Theresa May, este jueves a su llegada a la cumbre de Bruselas
Theresa May, este jueves a su llegada a la cumbre de Bruselas - Reuters

La UE abrirá la compleja negociación comercial del Brexit

Después de que May acepte las condiciones de Bruselas, se pasará a la segunda fase

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Cada vez que la primera ministra británica, Theresa May, llega a Bruselas para asistir a un Consejo Europeo lo hace con la certeza de que será una de las últimas oportunidades en las que podrá participar como miembro de pleno derecho y, a la vez, pensando en que la inestabilidad de la política en su país puede que no le permita ni siquiera llegar a la próxima reunión.

Este jueves fue una de las ocasiones en las que además podía apreciar el valor de sentirse arropada por los presidentes y jefes de gobierno de los demás países, que son los únicos de los que se puede decir que le apoyan, mientras que en Londres está amenazada tanto por los radicales partidarios del Brexit «duro» como por los que aún se oponen a la salida del país de la UE.

Lo que May se llevará de esta cumbre es lo que más falta le hacía: la declaración de que ya puede empezar a negociar sobre el futuro de las relaciones -comerciales y estratégicas- con la UE. Si no se llega a pasar a la segunda fase del Brexit, difícilmente May podría seguir haciendo más malabares para mantener la estabilidad política y evitar una nueva crisis interna.

La primera ministra británica llegó diciendo que por primera vez empezarían a hablar no solamente del Brexit, sino también «de la asociación ambiciosa, profunda y especial» que quiere construir con la UE en el futuro. La semana pasada May se comprometió a aceptar la mayor parte de las exigencias europeas sobre tres capítulos esenciales: los derechos de los ciudadanos, la factura del divorcio y la garantía de que no habrá una frontera en Irlanda.

El acuerdo está lleno de imprecisiones, y en especial de contradicciones sobre la cuestión irlandesa, pero ha servido para darle una tregua a May en momentos en los que está amenazada por todos lados. Sin embargo, los líderes europeos le han recordado claramente que la promesa de que no habrá una frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte es un compromiso real que está obligada a cumplir, aunque sea aceptando otra suerte de contradicciones por el diferente régimen que habría entre la provincia británica y el resto del país.

Derechos de los ciudadanos

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, recordó que «el hecho de que hayamos aceptado que se han hecho progresos suficientes no significa que hayamos resuelto todos los problemas, y el Parlamento Europeo estará muy atento a las decisiones que se tomen respecto a los derechos de los ciudadanos».

La Eurocámara ha dado su visto bueno al criterio de que se abran las negociaciones sobre las relaciones futuras, pero recuerda que estas serán muy complejas, ya que no deben perjudicar a las estructuras del mercado único europeo y a las cuatro libertades básicas: la libre circulación de mercancías, capitales, servicios y personas. De cómo se articule esa combinación dependerá la fórmula en la que se basarán las futuras relaciones.

Según el negociador europeo, Michel Barnier, la resistencia británica a respetar la cuarta de estas libertades, es decir, el libre movimiento de personas, significa que el modelo es el del tratado de libre comercio con Canadá, que incluye una mínima restricción arancelaria y una convergencia regulatoria. La cuestión será si eso es suficiente para hablar de las «relaciones intensas, profundas y especiales» de las que habla May. En cualquier caso mucho menos que las que ya tiene ahora.