voto. Tras el resultado obtenido con la nave Aquarius, Salvini ha cantado «victoria», pero muchos consideran que ha sido una victoria pírrica. El hecho de que Matteo Salvini haya entrado en el tema de la inmigración como un elefante en una cacharrería, ha despertado también reacciones muy duras en los medios italianos.

En el exterior, solo ha recogido el aplauso de Le Pen y el ultraderechista húngaro Orban, mientras su acción ha creado tensión con Francia. Las palabras del portavoz del partido del presidente Macron, calificando como «cínica y repugnante» la línea del gobierno al decidir cerrar los puertos italianos a la nave Aquarius, ha motivado que el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, esté valorando la posibilidad de anular, de acuerdo con Matteo Salvini, su previsto viaje a París. La réplica de Conte no se hizo esperar: «No aceptamos lecciones hipócritas de París».

«Tarea de Hércules»

En paralelo, fueron la inmigración y los refugiados los asuntos que mayor tiempo ocuparon en la reunión mantenida el lunes en Berlín por Angela Merkel y el canciller austriaco Sebastian Kurz, a punto de asumir la presidencia por turno de la UE. Kurz mantuvo una línea bastante más dura que la canciller alemana y sostuvo que Frontex debe ser reforzado para que las fronteras exteriores europeas cumplan su papel y que debe intensificarse la lucha contra los traficantes de personas. «Hay total coincidencia en que necesitamos proteger mejor nuestras fronteras exteriores», dijo Merkel por su parte, «así como en dar una respuesta unitaria a nuestros desafíos». La canciller alemana recordaba así la necesidad de consensos y que la idea sobre refugiados que finalmente se imponga en la cumbre europea de finales de junio será aquella que logre un mayor consenso, con lo que declaraba abierto el mercado de contrapartidas a cambio de los respaldos necesarios.

Uno de los elementos que envenenó el encuentro con Kurz fue la necesidad de aplazar sin fecha la presentación de la nueva política de refugiados del gobierno alemán, que fue anunciada veinticuatro horas antes de llegar Kuz a Berlín. El motivo del aplazamiento es que Merkel y su nuevo ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Horst Seehofer, no logran ponerse de acuerdo al respecto, por lo que Merkel no podía hablar todavía con el canciller austríaco sobre su propia política. Seehofer quiere rechazar a los refugiados sin permiso de asilo en la frontera, una posición más próxima a Kurz. Baviera está en campaña electoral y si cede en esto estará poniendo en bandeja el triunfo a los antieuropeos de Alternativa para Alemania.

Merkel insiste en que la respuesta no debe ser articulada sino por el conjunto de la UE y mencionó la «tarea de Hércules» del próximo marco presupuestario, unas negociaciones que sin duda resultarán muy duras y en las que cada país tendrá que intercambiar cartas según sus intereses. En este sentido, por ejemplo, Kurz reconoció que «definitivamente, no vamos a apoyar la propuesta de Macron de un ministro de Finazas europeo».