Propaganda electoral del partido de Angela Merkel en Berlín
Propaganda electoral del partido de Angela Merkel en Berlín - REUTERS

Alemania es cada vez más española… y viceversa

Nos llevan ventaja en innovación tecnológica y en desempleo, pero estamos a la par en pracariedad

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Aunque a menudo sigamos tirando de estereotipos, ni España es el país de la fiesta y la siesta, como creen muchos alemanes, ni en Alemania son tan cuadriculados y alérgicos a la innovación como pueda parecer a muchos españoles. Las décadas de convivencia en la UE nos han ido aproximando y, salvo flagrantes excepciones en el mercado laboral por parte española y en la integración de los extranjeros por parte alemana, estos dos países amigos están cada día más cerca. Si hablamos, en los últimos años, del creciente gusto por la gastronomía o el buen vestir de los alemanes, o del mejor aprendizaje de idiomas por parte de los españoles, caemos en la obviedad. Y si nos referimos a la capacidad de planificación e improvisación, en el tópico. Donde más fácilmente mensurable es eso de que el roce hace el cariño es en los datos macroeconómicos.

España está todavía lejos de Alemania en términos de productividad laboral, con nuestros problemas crónicos de presentismo y jornadas ineficientes, pero en 2016 el dato registró un aumento que recortó en un 5% la brecha con Alemania, aunque sigue siendo de un 25%. Los costes laborales unitarios reales disminuyeron levemente gracias a la contención salarial y al moderado incremento de la productividad. Como resultado, las exportaciones de bienes españolas alcanzaron máximos históricos y la aportación del sector exterior al crecimiento del PIB fue de 0,4 puntos.

Si hablamos de desempleo, sobre todo de desempleo juvenil, perdemos por goleada, pero mientras la reputación de la marca España sigue creciendo, el made in Germany acaba de sufrir un serio revés a raíz del escándalo de los motores diésel trucados para ocultar un nivel ilegal de emisiones contaminantes. El último informe 'Country RepTrak' elaborado por Reputation Institute, sitúa a España en el puesto 13 de los 55 que componen el ranking, recuperando los niveles de confianza y prestigio internacionales previos a 2009 y superando a países que tradicionalmente estaban por delante, como Italia (puesto 14), Alemania (16), Reino Unido (18) y Francia (19).

La explosión de la burbuja inmobiliaria española cortó bastante cerca de la raíz los excesos de endeudamiento e inversión en ladrillo en España, pero Alemania se encuentra ahora en pleno crecimiento de su propia burbuja y sus autoridades se niegan a reconocer el peligro, como hicieron en su día las nuestras. Los precios de la vivienda en Alemania están sobrevalorados entre un 15% y un 30%, según el último informe del Bundesbank, que se niega a hablar de “burbuja” a pesar de reconocer que en ciudades como Berlín o Múnich la sobrevaloración es muy superior a esa media. La crisis financiera, las pensiones de jubilación más reducidas y el hecho de que el BCE esté prestando dinero gratis, ha llevado a un cambio de mentalidad en los alemanes, que han descubierto que invertir en ladrillo es más atractivo que vivir de alquiler.

En lo que sin duda nos llevan la delantera es en investigación y desarrollo (I+D). Midiendo ese esfuerzo en euros por habitante, nos hacemos una idea de lo que nuestras dos economías podrán aproximarse, o no, a medio y largo plazo. Mientras que la economía alemana ha mejorado con claridad los registros de precrisis, un 39% en 2015 por encima del nivel de 2007, la española todavía se sitúa por debajo de ese umbral, alrededor de un 5%. Si en aquel año nuestra capacidad investigadora representaba el 40 % de la alemana, transcurrida una década esa relación se ha reducido hasta el 26%, En proporción al PIB, España dedica a I+D el 1,2%, muy lejos de Alemania, 2,9%.

Pero el gap entre las economías española y alemana es todavía mayor cuando se pone el foco en el contenido tecnológico de la producción manufacturera. En la década de los noventa se acortó la brecha en el valor añadido por las ramas de media-alta y alta tecnología en el conjunto del output manufacturero en algo más de tres puntos porcentuales, aunque seguía siendo muy intensa (19 puntos), pero con la introducción del euro las divergencias se intensificaron, hasta situarse en umbrales similares a los registros de los años ochenta. Con la crisis y hasta 2013, último año para el que se dispone de información estadística, las disparidades se han hecho todavía más pronunciadas y la distancia con respecto a la economía alemana ha alcanzado el record de 25 puntos.

¿Y en qué se nos parece más Alemania? Pues en la precarización del empleo, por ejemplo. El índice de Gini, habitualmente utilizado para medir la desigualdad de ingresos y puede alcanzar valores comprendidos entre 0, igualdad total, y 100, inequidad extrema, nos devuelve un panorama de Alemania donde la inequidad avanza. Entre 2010 y 2015, Alemania avanzó en 0,8 puntos, situándose en 30,1, mientras España aumentaba 1,1 puntos, alcanzando el valor 34,6. En lo que concierne a la distribución de la riqueza, el informe recientemente presentado por el Credit Suisse (Global Wealth Report) y la base de datos que lo acompaña (Global Wealth Databook) revelan una fractura social aun más profunda que la del ingreso, presente tanto en Alemania como en España. Se calcula que el índice de Gini en 2016, aplicado a la riqueza, era para Alemania y España, respectivamente, de 78,9 y 68.