La UE cierra en falso la primera fase del Brexit para dar un respiro a May

Se comenzará a negociar la futura relación económica y política, pese a la inconcreción de las propuestas y a que sigue abierta la cuestión de Irlanda

Corresponsal en BruselasActualizado:

La primera ministra británica, Theresa May, fue aplaudida por los demás líderes europeos cuando abandonaba la sala del Consejo Europeo el jueves por la noche. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo que era para «reconocer» sus «grandes esfuerzos» en las negociaciones sobre el Brexit. El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, explicó por su parte que «a los políticos nadie nos aplaude cuando lo hacemos bien» y que por eso se merecía ese gesto de sus colegas. El húngaro Viktor Orban dijo que la británica es una «persona maravillosa» que «lo está haciendo muy bien defendiendo con firmeza el interés de Reino Unido». Incluso el irlandés, Leo Varadkar, reconoció que él y «algunos» líderes más trasladaron a la británica «comentarios alentadores, de buena suerte y de tipo Feliz Navidad», antes de que May dejara la sala porque no puede estar presente cuando los demás hablan de la estrategia europea en las negociaciones.

Este ha sido el ambiente en la reunión del Consejo Europeo en el que se ha dado luz verde al inicio de la segunda fase del Brexit, es decir, la definición del marco en el que se desarrollarán las relaciones futuras del Reino Unido con la UE. Pero el optimismo aparente señalaba solo la voluntad de mantener su apoyo a May ante la intensidad de los ataques de los que es objeto en su país, sobre todo porque en Bruselas temen que la alternativa podría ser mucho más complicada o, como reconoció el primer ministro de Malta, Joseph Muscat, «obviamente, estamos preocupados por algunos acontecimientos en Londres».

Pese a todo, ese derroche de simpatía no ocultó que las cosas siguen siendo muy complicadas y que siguen abiertas cuestiones clave de la primera fase como el futuro de la frontera entre Irlanda y el Ulster, porque «hasta un escolar sabe que ese enigma no se ha resuelto», dijo el canciller austriaco Christian Kern.

Exigencias

Según Juncker, la primera ministra británica «ha hecho grandes esfuerzos y eso tiene que ser reconocido», aunque al mismo tiempo admitió que aún es necesario «formalizar el acuerdo de salida» que incluye las exigencias de la parte europea y después empezar a negociar «lo antes posible» los detalles de la futura relación. El presidente de la Comisión espera que esas clarificaciones se puedan definir «en cuestión de semanas» y que las negociaciones sobre el futuro empiecen en marzo. El calendario debería completarse en octubre del año que viene, para que diera tiempo a ratificar el acuerdo en todos los parlamentos nacionales y en la Eurocámara antes de que se cumplan dos años de la puesta en marcha del artículo 50, que es la fecha señalada para que el Reino Unido deje de ser miembro de la UE, el 29 de marzo de 2019.

Las perspectivas son tan complejas que el centro de la discusión ha sido precisamente el periodo transitorio que se da por hecho que habrá que pactar, más allá del Brexit, porque incluso en el mejor de los casos, será necesario suavizar los efectos de un divorcio demasiado brusco. Varadkar, que conoce bien la situación, ya dijo este viernes que ese periodo de transición o «prórroga» no se convierta en una situación permanente. Para el primer ministro irlandés debería pactarse un periodo de transición de «en torno a dos años» y que además no sea renovable indefinidamente, para evitar que la situación se instale en un «limbo».

Rajoy recordó que ese periodo también debe ser aceptado por todos los países y que España quiere participar en la definición del estatus de la colonia británica de Gibraltar durante ese tiempo, de la misma manera que tendrá derecho de veto sobre las relaciones futuras de la Roca, cuando se haya consumado el Brexit.

Período de transición

En este periodo de transición, el Reino Unido ya será un Estado no comunitario y por tanto no participaría en la toma de decisiones, aunque sí deberá cumplir con todas las reglas del mercado único y la unión aduanera, además de acatar las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, que es una de las piezas más destacadas para los partidarios del Brexit.

Incluso si los líderes quisieran pactar la permanencia de los británicos en las instituciones europeas durante ese periodo, el final de la legislatura europea y el hecho de que se celebrarán elecciones en la UE en la primavera de 2019 significa que los británicos ya no podrán participar ni tener eurodiputados que representen a sus ciudadanos. Por ello sería jurídicamente imposible que siguieran teniendo un comisario y que los miembros de su Gobierno participasen en las decisiones del Consejo. O que quien quiera que sea entonces primer ministro participase en las negociaciones. Esta situación, en la que los británicos tendrían que asumir todas las obligaciones de ser miembro pero ninguna de las ventajas, «no funcionaría para el país que se va ni para la UE, porque tendríamos otro país asociado a nosotros siguiendo todas nuestras reglas y pagando nuestro presupuesto sin ser un miembro real», recordó Varadkar.

Así que, a pesar de las apariencias, todo está realmente en el aire y a estas alturas no es posible predecir con exactitud qué aspecto tendrán las relaciones futuras entre la UE y el Reino Unido, salvo que muy probablemente seguirá habiendo una hora de diferencia entre Bruselas y Londres. Ese fue el mejor chiste de Juncker en su comparecencia cuando recordó que el pacto para anunciar que May prometía encontrar una solución sobre los puntos clave (la frontera irlandesa, los derechos de los ciudadanos y la factura del finiquito) se produjo excepcionalmente pronto, «a las siete de la mañana, la seis en Londres. Ese fue mi castigo para May»