Alexander Gauland, candidato del partido Alternativa para Alemania (AfD)
Alexander Gauland, candidato del partido Alternativa para Alemania (AfD) - EFE

Alexander Gauland: «Alemania primero»

La ultraderecha alemana quiere cerrar el Mediterráneo en septiembre

BERLÍNActualizado:

Alexander Gauland disfruta parafraseando a Donald Trump. «Alemania first», repite sin pudor en un encuentro con periodistas en Berlín y mientras explica las propuestas sobre refugiados de su partido, Alternativa para Alemania (AfD). «Hay que cerrar el Mediterráneo. Los barcos del ejército alemán deberían patrullar esas aguas y ocuparse de que los ilegales que crucen sus aguas sean devueltos en el momento a las costas del norte de África», señala. Su plan es establecer centros de solicitud de asilo en ese continente para evitar que los refugiados lleguen a poner un pie en Europa. Se refiere a Argelia, Marruecos o Túnez, pero no excluye a ninguno de los países del norte de África: «si esas personas han cruzado Libia por su propia voluntad, con el objeto de llegar hasta Europa, no veo por qué no se le puede exigir que regrese a Libia otra vez».

Igualmente radical se muestra con el euro y con la participación alemana en los programas de rescate europeos. «Las primeras leyes que revocaría si tuviera fuerza parlamentaria para ello serían las que han permitido los rescates europeos. El rescate a Grecia es un despropósito evidente. Un sinsentido político y económico, por no hablar de la catástrofe que supone para el estado de derecho», dice, halando siempre como defensor del contribuyente alemán.

A sus 76 años, Gauland es el candidato con el que AfD confía en atraer a los conservadores desencantados con la política de Merkel, tanto en materia de refugiados como de asuntos europeos. Hijo de un teniente coronel de la policía de la Alemania del Este, se define como in patriota y considera «el deber de un patriota librar a Alemania de la inmigración». Durante la campaña electoral ha rebajado sensiblemente su dialéctica contra la moneda común europea, aunque anteriormente se ha referido de forma reiterada a su deseo de disolución del euro. «Está claro que el euro es una moneda demasiado fuerte para países como España, Portugal o Italia, y a la vez demasiado débil para Alemania», dice ahora, reconociendo que aceptaría la permanencia en el euro de Alemania junto a países como Austria o Finlandia, pero no con el resto.

De acuerdo con las últimas encuestas, AfD obtendrá el próximo 24 de septiembre entre un siete y un ocho por ciento de votos en las generales alemanas, lo que supondría su entrada en el parlamento, posible a partir de un 5% de los votos según la ley electoral alemana. Su fuerza política no es demasiada en términos de votos, pero Gauland la considera suficiente: «Va a ser una campaña electoral muy difícil, pero solo con que consigamos poner un pie en el Bundestag, comenzará a producirse un cambio de comportamiento respecto a nosotros que ya nadie podrá impedir».

Su presencia en los parlamentos regionales en los que ya ha ido ganando posiciones, de hecho, ha obligado al resto de los partidos a mover sus posiciones hacia la derecha, ejerciendo un efecto AfD de arrastre en el intento de no perder votos. Porque su electorado no procede solamente de la derecha. Su co-candidata, Alice Weidel, constituye un factor de atracción de diseño pensada para colectivos liberales y homosexuales. Weidel tiene 38 años, es empresaria y economista, ha trabajado para empresas internacionales, es abiertamente lesbiana, vive en pareja y tiene dos hijos. Su figura ha dado lugar a la formación de «Alternativa Homosexual», la agrupación gay patriota de AfD, que reúne a homosexuales de diferentes procedencias y desafectos con los círculos izquierdistas que tradicionalmente han venido defendiendo sus derechos.

Las declaraciones de Weidel en campaña se han centrado por el momento en desmentir que AfD esté siendo financiado por benefactores rusos, como sugieren varios viajes de sus líderes a Moscú, aunque en política exterior sí defiende una reorientación de Alemania hacia la Rusia de Putin, un vecino con el que desean estrechar relaciones. Tanto Gauland como Weidel celebran las declaraciones de Donald Trump que otros partidos critican, pero no puede interpretarse exactamente como un gesto atlantista. Siguen rechazando el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU. (TTIP) por creer que viola los pactos tácitos con Moscú tras la caída del Muro de Berlín, cuyo atropello consideran la causa de conflictos como el de Ucrania.

El programa de AfD para estas elecciones incluye, además, volver a introducir el servicio militar obligatorio y la intervención del Estado en la radio y televisión públicas. En cuestión de impuestos, su programa es de corte socialista. Establecerían subidas para los más ricos y terminarían con las ayudas sociales denominadas Hartz IV, de unos 400 euros al mes, para sustituirlas por «trabajos ciudadanos» a cargo del Estado, de 1.000 euros por 30 horas trabajadas, al tiempo que reducirían los programas de reinserción laboral. AfD pone en duda el cambio climático y reclama prolongar la vida de las centrales nucleares. En materia educativa, reclaman una menor presencia del periodo nazi en los libros escolares de Historia para eliminar «el culto a la culpa». AfD es contrario a la educación sexual en los colegios y a las clases de religión.