Angela Merkel visitó este sábado una feria de agricultores en Putbus, Mecklemburgo Pomerania Occidental - Efe

La anunciada victoria de Merkel marca también un fin de era para Alemania

La canciller volverá a ganar, pero se percibe que estas serán las últimas elecciones «tradicionales» en el país

Enviado especial a BerlínActualizado:

Estedomingo se celebran en Alemania unas elecciones federales que se saldarán, eso ya está claro, con la cuarta victoria consecutiva de Angela Merkel que cumple ahora doce años en la cancillería. Serán 61,5 millones de alemanes, menos que hace cuatro años pese a un drástico aumento de la población debida a la inmigración, los que decidan la composición del nuevo Bundestag. A partir de un voto cada vez más fraccionado, la aritmética será la que decida qué tipo de gobierno va a presidir Merkel los próximos cuatro años.

La canciller saca en todas las encuestas al menos 12 o 13 puntos de ventaja a su inmediato perseguidor que es el candidato del SPD, Martin Schulz. El que fuera presidente del Parlamento Europeo, que al ser elegido como rival de Merkel parecía despertar un eco prometedor, se derrumbó muy pronto. Este domingo vuelve a ser como sus dos antecesores en la candidatura del SPD a la cancillería frente a Merkel, víctima propiciatoria de una candidata que ha logrado arrebatar y hacer suyo el mensaje político de todos sus rivales.

Los socialdemócratas y los verdes se las ven y desean para expresar algo distinto a la retórica de unos cristianodemócratas que «merkelizados» han asumido un mensaje transversal y elástico que la canciller viste con un eficaz sentimentalismo de ama de casa que la hace imbatible. Sin embargo, todos son conscientes de que tras estas elecciones tienen que suceder muchas cosas, en Alemania y toda Europa. El síndrome de fin de era se manifiesta por doquier. Para Merkel es el final. Para toda la dirección del SPD lo es incluso antes. Todos son conscientes de que la población todavía tiene un voto tradicional que dar. Pero que puede ser el último. Para la clase política alemana y para la Unión Europea. Se percibe en el discurso de todos el eco de la necesidad de cambios urgentes.

Los sondeos sitúan a Merkel en torno al 35%, a Schulz (SPD) por el 22% y a los restantes cuatro partidos entre el 12% de los derechistas del AfD y el 6% que le dan algunos sondeos a Los Verdes, solo un punto por encima de la desaparición parlamentaria. Para evitar la gran coalición que nadie quiere, Merkel pactaría con liberales en caso de ser suficiente. De no serlo tendría que sumar a los verdes en un tripartido que no será fácil.

Con la irrupción del derechista AfD en el Bundestag una gran coalición dejaría el peso de la oposición frontal en este partido

La alianza de izquierdas bajo Schulz con el SPD, Verdes y Die Linke (La Izquierda) en un Frente Popular parece excluido ya por cuestiones aritméticas. La gran coalición es desaconsejada por algo más. Con la irrupción del derechista AfD en el Bundestag una gran coalición dejaría el peso de la oposición frontal en este partido. Lo que en cuatro años de eco parlamentario podría convertirlo en un partido de masas como se advierte.

Ha sido enorme la dificultad de Schulz para presentar un mensaje propio, como se vio en el único debate televisado habido entre ambos. De hecho las diferencias entre los dos grandes partidos son menores. Pero además Merkel se presenta como la mejor ejecutora del programa ajeno. A Los Verdes les ha pasado con Merkel lo mismo. Por eso están al borde de la desaparición. Cuando Merkel formó en 2005 la gran coalición se asumió como un gran éxito del patriotismo y el sentido común para afrontar las grandes reformas en marcha. Cuando se repitió porque no había más remedio en 2013, tras un paréntesis de una legislatura en la que Merkel gobernó con los liberales del FDP, el entusiasmo ya era mucho menor. La gran coalición deja el Bundestag sin oposición de peso. Los dos grandes partidos comparten gobierno, culpas y errores. Como no hay reproche al otro sin exponerse uno mismo, no hay las denuncias necesarias para que lleguen las enmiendas.

Así, a Alemania le ha ido muy bien en la economía estos pasados años, ha batido récords de empleo y de bonanza financiera. Pero muchos sectores denuncian que el gobierno Merkel está anquilosado, las reformas no llegan y los retrasos son graves para una economía como la alemana. La lentitud en el proceso de digitalización es alarmante. La transformación energética tras el abandono de la energía nuclear, radical e inmediato tras el accidente de Fukushima, tiene inmensos costos y genera efectos muy protestados de costos, inseguridad jurídica y destrucción del paisaje con la la energía eólica.

Supervivencia

Merkel vuelve a ganar. Aunque genere odios como nadie. Hace dos años eran pocos los que creían que Merkel sobreviviría a la crisis que desató ella misma al abrir sus fronteras a todo refugiado. Contravino la legislación comunitaria con una decisión personal de inmensas consecuencias para las vidas de millones de alemanes. Pasada la ola de entusiasmo del idealismo alemán popular con su ejemplarizante generosidad y su gran dosis de superioridad moral, comenzó a extenderse el miedo a los efectos de la llegada de dos millones de inmigrantes musulmanes de muy difícil integración.

Y la indignación por la obcecación de la canciller en negar el error y ocultar los efectos negativos y peligrosos de esta inmigración. Los atentados islamistas habidos y sobre todo el rápido y agudo deterioro de la seguridad pública, un bien de los alemanes desde la guerra, han sido achacados directamente a Merkel por sus enemigos. Lo que es indiscutible es que aquella decisión tuvo y tendrá inmensos efectos sobre Alemania y Europa.